17-1-2012
(Jana Beris-Jerusalem)
La tierra en la que nació Jesús , alberga hoy sólo a un relativamente pequeño número de cristianos. En Tierra Santa , término aplicable, según la tradición cristiana, tanto a lo que es hoy el Estado de Israel como a los territorios gobernados por la Autoridad Nacional Palestina, los cristianos constituyen una reducida minoría.
En Israel son el 2% de la población y en los territorios palestinos, aproximadamente el 1%.
Según la Oficina Central de Estadísticas de Israel, las cifras justo al celebrarse la última Navidad en diciembre, indicaban que hay en el país 154.500 cristianos, el 80.4% de ellos ciudadanos árabes y el resto más que nada inmigrantes de la ex Unión Soviética y en menor cantidad de Etiopía, que vinieron con familiares judíos amparados en la Ley del Retorno. Hay también varios miles de sacerdotes y prelados extranjeros que pasan años en Israel pero no tienen en Israel su residencia permanente. Si bien también entre ellos hay quienes llegan a tener ciudadanía, en general son considerados ciudadanos de otros países.
Se estima que en Jerusalem oriental (que para los palestinos es parte de Cisjordania y para Israel es parte integral de su capital), hay aproximadamente 14.000 cristianos.
Del lado palestino, de algo más de 4 millones de habitantes entre Cisjordania y la Franja de Gaza, aproximadamente 40.000 son cristianos, aunque sólo una pequeña cantidad (alrededor de 3.000) viven en Gaza.
Los expertos discrepan en las evaluaciones acerca de si es factible que los cristianos terminen por desaparecer justamente de Tierra Santa.Pero lo seguro es que sus números son motivo de preocupación para las Iglesias, que quisieran ver comunidades florecientes y de gran presencia. En Israel el porcentaje se mantiene bastante estable aunque con ciertas oscilaciones, mientras que en los territorios palestinos ha ido bajado considerablemente.
LA CRISIS CENTRAL
La emigración de la población cristiana es un hecho desde hace muchos años, especialmente de Cisjordania, de donde numerosos palestinos cristianos viajaron a instalarse en el exterior, gran parte en América Latina.
En 1948, al estallar la guerra contra el entonces recién naciente Estado de Israel, entre los refugiados que perdieron sus hogares debido a los enfrentamientos, había también árabes cristianos. Según el Dr. Bernard Sabella, catedrático de Sociología en la Universidad de Belén y diputado en el Consejo Legislativo Palestino, cerca de 60.000 de los refugiados eran cristianos.
Los problemas de seguridad, la inestabilidad que deriva del conflicto entre Israel y los palestinos, épocas de crisis económicas y la falta de persectivas de cara a un futuro mejor, han sido los problemas principales que motivaron la emigración.
“Lo que más nos hace sentir la problemática actual es el muro de separación”, nos dice en Belén un joven palestino, que pide identificarse sólo con su nombre propio, Elias. “Esto causa serias dificultades en Belén y los cristianos somos parte de la ciudad, al igual que los musulmanes”, sostiene.
Lo que para Israel fue un obstáculo que construyó para frenar la infiltración de terroristas suicidas a su territorio, para los palestinos se convirtió en una pesadilla.
“Pero esto nada tiene que ver con los cristianos”, aseguran en la Administración Civil israelí en Cisjordania. “La barrera es para proteger a Israel en general e inevitablemente se ven afectados también quienes no están involucrados en ningún problema de seguridad”.
En Navidad, Israel emitió permisos de entrada a su territorio a todos los cristianos que lo solicitaron, según dijeron a este diario en la Administración Civil.Por más de un mes, los palestinos de fe cristiana podían pasar a territorio israelí, tanto a Jerusalem como el resto del país, sin limitación ninguna a sus movimientos.
Entre quienes aprovecharon esos permisos había varios familiares de la joven Amira Farhud, quien nos contó que “es cierto que pudieron pasar y para ellos fue una gran cosa”. Pero lo que a ella más le emocionó es que contrariamente a lo que indican las reglamentaciones israelíes-que permiten sólo a palestinos mayores de 35 años pasar a través de territorio israelí hacia la Franja de Gaza- ella y otros 14 de sus compañeros en el Coro del Colegio Bíblico de Belén recibieron autorización
“Acabo de volver de Gaza, todavía no puedo creerlo, fue una experiencia increíble”, dice feliz por haber logrado ir.”Pero también muy preocupante”, agrega con tono triste. Amira y su grupo fueron a cantar en una Iglesia de Gaza, pero sintieron que más que nada, llegaron a apoyarles.
