Un regalo para el museo Ralli Le brindó al Uruguay una de las mejores colecciones de arte figurativo latinoamericano, pero pocos uruguayos conocen el nombre de este banquero jubilado nacido en Salónica, Grecia, hace 88 años. Se llama Harry Recanati, es el fundador del museo Ralli y un devoto de Punta del Este, el balneario en donde empezó una saga artística que hoy se extiende por el mundo. Ahora hay otros Ralli en Chile, Israel y España, hijos en cierta medida de esa refulgente casa blanca que Recanati levantó cerca de El Jagüel hace veinte años exactos y en donde se exhibe una mínima parte de las 3.000 piezas que atesoran sus depósitos.Es probable que una recorrida por el Ralli desconcierte a un crítico o a un experto en museística pues lo expuesto responde al gusto personal del coleccionista, no siempre respetuoso de los cánones. A Recanati le atraen las obras que de un modo u otro evocan la figura humana, tal vez una arbitrariedad, sí, aunque con carácter, que a fin de cuentas es lo que interesa en el arte. Es que sobre la base de preferencias personales se crearon notables colecciones como, por citar un caso, la del Frick Museum de Nueva York, reunida por el fino paladar de Henry Frick, el magnate estadounidense del acero.Lo llamativo del Ralli es que carece de un objeto comercial. No cobra entrada, no vende catálogos ni explota el merchandising usual en los museos. Todo se regala siguiendo el lema de Nicolás Poussin: «el placer es el propósito del arte». En más de cinco mil metros cuadrados, sus paredes y jardines solares albergan obras de celebridades como Dalí, Chagall o Henry Moore junto a las de jóvenes artistas de los países latinoamericanos, con fuerte presencia, como es natural, de los rioplatenses. En ocasión de grandes conferencias internacionales en Punta del Este, las puertas del museo siempre se abrieron para ponerlo a la orden de las autoridades y darle lustre al Uruguay ante los visitantes.Cuando construyó el Ralli, Recanatti no sólo compró la manzana en donde descansa el museo sino las cuatro manzanas de tierra que lo circundan, a efectos -declaró- de darle la luz y el espacio indispensables para hacerlo más placentero. Como cuadra a un centro artístico sin fines de lucro, la intendencia de Maldonado exoneraba a las cinco manzanas del pago de contribución inmobiliaria. Exoneraba dije, porque desde 2005 la administración del Frente Amplio le cobra impuestos y no leves, por cierto- a las cuatro manzanas adicionales. En estos días en que el Ralli -un lujo sin costos para nuestro país- celebra su 20º aniversario, sería un acto de justicia y un buen regalo exonerarlo por completo.
Murió Harry Recanati
20/Dic/2011
CCIU