Se despertaron los escritores franceses

29/Dic/2011

El Observador, Valentín Trujillo

Se despertaron los escritores franceses

29-12-2011
RELATO Laurent Binet, último premio Goncourt a novela debut, recrea en HHhH la muerte del nazi Reinhard Heydrich en 1942, en Praga
VALENTÍN TRUJILLO DE LA REDACCIÓN DE EL OBSERVADOR
La siesta fue larga. Desde que el enorme y versátil Georges Simenon dejó de escribir allá por finales de la década de 1970 la literatura francesa (o mejor dicho, la literatura en idioma francés) entró en una modorra, solo sacudida por los libros de Patrice Modiano o por los últimos trabajos de Marguerite Duras. Recién a mediados de la década de 1990 pareció sacudirse un poco con la aparición de la lengua afilada de Michel Houllebecq.
Pero en este último año aparecieron por lo menos tres autores importantes, con personalidades definidas, con obras muy interesantes y con voces originales dentro de un espacio como la novela donde todo parece estar inventado. Esto es una buena noticia para el mundo de la narrativa europea, por décadas empantanado en un ombliguismo como el de la nociva nouvelle roman, que atascó a muchos autores (sobre todo franceses) en problemas como la descripción milimétrica del lápiz antes siquiera de poder comenzar a contar la historia.
Los dos primeros de esta serie de tres son Alexis Jenni, con su novela El arte francés de la guerra, y Marien Defalvard, con De los tiempos que han existido. El tercero, definitivamente, es Laurent Binet. A los dos primeros ya me referí en esta misma contratapa.
Hoy pretendo hablar de Binet, un escritor que todavía no llega a los 40 años y que fue el ganador del último premio Goncourt a novela debut en 2010. Ahora, a través de la editorial Seix Barral, el libro llega a los lectores hispanos. El título parece que fuera un error, como si el autor se hubiese quedado dormido encima del teclado: HHhH. Basta que leamos la contratapa para darnos cuenta de que se trata de una sigla en idioma alemán, y hace referencia a una frase que se utilizaba en la interna del régimen nazi: «Himmler Hirn heisst Heydrich», que significa «el cerebro de Himmler se llama Heydrich». En la frase están encapsulados dos de los mayores jerarcas del Tercer Reich: uno es Heinrich Himmler, líder del aparato del Partido Nazi y mano derecha de Adolf Hitler; el otro es Reinhard Heydrich, jefe de las temibles SS y gobernador «protector» de Bohemia y Moravia (lo que hoy es la República Checa).
La novela cuenta la historia de un triángulo, pero este no es amoroso, sino que está unido por la venganza y la muerte. El argumento se centra primero en la figura de Heydrich, apodado «el carnicero de Praga», por la violencia sanguinaria que descargó sobre la población checa una vez que tomó las riendas del poder en ese país anexado por Alemania. Pero luego, el peso de la historia deriva hacia dos hombres que en Londres reciben una misión de hondo contenido patriótico: librar a los checos de la presencia asesina de Heydrich.
Esos hombres son dos paracaidistas, uno checo (Jan Kubis) y el otro eslovaco (Josef Gabcik), que se embarcan en una misión donde tienen menos del 1% de probabilidad de salir vivos.
La historia, como el naufragio del Titanic, es conocida, ya que se basa en hechos verídicos. Los dos paracaidistas llegan a Praga, planean durante meses el atentado con una bomba al auto de Heydrich, la bomba explota en el Mercedes Benz de Heydrich pero no lo mata, aunque queda herido. Unos días después, producto de una infección mal tratada en la herida, el nazi muere. La reacción de los alemanes es terrible y arrasan la población de dos pueblos.
Finalmente, luego de una traición de un compañero, la SS encuentra a los paracaidistas que se resisten con valentía y mueren acribillados.
El talento de Binet está en la forma en que narra y ordena la historia. Su trabajo de edición y de «desarme» de la historia, sus dudas para reconstruir diálogos ficticios, su sinceridad en la explicación de los hechos más descarnados, en fin, su pasión y su manía por contar bien toda la anécdota hacen de HHhH un gran libro.