Ramadán, entre el lujo y la extrema pobreza

06/Sep/2010

El Observador

Ramadán, entre el lujo y la extrema pobreza

UN ABISMO SEPARA A LAS FRANJAS SOCIALES EN EGIPTO
Ramadán, entre el lujo y la extrema pobreza
Hay varias opciones para romper el tradicional ayuno musulmán
Exclusivos banquetes, al alcance de bolsillos amplios y sin apuros, o “mesas de la misericordia” gratuitas son dos de las opciones para romper el ayuno diario que confirman, también en Ramadán, el abismo que separa a ricos y pobres en Egipto.
Una hora antes del “iftar”, la comida que acaba con la abstinencia diaria del Ramadán, el veterano empresario Hag Salem controla el ritmo ceremonioso con el que cinco jóvenes preparan una “mesa de la misericordia”, convite que Salem sufraga con sus ahorros desde hace 30 años. Estas mesas, que se cuentan por cientos en El Cairo, son banquetes gratuitos para los más desfavorecidos, costeados por organizaciones y particulares, que se celebran cada tarde del noveno mes del calendario musulmán.
“Es un servicio para los pobres que me acerca a Alá”, explica Salem, propietario de un negocio de especias y bebidas en el popular zoco cairota de Jan al Jalili.
Vestido con una túnica y provisto de un bastón, Salem se encarga de llenar los platos de aluminio con la comida preparada por una de sus hijas: pollo con arroz, acompañado por una ensalada, pan, agua y un plátano, como postre.
Son los instantes previos a la llamada a la oración que marca el inicio del “iftar”, cuando decenas de jóvenes con pañuelo, ancianas de rostros arrugados, padres de familia y niños, se congregan en torno a unas mesas de poca altura sobre las que, una vez colocado un papel de periódico, se va disponiendo el banquete.
Una vez que el sonido inunda las calles vacías de El Cairo, los esforzados estómagos se reconfortan con un festín que, cinco minutos después de iniciarse, empieza a registrar las primeras bajas y que concluye definitivamente a los 10 minutos. Las “mesas de la misericordia” alimentan durante el Ramadán a parte del 40% de los alrededor de 80 millones de habitantes que tiene Egipto y que sobrevive con menos de US$ 2 al día.
Por extraño que parezca, la situación se ha visto agudizada este año por el aumento de la inflación de los alimentos básicos que ha disparado los precios de la carne, tal como se queja el lugareño Mohamed. En la isla de Zamalek, lujosos restaurantes ofrecen menús de “iftar” para “la elite egipcia y los extranjeros”, señala a Efe Oana Vanciu, responsable de Relaciones Públicas del Sequoia, un establecimiento con estética chill out a orillas del Nilo. La propuesta culinaria de este restaurante incluye un copioso y contundente buffet a base de manjares egipcios como la “kefta” o el “molujiya” y platos turcos, mediterráneos o marroquíes con el acompañamiento de una amplia variedad de ensaladas, cafés y dulces típicos de este mes sagrado. “No es una buena comparación hablar de nuestro servicio como lo opuesto a las mesas de misericordia”, opina, sin embargo, Vanciu, que indica que la filosofía de este festín diario es “adaptar la tradición del banquete junto a la familia a las exigencias de la clase alta”.
A pesar de que el menú cuesta unos 35 dólares y es inalcanzable para la mayoría de la población de un país donde el salario mínimo de los funcionarios se sitúa en las 289 libras mensuales, Vanciu señala que el éxito es total “porque 90% del local se cubre con reservas”. Y es que el personal de esta terraza con vistas al río cuida hasta el más mínimo detalle para satisfacer los cinco sentidos de su adinerada y poderosa clientela.
En otro restaurante de la isla, las viandas son igual de abundantes y, según uno de sus empleados, el menú, además de calmar el apetito, ofrece la posibilidad de serenar el espíritu, pues dos libras de su precio, US$ 42 aproximadamente, se destinan a programas para erradicar la pobreza infantil. (EFE)