Pilar Rahola: «En nombre de la libertad coartamos la libertad»

18/Jun/2018

El País- por Fernán Cisnero

Pilar Rahola: «En nombre de la libertad coartamos la libertad»

Lo suyo es el perfil alto y eso la ha convertido en una de las grandes
polemistas de Iberoamérica. Es una defensora del independentismo catalán,
combatiente contra el radicalismo islámico y, ahora, en su nuevo libro, S.O.S.
Cristianos, analiza la persecución sistemática contra cristianos en muchas
partes del mundo. Para presentarlo estuvo en Uruguay invitada por la fundación
Keren Kayemet Leisrael. Y además charló con El País.
—Usted no es creyente…
—No. Pero denunciar una persecución masiva y organizada contra cristianos
en muchas zonas del mundo, lo tenía que hacer alguien que no fuera creyente.
Siempre pensé que la lucha contra el antisemitismo no era cosa de judíos, sino
de no judíos. Y denunciar que hay quienes están siendo perseguidos por llevar
una cruz o creer en el mensaje de Jesús, tiene que hacerlo alguien que no tenga
esa fe.
—Entonces, no es un libro religioso.
—No, ni tampoco de trascendencia espiritual. Es un libro de derechos
humanos desde una perspectiva ética. Hay gente que por su derecho de creencia,
que es un derecho fundamental, puede morir. No soy creyente, pero que le tiren
ácido en el brazo a un niño copto porque tiene una cruz tatuada se vuelve mi
problema.
—Los datos que maneja son contundentes.
—La oleada de mártires más importantes del Cristianismo desde el tiempo de
las catacumbas ocurre en el siglo XXI. La comunidad religiosa más perseguida
del mundo es la cristiana. ¿Quién lo diría?
Si el cristianismo en su versión
católica, protestante u ortodoxa es una religión de poder en Occidente, ¿cómo
es posible que se haya convertido en una religión perseguida? Hay 300 millones
de cristianos perseguidos de manera se-vera, muy severa o directamente
muriendo.
—¿Por qué?
—Estamos hablando mayoritariamente de colectivos cristianos en las capas
sociales más pobres de sus países (Irán, Afganistán, Egipto) o que si no son
pobres, son segregados. Estamos hablando —a excepción de Corea del Norte y la
India— de países islámicos donde el islamismo radical se ha vuelto el relato
dominante y puso su mira en los cristianos. Primero la puso en los judíos. Un
líder jihadista decía con mucha claridad: «hemos acabado con el sábado,
vamos a acabar con el domingo». Así que si eres un filipino católico que
trabajas en los trabajos más pobres y como semiesclavo en Arabia Saudita, no
podrás hacer nada que refiera a tu creencia aun en tu propia casa. El precio es
la cárcel, la tortura, la muerte o el exilio. Allí, hay millón y medio de
filipinos, etíopes y eritreos que tienen negado su derecho de fe.
—Dedica el capítulo final a la intolerancia hacia los cristianos en Occidente.
—Puedo entender que las jerarquías católicas hayan cometido errores a lo
largo de la historia y con escándalos tan importantes como el de la pedofilia.
Y que la Iglesia Católica sea vista como un factor de poder y de represión.
Pero una cosa es la jerarquía y algo muy distinto, la fe religiosa. Tengo la
convicción de que lo políticamente correcto se volvió un elemento tanto de
cristianofobia como de antisemitismo. Lo políticamente correcto es muy bueno
para levantar en la sociedad derechos que habían sido diezmados: me gusta que
sea muy incómodo ser misógino y homófobo. Pero está de moda poner el dedo en la
llaga del cristianismo y a veces con lo políticamente correcto acabamos
coartando la libertad de expresión de los cristianos. Tengo una amiga que me
dice que en Barcelona se esconde la cruz porque no está de moda. Ese
«escondo la cruz» es preocupante porque en nombre de la libertad
estamos coartando la libertad. ¿Por qué motivo en nuestras sociedades está de
moda reírse, hacer bromitas sobre el cristianismo pero no sobre el Islam? ¿Qué
pasa? ¿Hay miedo? Meterse con cristianos y con judíos es gratis, pero hacerlo
con el Islam es más complicado.
