El próximo martes 29 de enero se realizará la sesión especial de la Comisión Permanente en adhesión al Día Internacional de Conmemoración Anual en memoria de las víctimas del Holocausto, a las 10 hs. en la Sala de Sesiones de Cámara de Senadores del Palacio Legislativo. Invitamos a todos a hacerse presentes. Continuando con artículos alusivos, hoy publicamos la columna de Ricardo Ruiz de la Serna en La Gaceta de España, titulada “La resistencia judía”.
La Gaceta, España- por Ricardo Ruiz de la Serna
La resistencia judía
En estos días de conmemoración del Holocausto, es bueno recordar que los judíos de Europa no fueron como ovejas al matadero. Allí donde pudieron combatir con las armas en la mano, lo hicieron. Hubo resistencia judía en los guetos, en los campos de concentración y de exterminio, en las ciudades ocupadas. Los judíos lucharon enrolados en las filas de todos los ejércitos aliados. Los partisanos judíos -más de 30.000 en Europa del Este- volaron trenes, hostigaron la retaguardia de los ejércitos de Alemania y sus aliados, suministraron información valiosísima para las ofensivas aliadas y distrajeron tropas y recursos que, de otro modo, hubiesen estado en la primera línea del frente.
Desde antes de que los nazis llegasen al poder en 1933, ya hubo voces que advirtieron del horror que se cernía sobre Europa y que amenazaba de modo singular al pueblo judío. Robert Weltsch, el director del Jüdische Rundschau, hizo un canto a la dignidad y el orgullo de ser judíos en un tiempo de persecución y estigma. El rabino Leo Baeck compuso una oración para la noche de Kol Nidrei -la víspera del Yom Kippur- del año 1935: «[…] expresamos aversión a la mentira dirigida contra nosotros, a la calumnia que viene vertiendo abiertamente sus falsedades contra nuestra fe. Creemos en nuestra fe y en nuestro futuro».
Aquellos judíos no sólo lucharon con palabras. En el ejército polaco, en el británico, en el francés, en el belga, los judíos vistieron el uniforme de los países en que habían nacido o que los habían acogido y, a medida que el continente fue ocupado, pasaron a engrosar los movimientos de resistencia. El número de judíos en la legión francesa, por ejemplo, fue elevadísimo desde el comienzo. El 27 de agosto de 1940, un mes antes del suicidio de Walter Benjamin en Portbou, Israel Karp ataca en Burdeos a un grupo de soldados alemanes que desfila al paso de la oca. Lo fusilaron. Los comunistas llegaron algo más tarde a la resistencia. Hubo que esperar a la invasión de la Unión Soviética para que sus cuadros se movilizasen. Así entró en juego la Orquesta Roja, a cuyo frente estaba Leopold “Domb” Trepper. Hubo heroínas como Simone Schloss, agente de enlace de la resistencia, a quien los nazis guillotinaron en junio de 1942.También lucharon los judíos en los cuerpos que se crearon expresamente para ellos, como la Brigada Judía que los británicos organizaron en Palestina. 400 de sus hombres detuvieron en 1942 el avance de los alemanes y sus aliados italianos en Bir-el Harmat (Libia) en una batalla que recuerda la gloriosa de Bir Hakeim, en que los legionarios franceses retrasaron el avance de Rommel. Por cierto, en Bir Hakeim también lucharon judíos integrados en las Fuerzas de la Francia Libre, como Jakob Kramer, nacido en Magdeburgo en 1902 y que tomó el nombre francés de Jacques Renard.
Hubo resistencia judía por toda Europa Oriental. Lucharon casi sin armas, sin ayuda exterior, con pocos alimentos. La mayoría sabía que no podían vencer, pero aun así pelearon. En más de 100 guetos de Polonia, Lituania, Bielorrusia y Ucrania surgieron organizaciones clandestinas. El alzamiento del gueto de Varsovia en abril de 1943 es una fecha memorable. Uno de sus líderes, Mordejai Anielewicz, escribió unas palabras inolvidables: «el sueño de mi vida se ha hecho realidad; he vivido para presenciar la resistencia judía en el gueto, en toda su grandeza y gloria». Sin embargo, no sólo resistieron con armas. Uno de los últimos luchadores del gueto de Varsovia, Simjá Rotem, falleció el 22 de diciembre pasado. En esos guetos floreció la noción de “kidush hajaím”, la “santificación de la vida”, es decir, el esfuerzo por preservar la humanidad. El contrabando de alimentos, ropa y medicinas, la edición y publicación de periódicos, los intentos de mantener orquestas y grupos de teatro, las escuelas que siguieron funcionando en la clandestinidad y la vida religiosa fueron algunas de las formas de resistir a los nazis y sus colaboradores. El historiador Emmanuel Ringelblum, uno de mis héroes, fundó y dirigió el archivo secreto Oneg Shabat, en el que recopiló testimonios y documentos de la vida en el gueto de Varsovia. De los tres contenedores metálicos de leche en que escondieron los documentos, han aparecido dos hasta el momento. A él y a su familia, los fusilaron en las ruinas del gueto el 7 de marzo de 1944.
Incluso en los campos, símbolos del horror del siglo XX, se produjeron revueltas. En Auschwitz-Birkenau, los judíos lograron matar a algunos guardias de las SS e incendiar un crematorio. Rosa Robota, judía polaca de Ciechanow, había introducido clandestinamente pequeñas cantidades de explosivo de la fábrica donde trabajaba. Sabía muchas cosas de la resistencia, de sus miembros y su funcionamiento. Los nazis la torturaron. No habló. La ahorcaron el 6 de enero de 1945, pocas semanas antes de que el Ejército Rojo liberase el campo. En Sobibor, el 14 de octubre de 1943, los prisioneros se sublevaron y mataron a 11 miembros de las SS y a numerosos colaboracionistas ucranianos. Unos 300 prisioneros lograron escapar, pero a muchos de ellos los volvieron a capturar y los mataron. Los nazis también mataron como represalia a prisioneros que no se habían fugado. Después del alzamiento, los nazis desmantelaron el campo y establecieron un campamento de la guardia ucraniana.
No. Los judíos no dejaron de luchar y de resistir como pudieron. Deberíamos contar más la historia de aquellas mujeres y aquellos hombres de heroísmo y dignidad admirables.
También a ellos los recordamos en estos días.
La resistencia judía
22/Ene/2019