Sucot: Celebrar, recordar, vivenciar

26/Sep/2018

Lic. Rafael Winter (Rufo)

Sucot: Celebrar, recordar, vivenciar

Nos encontramos ya en los días de Jol
Hamoed, días intermedios de esta hermosa festividad que es Sucot. Junto a Pesaj
y Shavuot es una de las tres festividades de peregrinación durante las cuales,
antiguamente, se iba al Templo de Jerusalem depositando allí las ofrendas al
Creador. Hermosa festividad es Sucot. Una de las tantas que ha bendecido al
calendario hebreo.
Reúne como pocas, varias características:
es agrícola, histórica, nacional y religiosa.
Y es muy difícil desunir dichas
características: de alguna forma, todas están íntimamente ligadas entre sí.
Una festividad alegre. La más alegre que
menciona nuestra Torá.
Por algo se la denomina «Zeman
Simjateinu», es decir: «tiempo de nuestra alegría».
Y aún más: si bien el término
«Jag» (festividad) alude a varias festividades, en las fuentes dicho
término alude especialmente a Sucot, como si se quisiera resaltar que es el
«Jag» por excelencia.
Tres momentos decisivos en nuestra historia
bíblica: la salida de Egipto, que conmemoramos en Pesaj; la entrega de la Torá,
que recordamos en Shavuot y la larga travesía cuarenta años por el desierto,
hasta llegar a la Tierra Prometida, lo que recordamos en Sucot.
Y en todos esos acontecimientos, un personaje
fundamental: Moshe.
Me quiero detener muy brevemente en el
Sucot «histórico».
Durante la larga travesía por el desierto,
de acuerdo al relato bíblico, los hijos de Israel se construyeron Sucot
(cabañas, más bien chozas) a lo largo del camino. Demás está decir que en el
desierto las «construcciones» no podían ser más que primitivas,
precarias.
La Sucá simboliza muy bien los vaivenes de
la existencia del pueblo judío.
Vivienda temporal. No permanente. Endeble.
Pero aun así, capaz de desafiar las inclemencias del tiempo. Sin duda precaria
pero difícil de ser derribada.
El pueblo judío durante milenios ha errado
de lugar en lugar, a veces aquí, a veces allá y frecuentemente afrontando
dificultades mayúsculas.
Pero a pesar de todo, ha desafiado las
inclemencias de todo tipo y no ha podido ser derribado.
Sigue en pie.
Como la Sucá.
Quizás esas aberturas en el techo de la
Sucá que lo comunican con el cielo…
Por sobre todo, Sucot es un ejemplo de la
importancia de recordar y vivenciar.
Al igual que en Pesaj: no solo recordamos
que nuestros antepasados comieron la matzá. Pasaron miles de años y seguimos
comiendo Matzá.
Similar es en Sucot: no solo recordamos que
nuestros antepasados habitaron en Sucot. Pasaron miles de años y las seguiremos
construyendo.
Esa combinación de recuerdo y vivencia de
las tradiciones judías constituye un factor decisivo en la continuidad del
pueblo de Israel.
Algunas de nuestras plegarias hacen mención
de la Sucá como «Sucá de la paz».
Quiera D»os que algún día la Sucá, más
allá de todo lo que representa y significa, sea además un símbolo de paz para
toda la humanidad.