La inmigración judía, el fortalecimiento del ejercicio periodístico y las tensiones políticas durante las dos guerras mundiales son el escenario de fondo de “La vocación desmesurada”, de Mónica Szurmuk, exhaustiva biografía sobre la obra y vida del narrador Alberto Gerchunoff (1883-1950), figura imprescindible de la cultura argentina de la primera mitad del siglo XX.
A partir de la publicación en 1910 de “Los gauchos judíos” (donde se retrata la integración de los inmigrantes en la cultura nacional), Gerchunoff comenzó un camino ascendente dentro de las letras latinoamericanas que lo llevaría a codearse con escritores de la talla de Marcel Proust, Stefan Zweig y Ramón Valle Inclán.
Pero su importancia no solo radica en sus obras como “Entre Ríos, mi país” o “El hombre que habló en la Sorbona”, sino también por su intenso trabajo como cronista y periodista en los principales diarios del país, siendo uno de los impulsores de la renovación en la escritura de noticias.
“El rol fundamental de Gerchunoff dice mucho sobre él, pero también sobre una apertura, un interés en las obras que narraban la diversidad”, explica la investigadora y docente Mónica Szurmuk, autora de este trabajo editado por el sello Sudamericana.
“Gerchunoff publica las primeras crónicas sobre las colonias judías del litoral en el diario La Nación en 1908 y ‘Los gauchos judíos’ fue publicado por invitación de Leopoldo Lugones en celebración del centenario de la Revolución de Mayo. Es inimaginable algo similar en otros países latinoamericanos o en países que recibieron inmigración masiva como los Estados Unidos o Canadá. Entender a Gerchunoff es entender el campo literario argentino de la mitad del siglo XX y también la inserción de la cultura argentina en el mundo”.
Szurmuk es doctora en Literatura Comparada por la Universidad de California (San Diego) e, investigadora del Conicet, y también autora de “Mujeres en viaje” (2000) y “Miradas cruzadas: Narrativas de viajes de mujeres en la Argentina 1850-1930” (2007).
—¿Por qué biografiar a Alberto Gerchunoff?
—A través de la figura de Gerchunoff podemos entrar a una variedad de mundos: el de la prensa, de la literatura, de la política, de la comunidad judía y de la diplomacia. La vida de Gerchunoff nos permite reflexionar sobre la Argentina y el mundo en la primera mitad del siglo XX. En esta biografía se habla de las dos guerras mundiales, la guerra del Chaco, la Ley Sáenz Peña, la inmigración masiva, el Holocausto, la fundación del Estado de Israel, la escuela pública, las colonias inmigrantes. Pero el eje a través del cual se mira todo es la vida de un niño que llegó al país a los siete años y logró sentarse a la mesa con las figuras más importantes de la cultura y la política argentina y latinoamericana.
—¿Cuál cree que es la importancia de Gerchunoff tanto en el terreno literario como en el ejercicio del periodismo?
—La construcción de los cánones literarios siempre implica una selección que ensalza a algunos escritores y escritoras y condena a otros al olvido. “Los gauchos judíos” transformó a Gerchunoff en bestseller en la década de 1910 y luego en un autor obligado en programas escolares, pero el resto de su obra ha permanecido olvidada. Sin embargo Gerchunoff era un escritor y un periodista importante, que se codeaba con los autores fundamentales del campo literario argentino e internacional. Le dio difusión en la Argentina a escritores y escritoras centroeuropeos y de la literatura idish. Pero además era un lector apasionado de la literatura española y de la latinoamericana. Y fue el primero en invitar a Borges a publicar poesía en castellano en la Argentina cuando Borges volvió de Europa.
—¿Cuál es la marca que dejó Gerchunoff en el periodismo nacional?
—Fue un periodista nato. Dirigió un diario en Chascomús antes de cumplir 20 años. A los 21 era director de “El censor”, y en 1910 asumió la dirección de “El orden” de Tucumán. Todo esto mientras seguía colaborando con La Nación y La Vanguardia. La habilidad narrativa de Gerchunoff transformaba eventos policiales en historias humanas. Además publicó columnas de opinión donde se discutían los fenómenos culturales y sociales del momento. Una de sus marcas es su compromiso periodístico para iluminar las injusticias de su tiempo. Hace esto con causas de lo más diversas: la ocupación estadounidense en Nicaragua, la República española, la discriminación contra los negros en los Estados Unidos, el fascismo en la Argentina y, por supuesto, la violencia nazi en Europa. Cuando en 1927 se le encarga la creación de “El Mundo” convocó un grupo de periodistas extraordinarios, entre los que estaban Roberto Arlt, Leopoldo Marechal, Conrado Nalé Roxlo, Francisco Luis Bernárdez. Para la sección “carreras” contrató a un poeta, para “policiales” a un cuentista. El Mundo era un diario moderno, con fotografías, corresponsales en las capitales latinoamericanas y europeas. En los primeros números aparecieron artículos sobre el sufragio femenino escritos por las feministas Elvira Rawson y Julieta Lanteri.
—¿La desmesura a la que se refiere el título tiene relación con el rol de Gerchunoff en la cultura argentina, casi como suerte de gestor de aquellos tiempos?
—Creo que lo que se nota en Gerchunoff y que es parte de su desmesura es que todo está relacionado: no hay mucha separación entre la literatura, el periodismo, la política y la gestión cultural. Los intelectuales refugiados de la Guerra Civil Española se recomendaban unos a los otros ir a buscar a Gerchunoff al diario apenas bajados del barco. Muchos recordaban años después que la primera cena en Buenos Aires se las había pagado Alberto Gerchunoff. Gerchunoff participó en la creación de asociaciones entre ellas la Sociedad Argentina de Escritores (Sade) y la Sociedad Hebraica Argentina, fue político y candidato a diputado. Fundó bibliotecas, dio cursos y además hizo campaña por toda América Latina para conseguir votos en la ONU para la creación del Estado de Israel.
—La adopción del castellano como lengua literaria es un eje clave en su obra. ¿Cómo se explica la renuncia de su lengua natal, el idish?
—Es un tema crucial. Él renuncia al idish de joven porque apuesta todo a un futuro argentino. Luego, cuando ve que el mundo de Europa oriental se acaba, lamenta haber perdido la lengua materna. Escribe un texto desgarrador en 1936 hablando de la nostalgia de gueto. Dice que va a un café de Corrientes a escuchar el idish, a ver los personajes del mundo que está por acabarse. Y esto lo dice antes de la Segunda Guerra, antes de que en el Holocausto se destruya por completo el mundo del idish en Europa oriental. Sin embargo “Los gauchos judíos” es un libro lleno de palabras transliteradas del idish. De esto se ha hablado muy poco porque la versión para las múltiples ediciones del libro fue la publicada en 1936, que es un texto más castellanizado, donde la mezcla con el idish se borra.
Gerchunoff, entre la inmigración judía, el periodismo y Borges
26/Jun/2018
El Litoral, Santa Fe (Argentina)