Filósofo argentino Darío Sztajnszrajber: «Soy un judío del desierto, viajero y viviente»

02/Feb/2012

CCIU, Martín Kalenberg

Filósofo argentino Darío Sztajnszrajber: «Soy un judío del desierto, viajero y viviente»

Judío cultural y secular pero no normativo. Así se define el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber, de 43 años de edad, y profesor de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Su referente religioso judío es el Tanaj (Biblia hebrea), así como el patriarca hebreo Abraham, el líder Moisés, la conversa Rut (tatarabuela del rey David) y «aquellos que más allá de la observancia y de la normativa, se basan en su judaísmo religioso para transformar esta realidad en una sociedad más justa».
 
A continuación la entrevista que Sztajnszrajber concedió al portal web del CCIU:
 
– ¿Cómo define su profesión? ¿Se considera un filósofo judío?
 
– Son dos conceptos problemáticos para mí. Pero no entiendo lo problemático como algo negativo, sino como la esencia misma de la condición humana. La filosofía está siempre reinventando los sentidos de las cosas y lo judío, en mi lectura, es un ejercicio de resignificación permanente. No existe el judaísmo o la filosofía, existen abordajes, esbozos, aproximaciones. Y existe una lucha por el nombre.
 
Un judío Lubavitch y un judío ateo comunista participan del nombre judío, pero tal vez nada los una. Y tal vez lo judío en estos tiempos se juegue más en el terreno de esas diferencias que de la ansiedad por encontrar lo común. O por lo menos, ganaría mucho más lo judío si se reconciliara con sus mixturas constitutivas, con su carácter fragmentario, diaspórico, con sus diferencias. Con la filosofía pasa lo mismo, hay de todo.
 
Hay quienes entienden que es un acceso a la verdad absoluta y hay quienes entendemos que no es más que un género literario, una manera de crear sentido basada en la pregunta, en el cuestionamiento. ¡¿Muy judío, no?! Por todo esto me considero alguien que hace filosofía a su manera y que en mi producción filosófica lo judío juega un rol preponderante.
 
– En ese caso, ¿qué es la filosofía judía?
 
– A mi entender la filosofía judía es un saber que se recrea todo el tiempo a partir de las diferentes relecturas que se realizan de otros saberes judíos previos. No hay para mí un canon de saber judío: el Talmud permanece abierto. Se escribe todo el tiempo en las nuevas interpretaciones que hay de lo judío a través de la historia. Y la cuestión del límite, esto es, de qué entra o no entra en el saber judío, me parece parte esencial del mismo. O sea, no hay un límite, sino que discutir el límite es propio del saber judío.

Obviamente, para que sea filosofía se tiene que articular de cierto modo, se debe priorizar la conmoción, la perplejidad, la reflexión, algo muy propio no solo de la filosofía como disciplina sino de otras áreas como el arte o la prédica. Filosofía judía hay tanto en Walter Benjamin o en Jacques Derrida como hay en los cuentos jasídicos o en los relatos bíblicos.
 
– ¿Qué es lo mejor que tiene el judaísmo argentino para aportarle al resto de Latinoamérica?
 
– No sé qué decirte. Las realidades judías, a mi entender, son diaspóricas de modo ontológico. Quiero decir con esto que lo judío se mixtura en cada cultura de un modo diferente y que no necesariamente una realidad pueda compararse con otra. Está claro que hay experiencias afines, pero una cosa cierta afinidad y otra que el judaísmo argentino pueda aportar algo a comunidades como las de Uruguay, México o Guatemala, por tomar algunos ejemplos, donde lo judío se articuló de formas muy distintas a como lo hizo en Argentina. De hecho, aquí en Argentina es un lugar común saber que no es lo mismo ser judío en Buenos Aires o en Córdoba, o ser judío en un country que en una villa de emergencia.
 
– ¿Hace cuánto que integra el equipo de Yok? ¿Cuáles son los objetivos de la organización?
 
– Desde que empezó, hace ya creo que siete años. Yok tiene como principal objetivo la creación de cultura judía en sus zonas limítrofes, en sus márgenes, en su integración abierta con la cultura argentina, sacando el judaísmo a las calles, y sobre todo, apuntando a la población de judíos no institucionalizados que en este país supera el 60%.
 
– En una de las entrevistas que realizó para la web de Yok, usted y el rabino Alejandro Avruj coinciden en la idea de que en Argentina hay poco debate comunitario sobre ciertos temas. Sin embargo, usted mismo compiló dos tomos del libro titulado «Posjudaísmo» donde distintas figuras comunitarias debaten sobre temas candentes para los judíos argentinos. ¿Cómo se explica esto?
 
– Justamente no se trata en su mayoría de figuras comunitarias, sino de intelectuales judíos, o bien  hombres y mujeres de la cultura argentina que siendo judíos no participan de las instituciones. El gran tema en este país es la poca participación comunitaria de los intelectuales judíos, producto de cierta exclusión institucional. Hay como una escisión, donde parece que a las instituciones les resulta incómoda la voz crítica de aquellos que piensan lo judío mostrando que todo puede ser de otra manera. En general las instituciones tienden a la conservación de lo que hay, mientras que los intelectuales tienden a la ruptura.
 
– ¿Considera que en algún otro país hispanohablante la producción académica judía es mayor? En ese caso, ¿en qué país?
 
