Cuando los recuerdos se hacen presente…

26/Ene/2026

Por Prof. Oscar Destouet1

 

Un texto que reflexiona sobre la memoria del horror humano, el negacionismo y la indiferencia frente a las tragedias históricas. A partir del Holocausto y otros crímenes de lesa humanidad, Oscar Destouet interpela al presente y reivindica el recuerdo como un acto de conciencia y aprendizaje.

“Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar casi a cualquier cosmos” 2

Cuando nos acercamos a fechas conmemorativas de memorias del horror humano reaparecen voces condenatorias de los recuerdos. No importa el origen de la conmemoración, se condena al intento de pasar por el corazón hechos que marcan al presente. Cuando más se interprete la cercanía mayor el ruido de los negacionistas y la aceptación pasiva de los olvidadizos, siempre identificados con la indiferencia.

Un mito sostenido en el tiempo es que la violencia es intrínseca de los humanos y que se reitera hechos que luego nos avergüenzan. No siempre los conflictos se han resuelto por la violencia física, y menos aún como un plan sistemático de eliminación del “otro” visto como un enemigo a exterminar y no a convencer como establece el ideal democrático. Menos construir Estados que lideren el no dialogo y menos la exclusión de colectivos. Pero existieron y existen. Cada hecho histórico camina con sus víctimas y victimarios, sus objetivos, planes operacionales y consecuencias deseadas y no pero predecibles. Nunca los acontecimientos históricos pueden ser iguales, pero algo los une. Generan dolores inmediatos y de largo plazo. Interpelan al presente y a cada uno sin importar cuan involucrado esté con el hecho en sí ni con el tiempo transcurrido. La gran cuestión es el tener conciencia de lo sucedido, y para el recuerdo contar con la voluntad de aprender y la esperanza de construir otro rumbo donde lo humano sea cada día más humano.

En 1933 un jurista polaco Raphael Lemkin, en ocasión de una conferencia realizada en Madrid, propuso un término original para denominar la matanza de armenios cometida durante la Primera Guerra Mundial por los llamados Jóvenes Turcos en el nuevo Estado surgido sobre el previo Imperio Otomano. Lo sucedido para Lemkin no podía ser englobado por ningún vocablo usado hasta ese momento. Se estaba frente un crimen no solo físico sino que incluía la historia, religión, cultura y artes del pueblo exterminado. La cuestión radicaba en borrar de la fase de la Tierra su gente y su memoria. No tuvo éxito. Su propuesta quedó al margen de toda consideración y careció de eco en la prensa del momento.

Ese mismo año Adolf Hitler alcanzó el poder en Alemania. El discurso del “otro” excluyente hizo carne en el pueblo alemán, y se extendió por otros países no sólo europeos. También tuvo adherentes en otros lares, incluido nuestro país. La discriminación fue lo dominante en Europa, con un aditivo, se construyó la idea que algunos seres que parecían humanos no eran tales, por lo que su eliminación no generaba culpa ni responsabilidad (los judíos), otros eran indignos de vivir (discapacitados física y/o mental) y otros por ser de una “raza inferior” (pueblos Sinti y Roma y Eslavos). La disidencia sexual (homosexuales y travestis) y la política (comunistas y socialistas) engrosaron la lista de víctimas. Una cifra cercana a 11 millones de seres humanos adultos, niños, jóvenes, hombres y mujeres no sólo fueron asesinados sino sufrieron cruentas torturas, hambre, hacinamiento en guetos, campos de trabajo forzado, campos de exterminio, experimentos pseudo médicos, hornos de gas, fusilamientos. De esa cifra 6 millones los fueron por el hecho de ser judíos (algunos religiosos, otros por tradición cultural o pertenencia familiar).

El 27 de enero de 1945 una avanzada del ejército soviético llegó al campo de concentración y exterminio de Auschwitz (Polonia) abandonado por las tropas nazis que estaban en retirada, pero con la presencia de unos 7.000 sobrevivientes de la matanza.

(…) “Llevamos cuatro días y tres noches encajados el uno en el otro, su codo en mis rodillas, mi codo en su estómago. Para que pueda colocar sus dos pies en el suelo del vagón tengo que sostenerme sobre una sola pierna. Para que yo pueda hacer lo mismo y sentir relajados los músculos de las pantorrillas, también él se mantiene sobre mi pierna. Así ganamos algunos centímetros, y descansamos por turno”…3

(…) “Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada nuestro: nos han quitado las ropas, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si no escuchasen no nos entenderían. Nos quitaron hasta el nombre: y si queremos conservarlo debemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca” .4

(…) “Las mujeres aquejadas de tifus se vuelven locas de sed. Ése es uno de los principales síntomas de esta enfermedad. Algunas llegan hasta el punto de beber de las zanjas de aguas residuales, de los charcos que deja la lluvia o del agua que se queda estancada en el foso que rodea el campo. Entonces al tifus se le une la disentería. La combinación de esas dos enfermedades suele ser casi siempre mortal” .5

(…) “Observo este lúgubre barracón de fantasmas, de humillación, de odio; esos enfermos inmóviles, sumidos en la impotencia, esos cadáveres vivientes y ya putrefactos. ¡No! ¡Jamás!¡Mientras mi cerebro sea capaz de funcionar normalmente, no me permitiré terminar así! El ser humano tiene el deber de morir como ser humano, evitar un final peor que todas las muertes, una muerte que no lo es” .6

Auschwitz da escalofríos y construye miedos

La ESMA da escalofríos y construye miedos

Robben Island da escalofríos y construye miedos

La Desaparición Forzada da escalofríos y construye miedos

La guerra da escalofríos y construye miedos

El Festival de Nova da escalofríos y construye miedos

Gaza da escalofríos y construye miedos

Son parte de una lista universal del horror, y de lo que no queremos Nunca Más. No son santuarios ni recintos para llorar, aunque lloremos. Son espacios para honrar a las víctimas (asesinadas y sobrevivientes). Son sitios para reflexionar. Son referencias para preguntar, y preguntarnos. ¿Cómo fue/es humanamente posible?

No tengo la respuesta, cada uno deberá formular la suya. Pero sí sé que es nuestra obligación luchar por un mundo sin discriminación, sin pobreza, sin guerras, sin pensar en los “otros” como enemigos. Es hora de vernos y sentirnos como hermanos/ hermanas de la vida y para la vida, con mucha pasión y mucho arte.

Comencemos juntos a caminar, ya es tiempo de la Paz.

Montevideo, enero 2026

1 Oscar Destouet, docente egresado de Historia, activista por y para los Derechos Humanos.
2 Friedrich Nietzsche, citado por Viktor Frankl en El hombre en búsqueda de sentido, Herder Editorial, Barcelona, pág. 70
3 Jorge Semprún, El largo viaje, Tusquets, Barcelona 2004, pág. 12
4 Primo Levi, Si esto es un hombre, Muchnick, Barcelona 1998, pág. 28
5 Seweruna Szmagleweska, Una mujer en Birkenau, Alba, Barcelona 2006, pág. 51-52
6 Hanna Levy-Haas, Diario de Bergen –  Belsen 1944 – 1945, Galaxia Gutenberg, Barcelona 2006, pág. 128