Movimientos juveniles judíos en Uruguay. Qué nos dejan. Experiencia personal de voluntariado.

01/Mar/2019

Por Ariel Suhami, para CCIU

Movimientos juveniles judíos en Uruguay. Qué nos dejan. Experiencia personal de voluntariado.

Los movimientos juveniles en Uruguay (Tnuot Noar) realizan un incansable trabajo para transmitir, mediante la educación no formal, aprendizajes diverosos y, sobre todo, valores judeo-sionistas. Cada una de ellos (en Uruguay hay 7) utiliza sus “lentes” ideológicos mediante los cuales percibe la realidad para comprenderla y transformar lo negativo. Compartimos la experiencia personal de Ariel Suhami, un joven que volcó sus aprendizajes, valores y solidaridad, ejercitando voluntariado.
El próximo 18 de marzo, un nuevo grupo del movimiento juvenil Habonim Dror estará partiendo hacia Israel para capacitarse y llevar a los parámetros más altos nuestros principios y nutrirse de los mismos, para volcar en Uruguay las experiencias vividas. Este año está plagado de aprendizajes y vivencias. Es aquí que durante las distintas etapas del plan, que los jóvenes aprenden sobre la realidad, siempre cambiante y desafiante que se vive en Medio Oriente. Cada instancia es importante y lleva a cada uno a cuestionarse situaciones y crecer a través de ellas. A modo de explicar un poco una de las tantas actividades que generan impacto, presentamos el siguiente texto escrito por Ariel Suhami tras realizar un voluntariado, quien es actual Mazkir Jutz (cargo voluntario dentro de la institución) de Habonim Dror:
Fin de una etapa.
Hace un tiempo y estando en un plan de aprendizaje en Israel, apenas tenía una idea acerca de inmigrantes en dicho país. Escuchaba hablar de números, deportaciones, conflictos, repercusiones económicas y sociales, partidos políticos y opiniones ¿Pero cuándo se habla de personas?
Así empecé mi voluntariado. “Colonia de vacaciones para niños hijos de inmigrantes africanos”. Qué oportunidad pensé, sin imaginar ni cerca de qué se trataba. En simultáneo empecé a investigar más sobre el tema, su realidad y los desafíos que afrontan en un país como Israel.
Huyendo de confrontaciones políticas y bélicas, se trasladaron en su mayoría de Eritrea a Sudán. La situación allí tampoco era simple, así que continuaron su rumbo hacia Egipto. Dada la negativa del país (evadiendo estatutos internacionales de acogimiento a refugiados políticos y bélicos) se dirigieron al siguiente país fronterizo del norte: Israel.
En su mayoría residen en el sur de Tel Aviv, zona donde yo residí por algunos meses.
Se dedican en general a trabajos difíciles, por lo general mal remunerados y con extensión horaria muy demandante.
Dada la necesidad de trabajos de largas jornadas de los padres, los niños pasaban todo el día bajo el cuidado de babysitters, teniendo estos/as muchos niños a su cargo, y no dando el cuidado y atención necesaria que demandan.
Entonces conocí UNITAF, una ONG que nació como respuesta a esta situación. Aquí se brinda atención, alimento y cuidado a los niños durante todo el día; pero lo más importante, se les da el lugar para ser niños. Juegan, aprenden y socializan con otros niños. Es aquí que reciben el amor y la atención que todo preescolar necesita, y que desafortunadamente no pueden recibir en su entorno familiar. En este marco desempeñé mi rol como voluntario, trabajando con otros pares, junto a cinco maestras también provienen de países africanos.
Tuve la oportunidad de vivir la incomparable experiencia de conocer personas de Ghana (cristianas) y el Congo (musulmana). El intercambio cultural fue muy enriquecedor. Es increíble aprender sobre su música, idioma, forma de vivir, cultura, etc, así como enseñarles sobre Uruguay, mi país y encontrar puntos en común como el candombe y la pasión por el fútbol. No faltó algún comentario sobre la mano de Suárez.
Lo que me tocó vivir en este periodo me aportó muchísimo, más de lo que hubiera imaginado. Me permitió vivir desde adentro el conflicto, entender realidades, crear una perspectiva mucho más empática y real. Ampliar conocimientos y crecer desde el lado humano.
Sin dudas que este tipo de actividades enriquecen mucho a cada persona que las atraviesa y es justo a lo que apuntamos cuando los jóvenes vuelven de su viaje: trasmitir a los más chicos estas experiencias que tanto nos enriquecen como personas, como grupo, como movimiento juvenil.