Murió Ernesto Sabato, último ícono de la literatura argentina

02/May/2011

El Observador

Murió Ernesto Sabato, último ícono de la literatura argentina

2-5-2011 Compromiso. Tenía 99 años; encabezó investigación por desaparecidos
Familiares, amigos y admiradores de Ernesto Sabato despidieron ayer los restos del escritor argentino, fallecido el sábado a los 99 años, con una ceremonia en un cementerio privado a las afueras de Buenos Aires.
El sepelio de quien en 1984 fue galardonado con el Premio Cervantes, que iba a concluir en la noche del sábado, finalmente continuó ayer por decisión de la familia del escritor y ante la innumerable cantidad de gente que se acercó para dar su último adiós a esta figura icónica de la literatura argentina.
El velatorio se llevó a cabo en el club Defensores de Santos Lugares, al que Ernesto Sabato concurría a tomar café y a jugar al dominó con sus vecinos.
La decisión de velar sus restos en esta institución social y deportiva fue adoptada por Mario Sabato, hijo del escritor, quien admitió que simplemente cumplió un deseo de su padre.
El autor de El túnel, Sobre héroes y tumbas y Abaddón el exterminador, entre otras, murió en su casa de la localidad bonaerense de Santos Lugares, en la que residió durante los últimos 50 años.
Debido a su ceguera, Sábato vivía prácticamente recluido en su casa y se había visto obligado en los últimos años a abandonar sus dos principales pasiones, la lectura y la escritura.
Elvira González Fraga, la mujer que le acompañó desde que el autor enviudó, en 1998, comentó que el escritor sufrió en el último tiempo una bronquitis que le complicó su ya debilitado estado de salud.
Tras despedir sus restos en el club barrial, Ricardo Alfonsín, candidato presidencial por la Unión Cívica Radical en los comicios de octubre, consideró que con la muerte de Sabato «se fue el más grande». Alfonsín destacó además el «compromiso con la justicia, la democracia y los derechos humanos» de Sabato y resaltó que el escritor será recordado como una «referencia ética fundamental».
«Sabato siempre será relacionado con la democracia porque dio un ejemplo de compromiso con ella y con los derechos humanos», sostuvo al aludir al rol que el escritor desempeñó en 1984 como titular de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) durante la Presidencia del padre del político, Raúl Alfonsín.
La Conadep redactó el informe «Nunca más», una obra clave que relató los horrores de la última dictadura militar (1976-1983) y fue la base de muchos de los juicios contra los represores del régimen de facto.
La dirigente política y escritora Graciela Fernández Meijide, quien integró la Conadep, destacó el «coraje» de Sabato al «meterse a investigar los crímenes del terrorismo de Estado». «Trabajaba 18 horas y se indignaba cuando averiguaba los horrores de la dictadura», comentó Fernández Meijide antes de valorar esa misión, y destacó que en esos momentos «nadie sabía si los militares podían volver a asaltar el poder».
Pese al pedido en contra hecho por Mario Sabato, innumerables coronas de flores fueron enviadas al club Defensores de Santos Lugares, entre ellas las de la presidenta argentina, Cristina Fernández, la Secretaría de Cultura y la embajada de España.
Concluido el sepelio, una larga caravana de autos acompañó al cortejo fúnebre que trasladó los restos del escritor al cementerio Jardín de Paz, en la localidad bonaerense de Pilar, donde fueron inhumados en una jornada lluviosa y muy destemplada.
Como tenían previsto para celebrar los 100 años del autor, que se cumplirían el 24 de junio, los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires confirmaron que homenajearán al escritor en un acto en el que se prevé la presencia de Mario Sabato.
Ernesto Sabato nació en la localidad bonaerense de Rojas el 24 de junio de 1911 y siempre admitió que «el arte» le salvó del suicidio.
La fama internacional le llegó en 1961 con la novela Sobre héroes y tumbas, y su consagración en 1974 con Abaddón el exterminador, que fue premiada en Francia.
Esas dos obras completaron una trilogía junto a su primera novela, El túnel (1948), que, desvalorizada en su día en Argentina, «maravilló» al novelista francés Albert Camus.
En 2007 fue propuesto como candidato al Nobel de Literatura, aunque el reconocimiento más emotivo de su vida le llegó tres años antes, cuando fue homenajeado con reiteradas ovaciones durante el III Congreso de la Lengua en la ciudad argentina de Rosario. (EFE)
Del apoyo a la condena de la dictadura
En 1983, Ernesto Sabato dejó a un lado la literatura para dedicarse a elaborar un completo informe de las atrocidades cometidas por el régimen militar (1976-1983), que se tituló «Nunca Más» y sirvió de prueba para juzgar a los oficiales tras el retorno de la democracia en 1983. En un principio apoyó el golpe de Estado de 1976, pero se desencantó años después ante las atrocidades cometidas por los militares durante la llamada «guerra sucia» y aceptó estar al frente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). El informe elaborado por Sabato y otros nueve integrantes sirvió de base para juzgar a los miembros de las juntas militares en 1985.
Durante ese período murieron o desaparecieron entre 12 mil y 30 mil personas, según las cifras oficiales y de organismos de derechos humanos. En 1976, el escritor asistió a un almuerzo de escritores con el dictador Jorge Rafael Videla, a quien calificó luego de «hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente». Incluso en 1978, en el momento de la represión más feroz, cuando en todo el mundo se denunciaban los crímenes de la dictadura, dijo en una entrevista que «sin duda alguna, en los últimos meses en nuestro país, muchas cosas han mejorado: las bandas terroristas armadas han sido puestas en gran parte bajo control». Pero Sabato comenzó a criticar a la dictadura en 1979, cuando denunció la censura en el ensayo Apologías y rechazos. (AP)
Letras y solidaridad
El escritor uruguayo Mauricio Rosencof afirmó que su colega argentino Ernesto Sabato le recordaba al poeta uruguayo Mario Benedetti «por el compromiso de la alta literatura y la solidaridad».