“Me encontré allí con jóvenes de mi edad, que me cuentan cuán difícil les resulta vivir allí como cristianos. La presión es constante”, revela Amira. “En la universidad tienen problemas si van con jeans, no pueden ir con cruces en la calle, y ni siquiera una pareja casada puede ir a pasear por la playa porque los códigos de Hamas no lo permiten”.
“Años atrás se colocaba un árbol de Navidad en el centro de Gaza, había una marcha de scouts como en Belén, pero ahora no pueden. Celebran Misa entre ellos, eso sí, pero es una Navidad triste la que tienen all”, cuenta esta joven palestina, agregando que “estaba claro que de Hamas nos seguían los pasos, nos controlaban todo el tiempo”.
Amira se siente afortunada al comparar la situación de los cristianos de Gaza con la suya en Belén..
“Mi vida es buena”, resume. Luego admite: “Eso no significa, sin embargo, que no haya problemas”.
ENTRE LA CALLE Y LA POLÍTICA
Ante los micrófonos y las cámaras, los cristianos suelen destacar la buena vecindad con los musulmanes y el destino común que comparten en l o s t e r r i t o r i o s palestinos. Fuera de las cámaras, hay también testimonios totalmente diferentes , d e c r i s t i a nos que se sienten acosados por fundamentalistas musulmanes y jóvenes p r e s i o n a d a s para vestirse modestamente, para respetar al Islam.
En opinión del ya citado Dr.Bernard Sabella, un problema básico es que tanto en la sociedad palestina como en la israelí, la religión juega un rol demasiado central. “Si se analiza todo desde el punto de vista religios, aquí en Medio Oriente es de nunca acabar”, dice a “La Nación”.
Aclara que “los cristianos están en todas las esferas de la vida pública palestina, hay embajadores, ministros, funcionarios en todos los ministerios…y en Belén, aunque son una minoría, controlan de hecho la economía local”.
También él, sin embargo, es consciente de los incidentes que a veces ocurren, aunque nada tienen que ver con la política oficial: conflictos por propiedades, en los que por sus números menores, los cristianos se sienten en desventaja, sin tener a quién recurrir.
Sacerdotes cristianos con los que hemos hablado , pero que piden no se publiquen sus nombres, confirman que paralelamente a la buena vecindad que suele reinar entre cristianos y musulmanes, también están los conflictos puntuales ,en los que los cristianos sienten siempre que llevan las de perder.
Para Amira Farhud, los ejemplos son concretos y recientes: “En Navidad, siempre se llena la Plaza del Pesebre, y vamos todos a celebrar juntos. Las cristianas vamos por supuesto bien vestidas, porque es Navidad. Y siempre van musulmanes a mirarnos y decirnos cosas feas…Es muy desagradable, pero a mi no me van a amedrentar”.
Ante nuestra pregunta., esta joven palestina admite que “puede que justo esos sean unos maleducados que hacen lo mismo con jóvenes musulmanas, pero yo tengo claro que en muchos casos, lo hacen sólo porque somos cristianas, justamente para molestarnos , más que nada en Navidad”.
EN ISRAEL, “MÁS SEGURO”.
El Padre Diego Sánchez Alcolea (41), Vice Rector del Seminario “Redentoris Mater” en la Galilea, en Israel, se encuentra en el país hace casi once años. “Para mi Israel es de los países más seguros, en comparación con otros”, dice cuando le preguntamos cómo resumiría su vivencia como cristiano en la zona.Nos recordó una conversación que mantuvimos hace unos años con el Custorio de Tierra Santa, el Padre Pierre Battista Piazzaballa, quien dijo que “los cristianos en Israel no corren riesgo físico alguno”.
“Lo que yo veo de la vida de los cristianos en Israel es que es normal”, recalca el Padre Alcolea. “La experiencia que tengo aquí, en Tierra Santa,es que no he tenido nunca problemas especiales que puedan surgir en otros países. Y hago de manera normal la función que desarrollo”.
Es consciente de los problemas alrededor. “La situación es delicada porque evidentemente la religión deja de hacer su función y se toma como emblema para una idea política, o para empezar una guerra, la cosa se desvirtúa”, admite, agregando una esperanza: “Confiemos en que volverán las cosas a su cauce normal”.
De todos modos, su convicción es que “más que la política pienso que el problema fundamental de los cristianos de Tierra Santa es volver a las raíces de nuestra religión, qué es lo que es un cristiano”.
También Amira , la joven de Belén, conoce algo sobre los cristianos del lado israelí, aunque no viva entre ellos. “Me dicen que para ellos su vida es totalmente normal, como la de todos..son parte del país”.
Cristianos, una minoría en la tierra de Jesús
18/Ene/2012
Montevideo.com. Ana Jerozolimski