– No tengo idea. Hay una muy buena producción sobre temas judíos en España pero no necesariamente ligada a instituciones judías. Tampoco creo que en Argentina haya producción académica judía tan profunda. Lo que sí hay es mucha investigación sobre temas judíos en las universidades nacionales pero siempre por fuera de los marcos comunitarios.
 
– ¿Qué conoce del judaísmo uruguayo?
 
– Conozco a la gente del judaísmo humanista, del Mensuario Identidad, a la gente de las tnuot Hashomer y Habonim Dror. Conozco al rabino Ariel Kleiner a quien respeto mucho. Se que es una comunidad que a diferencia de Argentina maneja otros números en la relación de los judíos institucionalizados y los no institucionalizados. O sea que es una comunidad con muchos judíos en las instituciones. Esto no es ni positivo ni negativo, sino que marca cuestiones que hacen a la identidad judío uruguaya. Se que en estos últimos años creció mucho la ortodoxia, pero en paralelo hay intentos concretos de promover un judaísmo secular. Es en ese marco que compartimos un Iom Kipur secular junto a Bernardo Sorj (sociólogo) en octubre de 2011. 
 
– ¿Qué es lo primero que se le viene a la mente cuándo escucha el término Uruguay?
– Tengo mucha admiración por Uruguay, por sus costumbres por su gente, por su música, por su fútbol, por sus murgas. Creo que es un país donde se fue gestando una cultura popular que pudo romper ciertas estratificaciones sociales típicas de Latinoamérica. Soy de los argentinos devotos por Rocha y por la yerba uruguaya que tomo a diario en casa.
 
– ¿Cómo define su relación con Dios? ¿Y con el judaísmo?
 
– Hay una frase de (el escritor Fernando) Pessoa que me acercó Hugo Mujica (quien estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología) que dice «Dios existe, pero no es Dios». Si hay algo no creo que sea nada de lo que el hombre produjo como explicación. Creo que las religiones institucionales surgieron de esfuerzos por paliar la angustia de lo abismal de un origen infundado. Hay mucho en sus creaciones de alto valor pero se fueron transformando en burocracias administradoras de poder trastocando el sentido original de lo religioso en un sentido metafísico.
 
 Dios nunca puede coincidir con una verdad cerrada. Dios no cierra al mundo, lo abre. Es siempre pregunta abierta. Dios, para mí, es la apuesta a siempre saber que podemos seguir preguntando. Obviamente no creo en el Dios que viene envasado para el consumo ritual y menos en el Dios moral o normativo. Ahora bien, ¿hay algo más? No lo se, ése es mi Dios.
 
Y con lo judío no me relaciono, sino que lo soy. Soy judío. Es una de mis singularidades que se mixtura con otras como ser de izquierda, por ejemplo. No soy un judío normativo. Tal vez es lo que menos me identifica con el judaísmo «oficial». Soy más bien un judío cultural, secular, pero no por ello anti-religioso, sino más bien no observante. Es más y esto es polémico: creo que la religiosidad judía tiene más que ver con el judaísmo secular cultural que con el normativo religioso, ya que lo religioso tiene que ver con la apertura y no con la norma. Soy un judío del desierto, viajero y viviente.
 
– ¿Sigue vigente hoy día el «Dios de Spinoza»?
 
– Siguen vigentes algunas implicaciones del pensamiento de Spinoza, sobre todo su afrenta contra los modos dogmáticos de entender ciertos conceptos. Yo no creo que Dios sea una noción religiosa, sino que creo que los administradores de la religión institucional se apropiaron de Dios y lo hicieron a su imagen, semejanza y necesidad. Ahora bien, hay en la filosofía del Spinoza racionalista una metafísica con la que claramente no me identifico. Sin embargo su trabajo por recuperar y emancipar a Dios de las escolásticas, es un intento que perdura al día de hoy.
 
– ¿Qué es lo que lo une a un judío religioso?
 
– Depende qué tipo de religioso sea. A un fundamentalista, nada. Me siento más cerca de un cristiano abierto que de un judío cerrado. Creo que hay mucho judaísmo religioso que hoy se está moviendo en una dirección menos dogmática y allí sí siento una cercanía. Mi problema es que no me puedo identificar con la normativa, con el hecho de que para ser judío tenga que realizar unos ciertos mandatos que algunos deciden que tienen que ser así y no de otro modo.
 
-¿Tiene algún referente religioso judío sea de la actualidad o del pasado?
 
– Mi gran referente religioso es el Tanaj (Biblia hebrea). Es un libro que me apasiona y no dejo de releerlo y de conectar con las diferentes lecturas que se hicieron y se siguen haciendo de él. Hay un Abraham que me interesa mucho: el que entrega a Sara al Faraón sin decir que era su esposa o el que negocia con Dios por Sodoma y Gomorra. Ni hablar de Moisés, pero también personajes menos recurrentes como Tamar o la misma Rut. Génesis, Jonás, Job, Eclesiastés son claramente mis predilectos.
 
Ahora si se trata de hombres actuales, mis únicos referentes religiosos son aquellos que más allá de la observancia y de la normativa, se basan en su judaísmo religioso para transformar esta realidad en una sociedad más justa. Seguro que como nadie los ve, nadie los conoce.