Para el Islam, Jerusalén no es La Meca

21/Ago/2018

PorIsrael- por A. Z. Mohamed (Gatestone Institute)

Para el Islam, Jerusalén no es La Meca

Qué curioso: los musulmanes sólo parecen de
acordarse de Jerusalén cuando está bajo control no musulmán. De otra forma, y
como muestra la historia, nunca le dan verdadera importancia. Nunca la han
proclamado capital de ningún país o imperio. De hecho, Mahoma ordenó a su gente
que no orara hacia Jerusalén, como venía haciendo, sino hacia La Meca (Corán,
2:143):
Y la dirección a la que te volvías la
establecimos para saber quién seguiría al Mensajero y quién se volvería atrás.
Esto sólo es difícil para aquellos a los que Alá no ha guiado. Jamás haría Alá
que perdieras la fe.
Es más, ciertos versos coránicos destacan
la conexión de Jerusalén con los judíos y muestran disconformidad con su
islamización. El Corán no promete a los musulmanes entrar o gobernar en
Jerusalén. De hecho, en uno de sus versos se cita al profeta Moisés instruyendo
a los judíos para que entren en la Tierra Santa (al-ard al-muqaddesa) que Dios
les ha otorgado, y que comprende Jerusalén. Este es, de todas formas, un verso
que la mayoría de los árabes y de los musulmanes prefieren ignorar (Corán,
5:21):
¡Oh, pueblo mío! Entra en la tierra
purificada que Alá ha destinado para ti y no retrocedas [en la lucha por la
causa de Alá], porque estarías perdido.
Una interpretación de este verso identifica
al ard al muqadesa como Beit al Maqdis, o Jerusalén y sus alrededores (aquí y
aquí), o la región comprendida entre Egipto y el Éufrates (aquí).
En otro verso, el mismo Dios instruye a los
Hijos de Israel para que residan en esa tierra(Corán, 17:104):
Y después del Faraón dijimos a los Hijos de
Israel: “Habitad la tierra, y cuando llegue la promesa de la Última Vida os
haremos venir a todos”.
De nuevo, en este verso “la tierra” es Al
Sham (Levante), una región en la costa oriental del Mediterráneo, el norte de
la Península Arábiga y el sur de Turquía.
“Fue para los británicos para quienes
Jerusalén fue tan importante; ellos fueron los únicos que la declararon
capital”, declaró al New York Times Yehoshúa ben Arieh, de la Universidad
Hebrea Jerusalén. “Previamente no fue capital de nada desde los tiempos del
Primer y el Segundo Templos”, añadió.
En diciembre de 1917, el general británico
Edmund Allenby arrebató el control de Jerusalén a sus gobernantes otomanos.
En diciembre de 1949, el Estado de Israel
decidió celebrar las sesiones de la Knéset [Parlamento] en Jerusalén y la
declaró su capital. En 1980, la Knéset aprobó la Ley Básica Jerusalén, capital
de Israel y declaró que la ciudad, completa y unida, era la capital “eterna e
indivisible” del país.
Jerusalén ni siquiera es mencionada en la
Carta Nacional Palestina primigenia (1964); tampoco en la enmienda que se hizo
en 1968. En la modificación de 1996, Jerusalén (Al Quds) sólo se menciona en el
contexto de las resoluciones de la ONU relativas a la ciudad. Sólo en la
constitución provisional de la Autoridad Palestina (Ley Básica Palestina,
aprobada por el Parlamento palestino en 1997 y sancionada en 2002) encuentra
uno un artículo en el que se dice que Jerusalén es la capital de “Palestina”.
Es digno de mención que, en los casi 1.200
años de dominio musulmán, Jerusalén “jamás ha[ya] sido la capital de un Estado
musulmán soberano, ni un centro académico o cultural de referencia”. La
conexión del islam y de los musulmanes con Jerusalén sólo se produjo seis años
después de la muerte del profeta Mahoma, en el año 638 ec, cuando el califa
Omar y sus ejércitos invasores tomaron la ciudad.
Tras su llegada a Jerusalén, Omar hizo un
tour por la ciudad que incluyó una visita al Santo Sepulcro. Cuando llegó la
hora de la oración musulmana, Omar declinó la invitación de Sofronio, patriarca
de Jerusalén, de rezar en la iglesia y lo hizo en el exterior. Omar temía que a
su partida los musulmanes que llegaran tras él establecieran una mezquita en la
iglesia si él oraba allí. Así pues, Omar era consciente de qué pertenecía a los
musulmanes y qué a los cristianos.
El Monte del Templo y la Roca (o Piedra
Basal) sobre la que se asienta han sido sagrados para los judíos durante
milenios. Según la tradición judía, la Roca es donde Abraham, progenitor y
primer patriarca del pueblo hebreo, dispuso el sacrificio de su hijo Isaac. El
Monte del Templo fue también el lugar donde se levantaron el Templo de Salomón
y su sucesor, el Segundo Templo (también conocido como Templo de Herodes).
Desde la destrucción de ambos (el primero a manos del rey babilonio
