12-1-2012 POR ANA JEROZOLIMSKI ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR DESDE JERUSALÉN
Con una combinación de muy cauteloso optimismo y gran escepticismo, tuvieron lugar dos encuentros entre representantes oficiales de Israel y la Autoridad Nacional Palestina , tras mucho tiempo sin verse las caras. Fueron porque el rey de Jordania había invitado y porque ninguna de las partes deseaba ser acusada por el cuarteto internacional de frustrar el intento de regreso a las negociaciones. Pero ninguno cree que de allí salga algo concreto: el tono lo da la extrema desconfianza entre las partes.
Quedaron atrás hace mucho los sueños de los primeros años del proceso de paz, los planes de proyectos conjuntos para el «nuevo Medio Oriente». Las declaraciones sobre la búsqueda de la paz no pueden ocultar que israelíes y palestinos se encuentran en un abismo de incredulidad respecto a las perspectivas de hallar una fórmula que haga posible el fin formal del conflicto entre las partes.
«Lo que habrá que hacer es manejar el conflicto», declaró el canciller israelí Avigdor Liberman, dando a entender que ahora no será posible solucionarlo. Está convencido de que los palestinos «fueron arrastrados a las negociaciones», por lo cual «no hay lugar para esperar un desenlace positivo» y de que la Autoridad Palestina ya está buscando la forma de responsabilizar a Israel por el fracaso de negociaciones que los propios palestinos no permitirán que prosperen.
Los recientes anuncios israelíes sobre la construcción de unidades de viviendas en diferentes partes de la zona en disputa, exasperan a los palestinos y al cuarteto. Y hay al respecto una especie de círculo vicioso del cual no está claro si se podrá salir.
Todas las zonas en las que Israel ha anunciado que construirá se hallan en territorios que se estima quedarán del lado israelí en el marco de un futuro acuerdo, sea en lo que es hoy el perímetro de Jerusalén (aunque para los palestinos es territorio ocupado porque está fuera de la línea del 67) o en los llamados «bloques de asentamientos».
Sus críticos le recuerdan que eso se determina en negociaciones y no en forma unilateral y que si realmente estarán de su lado, pues que se fijen ya las fronteras del futuro Estado palestino y todo quedará aclarado.
Pero Israel retruca que no se puede determinar frontera ninguna cuando la Autoridad Palestina programa una campaña diplomática internacional contra Israel y cuando el presidente palestino no está dispuesto a decir que un acuerdo entre las partes pondrá fin al conflicto y las diversas exigencias.
Y seguimos en la de nunca acabar.
El problema más serio es que los vacíos políticos no duran mucho. Y mientras no se logra avanzar hacia un acuerdo, los extremistas levantan cabeza.
En Israel se ve con creciente preocupación el rol que están cumpliendo jóvenes de la derecha nacionalista más radical, que atacan propiedades palestinas, prenden fuego a olivos en Cisjordania y agreden a las propias Fuerzas de Defensa de Israel tratando de imponer su agenda extrema. Por más que son una minoría entre los habitantes de los asentamientos, su influencia puede ser mortal.
En una entrevista que nos concedió recientemente, Danny Dayan, jefe del Consejo Yesha, ente representativo de los asentamientos, condenó a esos radicales en términos inequívocos. Pero siguen allí. Le han declarado la guerra también a su propio ejército porque intenta frenarlos. Estos días cruzaron otra línea roja al difundir en un sitio de internet de la extrema derecha la foto de un capitán del Ejército, en la que habían hecho montaje: con cabeza y «manos» (patas) de perro. Son un verdadero peligro.
Claro que para neutralizarlos totalmente se necesita no solo una mano firme de parte de las fuerzas de seguridad, sino también una realidad diferente en la zona. Y lo que está sucediendo hoy en día alrededor de Israel, no alienta a los moderados.
Durante su visita en Túnez, el primer ministro de Hamas, Ismail Haniyeh, declaró este lunes que su organización jamás aceptará a Israel. «Les prometo que no cederemos ni una pequeña parte de Palestina, continuaremos luchando y no depondremos las armas», aseguró. «Nosotros construiremos el nuevo Medio Oriente» (por los islamistas) y recalcó satisfecho que «todo lo que está pasando va contra Israel».
Lo que para él es motivo de fiesta, para Israel es motivo de preocupación. Y el ver a los miles entrando al sitio de la reunión en la que habló, usando de alfombra una tela con el dibujo de una estrella de David, no ayuda demasiado a empecinarse en creer que las cosas pueden cambiar para bien.
El desafío es sacar a los extremistas de la cancha
12/Ene/2012
El Observador, Ana Jerozolimski