De Jánuca a Luis Suárez

22/Dic/2011

David Telias

De Jánuca a Luis Suárez

En los días que corren, más específicamente entre el 20 y el 28 de diciembre, los judíos de todo el mundo celebran la festividad de Jánuca, una gesta heroica ocurrida en el siglo II a. C., en la que los judíos impidieron la profanación de su templo por parte del invasor y dominador griego.

El imperio helénico dominaba políticamente a Israel y su capital, Jerusalem, desde el siglo IV a.C., pero no lograba entender el sistema religioso y en aquel entonces normativo de la vida cotidiana que implicaba el monoteísmo judío, por lo que alrededor del año 175 a.C. el emperador helénico, Antíoco de Siria, comenzó a tomar medidas anti judías llegando incluso a profanar el Templo de Jerusalem e impedir a los judíos el culto. Esto provocó lo que la historia registra como la guerra de los Macabeos, un grupo liderado por Matitiahu que entre los años 165 y 164 a.C. logró la liberación del templo sagrado, en el marco de la cual se produjo el milagro que se refleja en el encendido de las 8 luminarias, a razón de una por día, en conmemoración de una lámpara de aceite que, cuenta la historia, solo debía durar un día, y milagrosamente iluminó a los macabeos que se había amotinado dentro del templo, durante 8 días. Por eso también a esta fiesta se la conoce como la fiesta de las luces o luminarias. Jánuca es la fiesta que simboliza la lucha contra la intolerancia, contra la imposición violenta de las ideas, contra la restricción a la libertad de culto y de pensamiento. La lucha por la preservación de los valores propios de cada cultura y por la convivencia pacífica y respetuosa entre los que piensan distinto y entre los que somos distintos. Casualidades quiere el destino que en estos días también esté en la discusión pública la situación que le está tocando vivir a quien posiblemente es una de las figuras más queridas por la opinión pública nacional. El jugador de la selección nacional y del Liverpool de Inglaterra Luis Suárez, y con él, parece por lo que se lee en los medios, la sociedad uruguaya también, han sido condenados por racistas. No hace falta relatar lo que ocurrió, a diferencia de Jánuca, todo el mundo conoce a Luis Suárez y ahora también al franco senegalés Patrice Evra.

No tengo intenciones de defender ni atacar a Suárez, ni él necesita que yo lo haga por encima de la admiración que le tengo como futbolista. El Liverpool, la AUF, sus abogados y la liga inglesa de fútbol se encargarán de todo eso. Yo quiero, en términos futbolísticos, bajar la pelota al piso, y en estos días en los que Jánuca nos invita a reflexionar sobre la intolerancia, aprovechemos lo que le ocurre a Suárez como el puntapié inicial de una discusión sobre la sociedad uruguaya y nuestro racismo, fuera de las canchas de fútbol, donde todo forma parte de una mezcla de show y pasión que solamente puede compararse con la sin razón. Qué Jánuca y el caso de Suárez nos iluminen para reflexionar sobre nuestra actitud cotidiana hacia el diferente. Sobre los estereotipos que tenemos construidos en nuestra cabeza.
He leído a, y he conversado con referentes de la comunidad negra uruguaya que hablan sobre como los blancos cruzamos la calle cuando un negro, si no está “impecablemente vestido”, viene caminando en dirección contraria a nosotros por la misma acera. O del asiento del ómnibus que queda vacío, cuando en el contiguo hay un negro sentado. Ni que hablar de las entradas a los boliches nocturnos u otros lugares privados de servicio público.

En lo personal, y sé que no soy el único por cierto, estoy ya cansado de escuchar de muchos de los no judíos que me han ido conociendo a lo largo de los casi 40 años que tengo de vida, a la hora de enterarse que soy judío, la famosa frase: “pero no parecés”. O la más típica todavía: “pero lo que pasa es que ustedes…”, como si yo fuese representativo de un colectivo, tan heterogéneo como sólo un grupo con casi 4000 años de historia y 2000 de dispersión por todo los confines del globo puede serlo.
En esta lista puedo sumar otras tantas minorías. Hace poco me recriminaba a mi mismo cuánto tiempo voy a tardar en no ver como excepcional dos mujeres que se abrazan y se besan enamoradas en el asiento del ómnibus como me pasó ese día. Me di cuenta que si son dos hombres ya no me llama la atención, pero en ese momento no pude ver aquello como algo normal, ocurrente o mejor quizás, aceptable, muy por encima de que la homosexualidad no sea mi opción. Espero que el candelabro de Jánuca que los judíos encienden en sus casas, el árbol de navidad de los cristianos, y la genialidad y el empuje que Luis Suárez muestra en cada partido, nos iluminen a todos, y especialmente a nuestros hijos para que ellos puedan dar un paso más que yo, y nos los desencaje ver a dos mujeres besándose apasionadamente en el 149. Espero que lo que está viviendo Luis Suárez, las luces de Jánuca y el árbol de navidad, nos iluminen para construir una sociedad que celebre que cada ser humano es un ser único y diferente. Que como todas las palabras, negro, judío o gay no son sino conceptos que refieren a personas, seres humanos con características propias, por designio biológico u opción, y que como muchas otras palabras, se transforman en un insulto, cuando quien las emite cree que ser negro, judío o gay es una condición denigrante.

Que las luces de estas fiestas nos iluminen un camino para que en el 2012 podamos decir esas y otras tantas palabras, en celebración de la diversidad de la sociedad uruguaya.