La otra cara de Irán es el cine

06/Feb/2012

El País, Jorge Abbondanza

La otra cara de Irán es el cine

5-2-2012
LAS COLUMNAS | JORGE ABBONDANZA
El director iraní Asghar Farhadi puede alegrarse de que su película Una separación haya ganado el Golden Globe y sea candidata al Oscar en la categoría de films en otros idiomas. Lo notable es que eso sucede mientras crece la hostilidad del gobierno norteamericano hacia los planes nucleares de Irán, demostrando que las relacioenes artísticas son más saludables que las políticas. Con las distinciones y elogios recibidos, ese realizador de 39 años se suma a la plana mayor del cine de su país, cuyos maestros han ganado un prestigio internacional muy merecido durante las últimas décadas. Manejan un inconfundible lenguaje, revestido de lirismo y de un sereno clima dramático, aunque flanqueado por una mirada crítica sobre la realidad de su país.
Lo que Farhadi cuenta en Una separación es el problema de un matrimonio de clase media, donde la mujer quiere irse de Irán para que su hija de 11 años pueda formarse en una sociedad más propicia, mientras el marido no puede abandonar Teherán porque debe velar por su padre enfermo de Alzheimer. A cierta altura, la mujer abandona esa casa y el hombre debe contratar a una empleada doméstica para que ayude en el cuidado de la niña y del anciano. Esa recién llegada traerá otros problemas al lugar, porque se trata de una mujer de condición modesta que está embarazada y oculta a su marido el trabajo que hace allí. Varias tensiones se cruzan entonces en el marco familiar.
Una reseña extranjera ha dicho, en medio de alabanzas a la película, que su tema «se convierte en una reflexión sobre la verdad y las versiones aceptables de la mentira», sin excluir el misterio que persiste en el centro de esa relación entre personas en crisis. Ese enfoque permite recordar a otro director iraní, Abbas Kiarostami, que en Copia certificada (una estupenda película estrenada en Montevideo hace algunos meses) meditaba sobre un problema similar, el de lo auténtico y lo falso en la vida de la gente. Porque también allí había un núcleo de misterio en el fondo del relato, lo cual forma parte del sello poético que algunos iraníes imponen a su cine.
En declaraciones formuladas ante la prensa norteamericana, Farhadi negó que su nueva película tenga una entrelínea política. Quizá con ello se cuidó de las autoridades de su país, que en 2010 le suspendieron temporariamente el permiso para filmar Una separación, por haber apoyado públicamente a dos colegas, uno en el exilio y el otro en la cárcel. Debe recordarse que el notable realizador Jafar Panahi sigue bajo prisión domiciliaria en su casa de Teherán por el tinte político de alguna de sus películas. Eso explica la reserva con que Asghar Farhadi se expresa durante sus viajes por el extranjero, sabiendo que debe volver a un país donde rige desde hace 33 años un régimen teocrático que vigila severamente las actividades culturales.