Por qué Israel ataca primero: Una nación que se niega a esperar un segundo holocausto

23/Jun/2025

La República, Costa Rica- por Yossi Abadi

Cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu dice “No permitiremos un segundo Holocausto”, no es retórica. Es el principio que sostiene toda la política de defensa israelí. Cuando los jets israelíes cruzan el cielo iraní, no es el inicio del conflicto. Es la señal de que el mundo ya ignoró todas las advertencias.

Durante años, Israel ha advertido que este momento llegaría – no como provocación, sino como un grito moral. Mientras diplomáticos negociaban y escépticos minimizaban las amenazas iraníes como simples discursos, los líderes de Irán hablaban con claridad aterradora. “El régimen sionista debe ser borrado del mapa”, dijo el ayatolá Jamenei. “Israel será eliminado”, prometió Ahmadineyad ante la ONU. No son metáforas. Son manifiestos. Y cuando alguien dice que quiere destruirte, Israel escucha.

Y para Israel, una nación nacida de las cenizas del Holocausto, las amenazas genocidas no son exageraciones: son alarmas. Y esas alarmas no se ignoran.

Cuando el primer ministro Benjamín Netanyahu dice “No permitiremos un segundo Holocausto”, no es retórica. Es el principio que sostiene toda la política de defensa israelí. Israel es el único país del mundo cuyo plan de supervivencia se basa en amenazas públicas de destrucción total por parte de otro Estado. Eso cambia todas las reglas del juego.

Sí, Israel actúa primero. No para conquistar, sino para evitar lo irreparable. No para provocar, sino para sobrevivir.

Los críticos temen que un ataque preventivo pueda desatar represalias. Pero ¿cuál es la alternativa? ¿Esperar a que Irán termine de armar una ojiva nuclear? ¿Esperar a que Tel Aviv desaparezca antes de actuar?

El programa nuclear iraní no está aislado. Está respaldado por una red de terror regional: Hezbollah en Líbano, milicias en Siria e Irak, drones en Yemen. Irán ya ha puesto a los civiles israelíes en su mira. Cada misil disparado contra ciudades israelíes, cada atentado suicida patrocinado por Teherán, lleva el mismo mensaje: las víctimas civiles no son daño colateral – son el objetivo.

Lo sé de primera mano: un misil impactó el pasado sábado la casa de mi hermana y destrozó por completo un piso; solo un milagro evitó víctimas físicas. Ese ataque no apuntaba a una base militar, sino a una familia dormida. El miedo en los ojos de sus hijos basta para entenderlo: para Teherán, los civiles no son víctimas colaterales. Somos el blanco. El objetivo explícito. El mensaje.

Israel, en cambio, actúa con precisión quirúrgica. Sus ataques se dirigen a infraestructuras militares, no a civiles. Y en esa diferencia -entre quienes eligen matar por odio y quienes se esfuerzan por no matar ni siquiera al defenderse- se traza la verdadera línea entre barbarie y civilización. No se trata solo de cómo se libra una guerra, sino de quién merece ganarla.

Esa diferencia moral importa. Irán busca matar civiles. Israel evita hacerlo. Israel no desea la guerra. Desea vivir. Pero vivir requiere actuar antes de que sea demasiado tarde.

La ofensiva sobre instalaciones nucleares iraníes no es una apuesta temeraria, sino la última ventana antes de que el “régimen más peligroso del mundo” adquiera las armas más peligrosas del mundo. Para los estrategas, la discusión se mide en cascadas de centrifugadoras y profundidades de búnkeres; para las familias que duermen con un ojo en la cúpula de hierro, se mide en pisos arrancados y juguetes cubiertos de escombros.

A quienes hoy condenan a Israel, ¿dónde estaban cuando Irán enriquecía uranio en secreto? ¿Dónde estaban cuando los generales iraníes prometían reducir a cenizas a Tel Aviv y Haifa? ¿Dónde estaban cuando los niños israelíes corrían a refugios antiaéreos mientras el mundo miraba hacia otro lado?

Israel no busca aplausos. Busca sobrevivir. Y sobrevivir, a veces, requiere actuar antes de que el enemigo apriete el gatillo. Esto no es agresión. Es defensa propia.

La misión de Israel no es destruir Irán. Es impedir que Irán destruya Israel. No es venganza. Es biología: el instinto de una nación pequeña rodeada de amenazas existenciales.

Y debemos preguntarnos todos: Si un régimen prometiera borrar a tu pueblo del mapa, y avanzara -día tras día- para cumplirlo…

¿Te quedarías esperando? Israel no lo hará. Porque “Nunca más” no es un poema. Es un plan.

El autor es empresario e inversionista israelí