Por: Manuel Ángel Méndez | 04 de mayo de 2012
Si existe un lugar en el mundo que pueda compararse sin ruborizarse con el Silicon Valley californiano, ese es Israel.
La historia es bastante conocida: Israel era el primer exportador mundial de naranjas hace 30 años pero hoy vende al exterior tecnología, software, ingenieros y patentes. Todo un giro.
Después del valle del silicio norteamericano es el lugar con la mayor densidad de start-ups por metro cuadrado (unas 4.000), adelanta a EE.UU. en inversión en capital emprendedor per cápita (170 dólares por habitante – ver gráfico, fuente: The Economist) y cuenta con decenas de centros de I+D donde Google, Intel, Microsoft, HP o Apple emplean a miles de ingenieros. Es, como lo llaman ellos, el ‘Silicon Wadi’.
Estos días he estado en Israel para conocer un poco de todo esto sobre el terreno y lo novedoso es que la crisis no parece haber tumbado el modelo. Tres años después de que Dan Senor y Saul Singer explicaran el fenómeno en su libro “Start-up nation”, el milagro del Silicon Valley israelí sigue en pie.
Viajé a Tel Aviv con la escuela de negocios Esade y un grupo de estudiantes de su MBA que se quedaron tan sorprendidos como yo al conocer algunos de los datos. Por ejemplo: según la inversora local Viola Group, cada día nacen en Israel dos nuevas start-ups tecnológicas; su gasto en I+D sigue siendo el más elevado del mundo, un 4,9% del PIB en 2009 (en España está en el 1,3%); apenas tienen paro (5% de tasa de desempleo) y el crecimiento económico será del 3% este año (vale, no es para tirar cohetes pero ya nos gustaría).
Las claves de cómo han logrado saltar “de las naranjas a la tecnología» no cogen en un post, iremos publicando, pero las decenas de personas con las que hablé apuntan al mismo cóctel: emprendimiento por necesidad (por escasez de recursos naturales, por mercado local insuficiente…); influencia clave del ejército (servicio militar obligatorio para chicos y chicas, enseña valores de esfuerzo, riesgo, disciplina y conocimientos técnicos e informáticos); universidades de calidad; financiación pública, exenciones fiscales a empresas…
Por supuesto, esto es solo una parte de la historia, la cara A, la más amable. La cara B habla de una buena lista de obstáculos: la financiación a start-ups se ha reducido notablemente en los últimos años, hay escasísimos ejemplos de éxito global de empresas israelíes (la mayoría o son adquiridas o se quedan en medianas firmas) y el continuo conflicto político y bélico de la zona al final pasa factura a la sociedad y la economía.
Con todo, Israel tal vez sea el mejor ejemplo a seguir si en España realmente nos vamos a tomar en serio eso de reconvertirnos. No hace falta mirar al otro lado del charco, lo tenemos más cerca, al otro lado del Mediterráneo.
En “Israel Valley” no hay crisis, nacen dos ‘start-ups’ cada día
07/May/2012
El País, España, Manuel Ángel Méndez