—En ese sentido, el capítulo final es más cercano a los lectores de por
acá…
—No creo que lo otro sea tan lejano. Ustedes tienen la triple frontera
cerquita, vayan preocupándose. Me horroricé con las declaraciones de José
Mujica hablando del tema sirio y la banalización que hizo de una dictadura
atroz que además ha sido responsable de exportar el terrorismo a través de
Hezbollah. Hoy, con el eje bolivariano podemos tener a Hezbollah en la triple
frontera. Y parece que acá no les preocupa. Es muy probable que actos de
violencia derivados de la trama que se ha creado allí no ocurran a corto plazo,
eso no evita que se cree una logística que va a sustentar el terrorismo. Hasta
2001, los grandes blanqueadores de dinero para la yihad eran bancos europeos y
a partir de los ataques a las torres gemelas, probablemente todo eso se
blanquee en la Triple Frontera. América del Sur se ha vuelto una tierra fértil
gracias a que Chávez puso un puente aéreo a Teherán a través del cual viene la
Guardia Revolucionaria y te llenan el continente. Y cuando oigo a Mujica
banalizando completamente este tema y diciendo «bienvenidos sirios»,
pienso que ustedes están jugando con fuego como si esas bombas de tiempo no
fueran a estallar. Claro que bienvenido cualquier ciudadano musulmán porque
somos sociedades plurales y los dioses deben respetarse, pero no bienvenidos
los ideólogos del mal; quieren destruir la democracia.
—Cuando usted habla de cristianofobia también en Occidente pensé en una
manifestación por el Día de la Mujer en que se tiraron bombas de pintura contra
la imagen de la Virgen María y una iglesia…
—Eso es cristianofobia sutil.
—Ok. Pensaba si eso no es una muestra de la intolerancia y crispación de
la sociedad, más allá de lo religioso.
—Lo políticamente correcto tiene doble filo: defiende causas justas, pero
es intolerante con las causas que no considera justas. En lo políticamente
correcto está la causa palestina, donde todos son buenos, Hamas es bueno, el
terrorismo es bueno, los misiles son buenos porque es una causa justa. Israel
es una causa mala y por eso todo es malo y por lo tanto es criminali-zado. Lo
políticamente correcto se volvió una forma de pensamiento único donde todo es
maniqueo y todo es simplificado. Y así somos más intolerantes con la fe
religiosa, con los conservadores, con los tradicionalistas.
—Es que algunas de las causas de lo políticamente correcto son temas en
los que la Iglesia católica está muy opuesta.
—Pero la Iglesia tiene derecho a estar en contra. ¿La democracia no puede
aguantar que un cura esté en contra del aborto? ¿Perdón? Tiene todo el derecho
a estarlo, a decirlo y a defenderlo.
—Pero sucede que se termina, como su amiga catalana, escondiendo la cruz
para evitar a la policía de lo correcto.
—Entonces tenemos un problema con la libertad. Ciertamente nuestra
sociedad es más tolerante con muchas cosas, incluso con algunas que no tendría
que serlo. Por ejemplo la tolerancia de Mujica hacia el terrorismo. Nunca
entenderé que en nombre de la justicia social, por ejemplo, se defienda a
Venezuela, un país autocrático, con presos políticos y con una represión tan
brutal. Hay izquierdas, y en Uruguay el Frente Amplio tiene mucho de eso, que
repiten los esquemas de los 60. En la diatriba entre Sartre y Camus, yo estoy
con Camus; Sartre defendió Pol Pot y Camus le dijo, no, en nombre de la
libertad, Pol Pot no. ¿Mujica es Sartre o Camus? O sea ¿Videla, no, pero Fidel,
sí? ¿Franco no (claro que no si hasta mataron a gente de mi familia) pero
Stalin, sí? ¿Es que estamos locos?
—Pero ese maniqueísmo, ¿no se ve en otros temas?, por ejemplo en uno en el
que usted estuvo muy comprometida como el independentismo catalán.
