Una respuesta a Marcelo Jelen

18/Abr/2011

Por Alejandro Wajner (en la imagen)

Una respuesta a Marcelo Jelen

Hace pocos días me encontré con un pequeño artículo que llamó especialmente mi atención.

Para quienes frecuentan la prensa nacional, el nombre de su autor es distinguible, Marcelo Jelen. Como estudiante de una ciencia humana, como persona que investiga, razona y escribe sobre distintos asuntos, quiero creer que, al concebir este artículo, Jelen creyó tener un mensaje legítimo para transmitir, y entonces me pregunto: ¿qué nos quiere dejar? ¿Sobre qué está basado? ¿Cuál es el hilo lógico del mismo?

La imagen y el copete son totalmente discordantes: por un lado, una de las tantas obras de propaganda antisemita; por el otro: un ataque injustificado a un fenómeno que caracteriza a las comunidades judías desde hace casi un siglo, los movimientos juveniles.

En la caricatura, no pude dejar de notar el estereotipo de un niño judío –no israelí–, vistiendo su kipá y luciendo sus caireles, de cabellera rubia y color de piel claro, con vestimenta y calzado típicamente occidental y portando un arma. Por el otro, un crío palestino, lastimado, en harapos y descalzo, de cabellera castaña y piel curtida, munido con una sencilla honda.

Quizás el eximio Jelen, a partir de toda su experiencia y conocimiento de la sociedad israelí –porque un periodista serio no va a escribir de lo que ignora por completo, quiero suponer– me pueda explicar esta representación, que no se aleja de lo que Goebbels pudiera haber hecho si hubiera tenido Photoshop. ¿Es que acaso un niño etíope se vería así, o uno yemenita, o uno chipriota, o uno de Darfur? Porque todos ellos se pueden observar durante cualquier caminata en cualquier ciudad de Israel. ¿Es que acaso no sabe que la mayoría de la población de Israel no es ortodoxa? Y por supuesto, ¿cuántos niños portarían un arma en su bolsillo y en el encuentro con un par se comportarían de esta manera? Porque no puedo dejar pasar este hecho: una caricatura debe, precisamente, caricaturizar algún aspecto del comportamiento del hombre, captar una instantánea y llevarla al extremo, dentro de los márgenes de lo posible. No podemos aceptar la sola viabilidad de este tipo de representaciones, que plantean escenarios inexistentes y lesionan la percepción que un observador ajeno se hace del fenómeno presentado. Es, pues, un recurso vil y barato.

Pasemos ahora al breve texto que introduce el artículo y a los cuatro primeros párrafos del mismo. Lo primero que quiero decirle al egregio Jelen es que los movimientos juveniles son un fenómeno típicamente judío, mucho antes que israelí, y entonces el ataque ya adquiere otro tono (quiero creer que es un dato que el autor desconoce). Lo segundo: por más que cada uno de los movimientos tienen una definición ideológica particular, no todos son patrocinados por partidos políticos israelíes; y los que son, lo son debido a un vínculo anterior entre el movimiento juvenil y una determinada corriente del movimiento sionista, que luego se cristalizó en partido político dentro de Israel.

Y luego el argumento culmen del intelectual: hay una actividad específica dentro del campamento que “refuerza, en un círculo vicioso, la misma convicción que le da origen: que el odio contra los judíos no cesará jamás, que es preciso prevenir el ataque, que Israel como estado nacional judío es la única garantía de supervivencia y que el enemigo puede aparecer debajo de cualquier piedra. Esta banalización de la guerra crea un estado mental que justifica agresiones a enemigos reales o supuestos como si se tratara de la heroica rebelión del gueto de Varsovia.” Restando importancia al hecho que Jelen prácticamente insinúa la inexistencia del fenómeno del antisemitismo en el mundo, parecería que este comprometido investigador no concurrió a muchos de estos campamentos. Esta actividad –que de hecho existe (aunque curiosamente yo la conozco muy distinta a la que presenta el autor del artículo, pero quizás yo haya participado en una excepcional) y que remonta su raison d’etrea un episodio de la historia judía conocido como “torre y empalizada”– culmina con todos los participantes sentados alrededor de una mesa, departiendo en un ambiente de celebración y camaradería. Además, yo participé de más de 10 campamentos de verano de los que él refiere, y en ninguno de ellos recibí ningún tipo de instrucción militar, por más básica que sea. Aunque en algo sí estoy de acuerdo con Jelen: la rebelión del Gueto de Varsovia fue, sin duda, un acto heroico. Casualmente, fue protagonizada por jóvenes que lideraban movimientos juveniles en Polonia y realizaban este tipo de actividades.

Pero hasta aquí los matices son menores, solo alguna incoherencia aquí y otra allá. Lo que sigue es lo realmente preocupante: “¿Cómo? ¿Acaso Israel no es un pueblo de paz?”. Quizás no haya comprendido bien y Jelen se refiera al “[pueblo de] Israel” bíblico, o sea, al actual pueblo judío. En ese caso, el niño portando la bandera de Israel no representaría al Estado de Israel sino al pueblo de Israel bíblico, esto es, al pueblo judío, y Jelen estaría en serios aprietos morales. Por tanto, me gustaría que este reconocido investigador de la sociología judía me explique cómo realizó ese salto al vacío desde los jóvenes judíos de la diáspora a la actualidad de las políticas impulsadas por los gobiernos de Israel. Cómo puede, tan laxamente y sin fundamento alguno, aplicar una lógica al extremo inductiva, y en tan solo 162 palabras.

El resto del artículo es más de lo que estamos acostumbrados. Anacronías concatenadas y traídas a colación aleatoriamente, episodios inconexos que intentan justificar elucubraciones inexistentes. Uno no puede menos que notar el origen judío del apellido del autor, igual que el de tantos otros que pulverizan la existencia judía pero se escudan en que sus padres son sobrevivientes del Holocausto o saben idish y algunas palabras de hebreo. Pero eso no me interesa ahora, confío en que el delirio de Jelen no encontrará cabida en el lector avezado.

Porque son muchos los jóvenes judíos uruguayos que buscan tender puentes de acercamiento y obrar en pro de la sociedad uruguaya, son decenas los proyectos que involucran población marginada y militancia social. Todos ellos, emanados de estos mismos movimientos juveniles a los que Jelen presenta de manera tan peculiar. Vuelvo entonces a la pregunta del comienzo, mi estimado Jelen: ¿cuál es el mensaje que quiere dejar planteado?

ACLARACIÓN

El pasado jueves 14 de abril, el Semanario Voces publicó en su edición en papel Nº 292 un artículo de Marcelo Jelen titulado «Estado de guerra».

El mismo artículo, levantado días después en Internet, fue ilustrado con una caricatura.

El Comité Central Israelita aclara que dicha caricatura no fue puesta por el autor del artículo sino por el semanario Voces.