Una mirada íntima al caos de Medio Oriente: Último libro de Lawrence Wright

14/May/2019

Fuente El País por Hugo Fontana

Una mirada íntima al caos de Medio Oriente: Último libro de Lawrence Wright

Del Al-Qaeda al ISIS, pasando por los cotidianos secuestros
de periodistas y activistas.
En 2006 el periodista, guionista y escritor Lawrence Wright
(Estados Unidos, 1947) publicó un libro formidable, La torre elevada, una
exhaustiva investigación sobre los atentados del 11 de setiembre de 2001 contra
las Torres Gemelas, siguiendo los pasos de Osama Bin Laden y de otros líderes
yihadistas, y también de algunos referentes claves de los organismos de defensa
yanquis, así como de sus errores, disputas internas y múltiples
desinteligencias. Un año después su trabajo le valió el Premio Pulitzer y la
consideración crítica de los principales medios de prensa de su país. El libro
demoró cinco años en ser traducido al español.
Wright, quien también se había desempeñado como docente en
los 80 en la Universidad Norteamericana de El Cairo, siguió ocupándose de esos
temas, y en 2017 dio a conocer Los años del terror. De Al-Qaeda al Estado
Islámico, una serie de artículos publicados originalmente en The New Yorker,
abocados ahora a analizar el proceso que llevó de la organización liderada por
Bin Laden a la formación del ISIS, la expresión más radical del islamismo
conocida hasta el momento. Y lo vuelve a hacer con brillo y con un envidiable
estilo periodístico, más allá de que sus conclusiones puedan ser en algunos
casos puestas en tela de juicio.
Los tres primeros artículos, “El hombre detrás de Bin
Laden”, “El antiterrorista” y “El agente” abordan a tres personajes ya
estudiados en La torre elevada. En el primero de ellos Wright sigue los pasos
del egipcio Ayman al-Zawahiri, un médico cirujano integrante de los Hermanos
Musulmanes, quien tras largos años en prisión viajó a Afganistán para
convertirse en la mano derecha de Bin Laden, y seguramente en su sucesor tras
la muerte de éste el 2 de mayo de 2011 en Pakistán. El segundo está dedicado a
John P. O’Neill, jefe de la sección de antiterrorismo del FBI, un hombre tan
sagaz como dispendioso y controvertido, uno de los primeros en advertir el
peligro de un ataque inminente de Al-Qaeda en su propio país y que
paradójicamente murió en el derrumbe de una de las Torres. Y el tercero se
centra en la figura de Ali Soufan, un agente del FBI de ascendencia libanesa,
que participó en la investigación del atentado con bomba contra el destructor
USS Cole en octubre de 2000 en Yemen, que provocó la muerte de 17 marineros y
causó heridas a otros 39.
De Occiente al Califato
El libro continúa con el extenso artículo “El reino del
silencio”, en el que Wright narra su experiencia a comienzos de 2003 en el
diario Saudi Gazette, medio que lo había contratado por tres meses para “ayudar
a formar jóvenes periodistas saudíes”. El texto, que en un principio solo
parece destinado a dar cuenta de esa experiencia laboral, ofrece sin embargo un
vasto panorama de la vida cotidiana en Arabia Saudita, retratando la intervención
permanente de la llamada Mutawa, un organismo parapolicial religioso apoyado
por el Estado y capaz de reprimir a aquellos que no cumplan con determinadas
prácticas (horario de oración, vestimenta femenina), y de la censura que la
monarquía mantiene sobre toda la prensa.
Otro artículo, “La red del terror”, se enfoca en los
atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, de la llegada de Al-Qaeda a
Europa, de la brutalidad y precisión del operativo, y de la torpeza absoluta de
ciertos sectores de la clase política española que finalmente fueron
desplazados de sus cargos. “Plasmado en película” es una serie de entrevistas a
cineastas sirios, relevando las infinitas dificultades (también censura,
precariedad logística) para hacer cine en un país que estaba a un paso de la
guerra. Los tres siguientes artículos se adentran en las peripecias del
gobierno y de las distintas agencias estadounidenses para implementar planes de
espionaje dentro y fuera de su propio país (“El jefe de los espías”), de la
obra teórica de Sayyid Imam al-Sharif, también conocido como doctor Fadl, que
se atreve a un análisis en profundidad de las consecuencias del 11/S (“La
rebelión interna”), y de la situación de la Franja de Gaza. Allí se abordan las
actividades y la victoria electoral de Hamas en 2006, el secuestro del soldado
judío Guilad Shalit, la operación Plomo Fundido de 2008, y el feroz bloqueo de
Israel a una población de casi dos millones de personas que vive en apenas 365
km2 (“Cautivos”).
Como síntesis de todo ello, Wright termina sosteniendo que
las críticas dentro del propio islamismo a los atentados del 11S —en el sentido
de que solo sirvieron para que el mundo musulmán fuera atacado por Estados
Unidos y sus aliados— comenzaron a debilitar el liderazgo de Al-Qaeda y de Bin
Laden. Por su parte, y a paso inmediato, el ISIS planteó en primera instancia
un enfrentamiento entre musulmanes, una sangrienta lucha por territorios y el
establecimiento del califato, objetivo que logró de forma breve y que hoy se
muestra en aparente retroceso.
Una o dos vidas
El último de los artículos, “Cinco rehenes”, es acaso el más
impactante del libro, y se centra en el secuestro de cinco estadounidenses a
manos de comandos del ISIS entre 2013 y 2014, y en el rol que en mayo de 2014
David Bradley, un millonario dueño del grupo mediático que publica la revista
The Atlantic, desempeñó al reunir en su mansión de Washington a los familiares
de las víctimas. Decepcionados por la aparente falta de reacción del gobierno
de Barack Obama, los participantes del encuentro formaron un grupo que
extraoficialmente comenzó a investigar el posible destino de los secuestrados,
las vías de acercamiento a los secuestradores y el pago de los eventuales
rescates exigidos por estos (la legislación norteamericana prohíbe cualquier
tipo de transacción con grupos terroristas, por lo que los familiares podrían
ser procesados).
Bradley liderará una serie de movimientos destinados a
obtener la liberación de los periodistas James Foley, Peter Theophilus Padnos y
Steven Sotloff, y de los activistas Peter Kassig y Kayla Mueller. Diversos
contactos a nivel del gobierno estadounidense, de operadores cercanos a sus
empresas, de algunos periodistas europeos liberados por sus captores tras
elevados rescates, no fueron suficientes para que Bradley y los integrantes de
su equipo determinaran el paradero de las cinco víctimas, aunque uno de ellos,
Theo Padnos, logró ser liberado tras arduas negociaciones en las que
participaron integrantes de las altas esferas qataríes.
Foley, Sotloff y Kassig fueron filmados en el momento de ser
degollados por uno de los integrantes del ISIS (“John el Yihadista”). La
familia Mueller recibió fotografías del cadáver de Kayla, aunque las causas de
su muerte nunca terminaron de aclararse. En una carta que Sotloff consiguió
enviar clandestinamente desde su cautiverio, escribió esta estremecedora frase:
“Todo el mundo tiene dos vidas; la segunda empieza cuando comprendes que solo
tienes una”.