Tres son los días más sombríos para el pueblo judío según marca el calendario
hebreo: el día del recuerdo del Holocausto, el día en recuerdo de los caídos en
las guerras de Israel y en atentados terroristas, y el ayuno del día nueve del
mes hebreo de Av, denominado Tisha BeAv (este año coincide con el martes
9 de agosto), conmemoración nacional-religiosa de la destrucción de los Templos
de Jerusalem (586 antes de la
Era Común y 70 de Nuestra Era) y del exilio del pueblo judío
de su patria ancestral, Israel.Asimismo, podemos
agregar otras fechas trágicas que ensombrecen el año judío: el secuestro por
parte del grupo terrorista Hamas del soldado Gilad Shalit quien ya lleva cinco
años en cautiverio, y la voladura de la Asociación Mutual
Israelita Argentina (AMIA) cuyos autores, el gobierno iraní y el movimiento terrorista
Hezbolá, asesinaron a 85 personas e hirieron a más de 300, un 10 de Av,
coincidiendo con la fecha hebrea en que terminaron de destruirse de los Templos.
Según la
tradición, en Tisha BeAv ocurrieron varias desgracias. Algunas de ellas
son: 10 de los 12 informantes que Moisés envió a la tierra de Canaan
(libro bíblico de Éxodo) comunicaron sus “malas noticias” referentes a la
tierra y sus habitantes, por lo cual el pueblo judío lloró toda la noche
correspondiente al 9 de Av; fueron profanados y destruidos el primer y segundo
templo de Jerusalem; fue derrotada la rebelión de Bar Kojbá (135 de Nuestra
Era).
Y es por ello
que, según las autoridades religiosas enunciaron hace milenios, todo el que se
entristece por la destrucción del Templo de Jerusalem tendrá el mérito de ver
su reconstrucción, en el entendido que rememorar los aciagos sucesos de esta
fecha fortalecerán al pueblo judío quien, a través deesa memoria histórica, podrá reconstruirse y,
al decir del cantante Alejandro Lerner, volver a empezar.
Es inevitable
relacionar la destrucción del Templo con la Shoá (Holocausto del pueblo judío). Los nazis
quemaron las sinagogas alemanas, con los rollos de la Torá (Biblia) en el
interior, en la célebre Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht)
ocurrida entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, así como el invasor babilionio
lo hizo con el primer Templo y el romano con el segundo. Al comenzar el ayuno
del noveno día de Av se lee en las sinagogas el libro de las
Lamentaciones (Eijá en hebreo) que se pregunta cómo pudo destruirse
Jerusalem. Cambiando las consonantes de la palbra Eijá se forma el
término Aieca (¿dónde estás?) que remite a la pregunta bíblica que Dios
le hace a Caín en el libro de Génesis: ¿Dónde está tu hermano? (en referencia a Abel, a quien
Caín ya había asesinado, en el primer fratricidio de la historia, y por el cual
se escondía). El Aieca de Tisha Beav nos inquiere acerca de
dónde estaba el hombre cuando se destruyó Jerusalem, dónde estaba cuando
ocurrió la Shoá.
Los siete sábados
(Shabatot, en hebreo) posteriores a
la conmemoración del 9 de Av se denominan los «siete sábados de consolación», en
los cuales, a través de lecturas proféticas, se transmite un mensaje de apoyo,
esperanza y redención para el pueblo judío que llega a su mayor expresión con el comienzo de un nuevo año judío.