Nabucodonosor, en el año 587 aec, y el segundo a manos de los romanos, en el 70
ec), el Muro Occidental, un muro de contención, es lo único que queda de ellos;
desde entonces, los judíos han orado en dirección al Monte del Templo.
Según Al Tabari (The History of al-Tabari,
vol. 12, State University of New York Press, Albany, 1992) y Ben Kazir (v. ed.
de Maktabit Almareef, Beirut, 1966), cuando Omar llegó al Monte del Templo oró
dando la espalda a la Roca y mirando hacia La Meca, en la esquina meridional de
la plataforma, donde posteriormente se levantó la mezquita de Al Aqsa.
Omar fue, pues, el primer musulmán que oró
en el Monte del Templo. Sin embargo, claramente mostró que ni el Monte ni la
Roca eran ya la alquibla musulmana. Los musulmanes oraron hacia el Monte del
Templo hasta el año 622, cuando lo sustituyeron definitivamente (Corán,
2:142-145) por la Kaaba de La Meca. No obstante, tanto el Monte como la Roca
siguieron siendo sagrados, y supuestamente islámicos, porque en el año 621 el
profeta Mahoma dijo a sus seguidores que había ascendido al cielo desde la
Roca.
En un intento de transformar Jerusalén en
un santuario islámico, o de islamizarla, en los años 691-692 se erigió el
templo del Domo de la Roca, y en el 705 la mezquita de Al Aqsa, en tiempos del
califa omeya Abdelmalik ben Marwán; 55 y 70 años, respectivamente, después de
que los ejércitos musulmanes tomaran la ciudad.
Aunque el Domo de la Roca (Qubat al Sajrah)
es “el más antiguo monumento musulmán existente”, ni es una mezquita ni, de
hecho, es fácil encuadrarlo en otra categoría de estructura musulmana. Su “gran
escala y fastuosa decoración”, así como sus extravagantes servicios a los
visitantes, llevaron a algunos historiadores musulmanes, como Ben Kazir y Ben
Taimiya, a informar de que Abdelmalik de Damasco lo construyó en un intento de
apartar a los musulmanes de la Kaaba, en un momento en que La Meca estaba bajo
control de los rebeldes liderados porAbdulá ben al Zubair. Esa fue
probablemente la primera vez en que los musulmanes utilizaron Jerusalén en una
querella política interna.
Algunos académicos han aducido que
Abdelmalik construyó el Domo para proclamar laemergencia del islam como suprema
nueva fe. En la Enciclopedia Británica puede leerse lo siguiente:
Puede que con las grandes dimensiones y la
fastuosa decoración del Domo se haya querido rivalizar con los santos lugares
cristianos de Jerusalén, especialmente con la iglesia del Santo Sepulcro. Según
este punto de vista, el mensaje de supremacía musulmana se desprende igualmente
de las inscripciones en árabe que presenta el Domo, una selección de pasajes
coránicos que resaltan la visión islámica de Jesús, es decir, que denuncian las
doctrinas cristianas de la Trinidad y la divinidad de Jesús, mientras enfatizan
la unidad de Dios y afirman la condición de profeta de Jesús.
Notablemente, Ben Taimiya critica no sólo
la fastuosa decoración sino la propia construcción del Domo como una suerte de
bidaa (herejía).
En una ulterior islamización de Jerusalén,
la mezquita del Monte del Templo fue denominada Al Aqsa, “la mezquita más
lejana” en árabe, la misma frase empleada en un pasaje coránico denominado “Al
Isra, el viaje nocturno” (17:1):
¡Gloria a Quien una noche hizo viajar a Su
siervo desde la Mezquita Inviolable hasta la Mezquita más lejana, aquella cuyos
alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos!
Verdaderamente, Él es Quien oye y Quien ve.
Denominar “mezquita de Al Aqsa” a la de
Jerusalén fue un intento de decir que el Domo de la Roca fue el lugar desde el
que Mohamed ascendió al cielo y conectar así la ciudad con la divina revelación
islámica. El problema, no obstante, es que Mahoma murió en el año 632, setenta
y tres antes de que se completara la primera construcción de Al Aqsa.
Para los musulmanes, la relevancia de
Jerusalén depende de rivalidades políticas y religiosas; su importancia parece
evidente cuando no musulmanes (como los cruzados, los británicos y los judíos)
capturan o controlan la ciudad. Sólo en esos momentos de la historia los
líderes nacionales musulmanes proclaman Jerusalén como la ciudad más sagrada
tras La Meca y Medina.
Nada sorprendentemente, el presidente de la
Autoridad Palestina, Mahmud Abás, arremetió una vez contra el líder de Hamás
Mahmud al Zahar acusándole de minimizar la importancia de Jerusalén por decir
que “no es La Meca”, cuando Abás insistió en que las legislativas de 2006 se
celebraran en Jerusalén. Si Al Zahar hubiera dicho “Jerusalén no es La Meca y
no es sagrada”, habría dicho la verdad.
En el Islam, Jerusalén sólo es bendita, no
sagrada. No es La Meca.