Gadafi no se llevó el caos ni el terror

23/Abr/2012

El Observador

Gadafi no se llevó el caos ni el terror

21-4-2012
LIBIA. La violencia, la tortura y la impunidad continúan seis meses después de la muerte del dictador
Hace seis meses un grupo de rebeldes obtenía su venganza y nacía la esperanza de porvenir de todo un pueblo. Muammar Gadafi era detenido en un desagüe y linchado hasta la muerte a las afueras de Sirte, tras cuatro décadas de una feroz dictadura responsable de miles de muertes, desapariciones y abusos. Su cadáver, destrozado y ya carcomido, yace en un lugar desconocido del desierto, pero la sombra del coronel sigue de pie sobre el futuro de la nueva Libia.
La violencia, la tortura y la impunidad no se han borrado del paisaje. Los ocho meses de levantamiento popular armado contra el régimen de Gadafi provocaron un vacío de poder que las actuales autoridades aún no han logrado llenar. No hay Policía ni Ejército. Casi nadie conoce a los miembros del Consejo Nacional de Transición (CNT). Casi nadie conoce a los ministros del gobierno interino que se formó en noviembre. Muchas de las milicias surgidas durante los meses de lucha mantienen importantes zonas bajo su control y, lejos de asegurar la seguridad, provocan desesperación entre la población.
Amnistía Internacional ha contado, desde setiembre de 2011, más de una decena de muertes de detenidos bajo custodia de las milicias armadas. Sus cadáveres aparecen cubiertos de hematomas, cortes y contusiones, y algunos con las uñas arrancadas.
Los emigrantes y refugiados africanos también han sido blanco de abusos, y se han lanzado ataques de represalia que han obligado a desplazarse a comunidades enteras, lo que constituye un delito de derecho internacional. Miles de miembros de la tribu mashashya fueron expulsados de su pueblo por milicias de Zintan y su gente permanece en campamentos improvisados por todo el país, y no se ha tomado ninguna medida para que puedan regresar a sus hogares.
Algunos civiles detenidos han sido colgados en posturas contorsionadas, han sido golpeados con látigos, cables, mangueras de plástico, cadenas, barras metálicas y palos de madera, y se les ha aplicado descargas eléctricas. Las autoridades, otra vez, no han hecho nada por investigar los abusos y hacer rendir cuentas a los responsables.
Tampoco se han llevado a cabo investigaciones sobre otros abusos graves, incluido el homicidio de unas 65 personas cuyos cadáveres se encontraron el 23 de octubre en un hotel de Sirte.
“El sistema judicial en Libia no está funcionando lo suficiente como para llevar a cabo investigaciones independientes y organizar juicios justos para aquellos sospechosos de haber cometido violaciones de los derechos humanos”, señaló al diario español El Mundo, Ann Harrison, directora adjunta de Amnistía Internacional.
Las autoridades interinas tampoco han mostrado interés por investigar masacres pasadas, como la matanza cometida en la cárcel de Abu Slim en 1996 o las ejecuciones de disidentes que, sistemáticamente, el régimen de Gadafi llevaba a cabo cada mes de abril en el campus de la Universidad de Trípoli, en las décadas de 1970 y 1980.
“El Tribunal Penal Internacional (TPI) es la institución mejor situada para investigar y perseguir a los culpables de abusos con la perspectiva de rendir cuentas al pueblo libio”, manifestó Harrison. Sin embargo, las nuevas autoridades libias se han negado a entregar al TPI a los altos cargos del régimen capturados vivos para que sean juzgados. Es el caso del hijo -y quien iba a ser el sucesor- de Gadafi, Saif al Islam, quien será juzgado en Trípoli el próximo junio, según anunció el presidente del CNT, Mustafa Abdulyalil.
Saif al Islam se encuentra encarcelado desde el pasado noviembre bajo la facción rebelde de la provincia de Zintán, al suroeste de Trípoli, una de las muchas milicias que andan a sus anchas en el país magrebí.
Enterrado el padre, tampoco ha cambiado en los últimos meses la situación de los otros miembros de la familia Gadafi. Safia, su mujer, su hija Aisha y sus hijos Mohamed y Aníbal se hallan refugiados en Argelia, desde agosto. Su hijo Saadi, el ex futbolista, encontró protección bajo el gobierno de Níger, desde ese mismo mes. El CNT no ha logrado que los repatríen y no se espera ningún cambio en el corto plazo.
Seis meses después de la muerte del dictador, pasado, presente y futuro de Libia siguen unidos por la misma cadena de terror. (El Observador)