4-5-2011
EL FIN DE BIN LADEN Contradicción. El gobierno quiere quedar bien con Dios y con el diablo, con EEUU y con los talibanes
Pakistán quedó en la mira. Porque tenía en su territorio a Osama bin Laden y, aparentemente, hizo poco por aprehenderlo. Porque Estados Unidos, en una muestra de desconfianza a un supuesto aliado, no le informó de la operación que terminó con la vida del líder de Al Qaeda por miedo a una filtración. Porque los radicales islamistas ven que su máximo líder cayó, justamente, en territorio paquistaní.
Lo cierto es que no está claro el papel que jugó Pakistán, una potencia nuclear, en todo este asunto. Desde los tiempos de la lucha de los talibanes contra la Unión Soviética en el vecino Afganistán, Estados Unidos se ha visto en la necesidad de tratar con un gobierno paquistaní en el que nunca confió del todo. En tiempos del entonces presidente Pervez Musharraf, Washington le pedía más seriedad e intensidad a la lucha contra Al Qaeda y en el control de los terroristas infiltrados en el Ejército y en los servicios de inteligencia, conocido como ISI. Hoy, con el mandatario Asif Ali Zardari, la situación no ha cambiado demasiado.
El presidente paquistaní, en una columna publicada en el diario estadounidense The Washington Post, no despejó las dudas. Señaló que no hubo participación de las fuerzas de Pakistán en el operativo de 40 minutos contra el fortín de Bin Laden y que las autoridades carecían de información sobre el paradero del número uno de Al Qaeda. Que no sabían que estaba en el país, en una mansión de Abbottabad, una ciudad a escasos 60 kilómetros de Islamabad, la capital de Pakistán.
Lo que sí negó tajantemente el presidente Zardari es que su gobierno le diera cobijo a Bin Laden, algo que no convence a Occidente, pese a que Pakistán detuvo a varios cabecillas de Al Qaeda desde 2001. Gran Bretaña ayer pidió información sobre cómo el mentor del 11S pudo vivir en una casa cerquita de un destacamento militar sin que se supiera que él se encontraba ahí. El presidente de la comisión de las Fuerzas Armadas del Senado estadounidense, Carl Levin, dijo que la inteligencia y ejército paquistaníes «tienen que dar explicaciones» dado que Bin Laden estaba oculto en una mansión rodeada de edificios y que sus habitantes quemaban la basura para evitar a los recolectores.
Leon Panetta, director de la CIA, confirmó en parte la información brindada por Zardari e indicó que no informaron de la operación a Pakistán porque podía comprometerla, en caso de que existiera una filtración que «alertara a los objetivos». Según la agencia de inteligencia, Estados Unidos llegó a considerar un ataque con más implicados, con Pakistán y otros países, pero al final desechó esa idea.
El gobierno paquistaní tachó la misión de «acción unilateral no autorizada» y la Cancillería expresó reservas sobre cómo Estados Unidos llevó adelante el operativo. Pero hete aquí que hay otra contradicción. El ISI, el servicio de inteligencia que depende del Estado Mayor del Ejército, sacó pecho al decir que sin su colaboración las fuerzas especiales SEAL que atacaron el búnker de Bin Laden no hubieran tenido éxito en la operación. El ISI asevera que facilitaron información vital, pero que no se implicaron en el asunto. Muchos analistas tomaron por cierta y buena esta versión el lunes, a poco de la muerte de Bin Laden.
El gobierno paquistaní está haciendo equilibrismo: tiene que mostrar que colabora en materia de inteligencia con Washington y, por otro, debe desmarcarse de una acción armada que puede envalentonar a los extremistas islámicos del país. Ese querer sin querer, sin embargo, le puede costar caro. Los talibanes de Pakistán ya anunciaron el lunes que vengarán la muerte del líder de la red terrorista Al Qaeda.
El incierto papel de Pakistán
04/May/2011
El Observador