Homenaje a Sonia Bielous de Dutrénit

28/Nov/2019

Homenaje a Sonia Bielous de Dutrénit

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Homenaje a Sonia Bielous de Dutrénit
El próximo viernes 29 de noviembre la Junta Departamental de Montevideo realizará un homenaje frente a la Farmacia Dubia, en el Buceo, a Sonia Bielous de Dutrénit, incansable luchadora social y política que fuera expulsada del país en 1975 por la dictadura.
Sonia Bielous nació en mayo de 1922 en Bialystok, Polonia. Su familia debió abandonar el país y buscar un lugar de refugio como consecuencia de la violenta persecución de que eran objeto los judíos durante esos años. Con seis años, en 1928, llegó a Montevideo.
Realizó todos sus estudios en Uruguay y en 1944 se recibió de química farmaceutica. En 1947 se casó con Julio Dutrenit Arboleya. Trabajó en su profesión e instaló junto a Julio la farmacia Dubia en Ramón Anador y Pedro Bustamante. Un lugar que sería por muchos años un emblema barrial de referencia política y humana.
Su temprana actividad política comenzó en los años de estudiante, compartiendo la lucha contra el nazismo y en el apoyo a los exiliados de la República Española. El perfil de luchadora social y política de Sonia se consolidó a lo largo de una vida en la que se transformó en una dirigente destacada del movimiento femenino de la izquierda uruguaya.
En 1945 ingresó, junto con Julio Dutrenit y un grupo de intelectuales, al Partido Comunista de Uruguay. A partir de entonces su vida pública estuvo estrechamente relacionada con la actividad de dicha organización política.
Los años cincuenta estuvieron marcados por el comienzo de la guerra fría; fueron difíciles para la acción política de izquierda y, no obstante los riesgos, algunos comunistas sorteaban ese clima de agresión y realizaban actos públicos en las esquinas. Eran los llamados «actos de los cajoncitos», oratorias vibrantes realizadas en forma imprevista y audaz, con el objetivo de no ceder el espacio público ante un clima adverso y opresivo de las libertades. Sonia fue conocida como oradora en este tipo de movilizaciones.
Como para la mayoría de las y los militantes de aquella generación, una de sus pasiones fue la incansable solidaridad con la Revolución Cubana y contra la invasión norteamericana a Vietnam.
En 1962, al fundarse el Frente Izquierda de Liberación fue nombrada secretaria de su Comité Femenino. Desde esta posición intensificó el trabajo en los barrios montevideanos y en distintas ciudades del interior del país.
A finales de los sesenta participó en el «Movimiento Femenino por la Justicia y la Paz Social» y en la lucha sostenida por docentes, padres y estudiantes cuando la «intervención» del Poder Ejecutivo en el ámbito del Consejo de Enseñanza Secundaria. En ese contexto fue reconocida animadora del compromiso de madres y padres para sostener los llamados «liceos populares» (1970). Estos fueron una respuesta contracultural al cierre de los liceos dispuesto por el gobierno de Jorge Pacheco Areco a la incapacidad de disciplinar la rebeldía de estudiantil.
Con la constitución del Frente Amplio actuó en la campaña electoral de 1971 donde fue habitual oradora en diferentes actos a lo largo y ancho del país. Formó parte de la gira nacional del Frente Amplio e integró las listas de candidatos.
Siendo activa organizadora durante la huelga general mantuvo su militancia política y su papel dirigente dentro de Uruguay que continuaron hasta el 11 de noviembre de 1975 cuando fue detenida por agentes de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia y expulsada del país. Según lo narra la leyenda urbana de su barrio, antes de partir de Uruguay, tuvo tiempo y valor, en compañía de agentes de policía que no la abandonarían hasta que abordó el «vapor de la carrera» para hacer lo posible por difundir entre los clientes más próximos a su querida farmacia Dubia, que no se marchaba por su propia voluntad, sino expulsada por judía y comunista.
Su intención fue residir en Argentina hasta poder regresar al Uruguay. En ese corto y complejo exilio se convirtió en interlocutora, ante el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, de un grupo de comunistas uruguayos para lograr su reconocimiento como refugiados y una rápida salida de ese país. Su gestión de enorme riesgo, por tratarse de un contacto a veces cotidiano, fue siempre directa con Guy Prim, el representante del Alto Comisionado en Buenos Aires. A partir del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y en especial después de los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo, William Whitelaw, y la desaparición de Manuel Liberoff, Sonia y su familia debieron buscar otra tierra de residencia.
Sin contar con documento local alguno y convertida en apátrida dado que Polonia nunca la reconoció como ciudadana, permaneció en Buenos Aires hasta setiembre de 1976, cuando viajó a Cuba como refugiada junto a Julio y Gabriela, la hija menor de ambos. La Cruz Roja Internacional le otorgó un documento que le permitió viajar, en ese momento y fue hasta 1985 cuando recuperó un documento permanente.
Durante su exilio en Cuba y México continuó con el compromiso y dedicación militante, haciendo acciones de solidaridad en distintos países; ello a pesar de que no había logrado superar el cáncer manifiesto desde 1971, que le provocó varios y difíciles episodios para su salud.
Regresó a Montevideo durante marzo y abril de 1985 después de haber obtenido su pasaporte. Falleció en México en diciembre de ese año.