Armenios & uruguayos

30/Ene/2012

El Observador, Fernando Loustaunau

Armenios & uruguayos

30-1-2012
RELATO
Medios de prensa internacionales recogen estos días el hecho que Uruguay fue el primero en reconocer el genocidio armenio
FERNANDO LOUSTAUNAU –
Su presencia es una constante en la vida pública nacional. El mundo armenio se rememora a través de sus iglesias, plazas, avenidas y hasta calles con nombres de hijos pródigos. Pero también está la comunidad, amplia y vigorosa, y sus descendientes son hoy uruguayos que participan en la vida pública. El país es el mayor destino de la diáspora Armenia en América Latina de acuerdo a su población.
Para nosotros los uruguayos que vivimos en el siglo XXI reconocer y recordar el genocidio armenio es algo habitual. Pero no tenemos suficiente conciencia de haber sido vanguardistas también en ese aspecto. Sin embargo, hace unos días la BBC tituló un artículo: “El reconocimiento del genocidio armenio empezó en Uruguay”.
Estos hechos toman actualidad como consecuencia de un reciente proyecto de ley aprobado en Francia. Se pretende penalizar la negación del llamado genocidio armenio bajo el imperio otomano, dramático acontecimiento reconocido de forma oficial por solo una veintena de naciones. Veintena de naciones que siguieron a la fundacional decisión del Parlamento uruguayo. Este proyecto viene ocasionando distintas controversias en París; tanto turcos como armenios han participado de distintas manifestaciones y el problema va para largo.
En tiempos en que las grandes naciones de Occidente mostraban un extraño silencio, el Parlamento uruguayo tomaba una decisión trascendente en 1965. El hecho no es casual y se enhebra, claro está, con una larga tradición nacional. El país no vivía sus mejores horas en varios órdenes (gobernaba el Partido Nacional bajo un Poder Ejecutivo colegiado de inspiración helvética). Pero el hecho es remarcable independiente de toda filiación política.
La BBC destaca también lo siguiente: “Desde el 2000, además, la Cámara de Diputados recuerda el genocidio en un acto oficial, y el año pasado el presidente uruguayo, José Mujica, participó en los eventos que se celebran cada año en la plaza Armenia de Montevideo…”.
Como en otras comunidades en las que la inmigración cumplió un factor esencial en la conformación del ser nacional, sería sin dudas positivo dedicar un día plenamente dedicado a las colectividades de inmigrantes que forjaron el país.
Es cierto que se realizan homenajes vinculados con la inmigración (y no solo donde la presencia extranjera cumple un factor fundacional, caso de los rusos de San Javier). Pero puede ser útil una conmemoración anual de carácter orgánico que contemple los heterogéneos orígenes de los uruguayos. Sean de donde sean, claro está.
La inmigración vista como ente autónomo y sus innúmeras y multifactoriales consecuencias no son factores siempre señalados como fundamentales en nuestra sociedad. Acaso su propia obviedad parece innecesaria su exaltación, por más que nunca viene mal conocer nuestro pasado. Miles y miles de compatriotas se enteraron de su nacionalidad “italiana” en los no lejanos días en los que era un valor diferencial portar un pasaporte de la comunidad europea.
Somos un “país trasplantado” en términos del célebre brasileño Darcy Ribeiro y es un factor que nos determina y hasta condiciona. Los armenios son parte de ese país transnacional y, a la vez, profundamente uruguayo. Los armenios son prueba además de la buena recepción que en general se supo brindar a esos extranjeros, padres de los uruguayos de hoy.
Recepción que no siempre tuvo reciprocidad al volver a nuestras supuestas raíces, en particular en la hoy alicaída Europa mediterránea.