CIENCIA
El viento ayudó a Moisés
Una investigación estadounidense llegó a la conclusión de que la división de las aguas del Mar Rojo podría ser explicada y sustentada desde las leyes de la física.
26-09-10
Desde Charles Darwin en adelante, la ciencia no se ha llevado bien con las religiones. Es que toda afirmación que no pueda ser puesta a prueba por la investigación, o que no supere las estrictas etapas de comprobación, carecen de toda validez desde la mirada científica. Mientras, del otro lado del mostrador, se arguye que la fe no necesita validaciones ni certificados. Que se cree o no. Punto.
Pero existe una línea de investigación científica abocada a comprobar (o desmentir) las posibilidades reales de que algunos relatos incluidos en los libros sagrados hayan efectivamente sucedido.
Algunas guías básicas religiosas, esas que se le ofrecen a los recién llegados que se pretenden cautivar, llegan incluso a enumerar las investigaciones científicas que demuestran la veracidad de algunos textos sagrados. Por contradictorio que parezca, el «científicamente comprobado» puede ser aplicable a la literatura religiosa.
La siguiente investigación va en línea con esta perspectiva.
Moisés. Investigadores estadounidenses piensan que se acercaron al punto donde, según relata la Biblia, Moisés dividió las aguas del Mar Rojo hace 3.000 años. También creen saber cómo lo hizo: con un poco de ayuda del viento.
«Esta historia del libro del Éxodo siempre ha fascinado a los creyentes y lectores, que se preguntan si proviene de hechos reales», dijo Carl Drews del Centro Nacional para Investigación Atmosférica de Estados Unidos, principal autor del estudio.
«Lo que demuestra esta investigación es que la descripción de la división de las aguas está basada en leyes de la física», dijo.
La Biblia relata que los israelíes caminaron «hacia el centro del mar sobre suelo seco» con una pared de agua a cada lado, al tiempo que un fuerte viento desde el Este sopló durante la noche luego de que Moisés estirara su brazo sobre el mar.
Los investigadores no podían simplemente referirse a la Biblia para establecer dónde fue el punto del cruce ya que pese a que «el autor del Éxodo hace un gran esfuerzo para identificar el sitio, desafortunadamente los tres nombres de locación que se utilizan ya no son reconocibles», dijo Carl Drews a la agencia de noticias AFP.
El investigador y su colega y coautor Weiqing Han, un oceanógrafo de la Universidad de Colorado, enfocaron su investigación en puntos donde hubiera una lengua de tierra que ingresa en el agua, descartando sitios referidos anteriormente como el golfo de Suez o cerca de Aqaba, en la moderna Jordania. Los expertos pensaron que en un punto como ese podría ocurrir una división si el viento presiona contra la tierra, ya que el agua se dividiría en torno al accidente geográfico.
«Un grupo de refugiados podría entonces cruzar, y una vez que se detiene el viento el agua se unirá velozmente, atrapando a cualquier perseguidor», dijo Drews.
Los integrantes del equipo concentraron su búsqueda en un sitio en el Este del Delta del Nilo, un punto arqueológico llamado Tell Kedua, sobre la costa mediterránea al Norte del canal de Suez.
Se cree que en este punto un viejo ramal del Nilo y una laguna costera se unieron en forma de U.
Las leyes de la física entonces respaldarían la historia del libro del Éxodo. Ahora faltaría confirmar el sitio exacto donde las aguas del Mar Rojo se dividieron. (En base a AFP).
Por obra de Dios
Los relatos bíblicos indican que el faraón egipcio perseguía a los hebreos y que Dios, por mediación de Moisés, separó las aguas del Mar Rojo para que pudieran escapar. Las mismas aguas se cerraron posteriormente, ahogando al ejército que los perseguía.
Moisés es considerado profeta en tres religiones: el cristianismo, el judaísmo y el Islam.
El viento ayudó a Moisés
27/Sep/2010
El País, Domingo