—Tienes razón, ese se volvió un tema maniqueo. España hizo algo terrible
que fue no querer que los catalanes votáramos y para ir contra de las urnas,
solo se hace con represión. Y hoy hay presos políticos y exilio. Los siete millones
y medio de catalanes tenemos derecho a votar nuestro destino porque somos una
nación milenaria. Y lo que ha conseguido España es que haya más
independentismo. Y además, todos los que somos gente que públicamente nos hemos
pronunciado por el independentismo hemos sido demonizados.
—En ese sentido, cuando pongo «Pilar Rahola» en Google
aparecen….
—Cosas terribles, sí, sí…
—Usted siempre está en un perfil alto, lo que la convierte en un blanco
fácil.
—El perfil alto te mata. Diariamente tengo insultos y distorsiones. El
debate entre Cataluña y España sufre el mismo mal que los grandes debates: en
vez de discutir sobre conceptos y argumentos, matamos al mensajero, lo
insultamos, lo despreciamos. He decidido no entrar en esa guerra, que hagan lo que
les dé la gana. Ser líder de opinión te crea eso.
—Es que usted siempre polemiza en temas fuertes.
—Sí, porque me hago preguntas y la mayoría de la gente solo se hace
consignas. Uno tiene que mirarse al espejo y estar convencido que hace lo
correcto y luego equivocarse pero desde la honestidad.
—¿Cuál es su opinión de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén?
—Estoy absolutamente a favor. Era una decisión que estaba tomada por parte
del gobierno de Estados Unidos desde la época de Clinton o antes y Clinton no
tuvo lo que había que tener para asumirla. Y Obama, igual. ¿Quién puede
discutir que un pueblo que está allí hace 5.000 años no puede considerar
Jerusalén como su capital? ¿En qué momento, Jerusalén ha sido tierra islámica?
Es mentira: Jerusalén no sale nombrado nunca en el Corán. Mahoma tiene un sueño
en el que va a un templo y un ulema del siglo XVIII decide que ese templo es
Jerusalén. Que Estados Unidos diga «vamos a ser serios, no me discutan la
capital», me parece que era algo que había que hacer. Y de eso no se
vuelve atrás. Ya está hecho, como está hecho el principio de pacto con Corea
del Norte. Como está hecho que Irán vuelve a ser un problema serio porque sí
está en una carrera nuclear.
—Es entonces un acierto de Trump.
—Resulta que el tipo más loco del planeta, el histrionista raro, el
showman de televisión, el tal Trump, hace cosas de política internacional muy
interesantes. Y alguien a quien ninguno de nosotros hubiera votado, quizás era
lo que se estaba necesitando. A mí no me gusta Trump, pero me ha gustado lo de
Corea del Norte y me gusta que le ponga el dedo a Irán.
—Mire que le gusta ir contracorriente.
—Para ayudar a pensar para romper los esquemas prefabricados. A mí Trump
me horroriza, porque es misógino y es un payaso, tengo tantos motivos para
odiarlo, pero como siempre busco la complejidad, no simplifiquemos a Estados
Unidos, su democracia y a Trump. Lo mío son ganas de que nos hagamos preguntas.
Vamos a mirar la realidad que es mucho más complicada.
Una europa llena de miedos
Europa está en un momento complicado con el crecimiento de la ultraderecha
en Italia, Hungría, Austria…
—Y en Alemania está mucho más controlado, pero ahí hay un movimiento
importante. Tengo la convicción de que Euro-pa es un continente herido en pleno
naufragio que ha perdido completamente la dirección. Y eso pasa realmente desde
Auschwitz. Un continente que prepara una industria de exterminio contra todo un
pueblo y que además tiene las dos ideologías más sanguinarias de la historia
(el nazismo y el stalinismo), difícilmente puede construir su futuro con
tranquilidad. Europa está muy herida por sus errores del pasado, eternamente
asustada porque además estuvo en el centro del eje económico, que era el
Atlántico y que ahora se ha desplazado hacia el Pacífico. Tenemos una sociedad
que en los valores no sabe bien lo que quiere, muerta de miedo por perder el
estado de bienestar y con la emigración y secuestrada por populismos de
izquierda y de derecha, cada vez más fuertes. Y ahí los que defendemos esas
democracias liberales, que en definitiva ha sido lo mejorcito que hemos
conseguido, estamos bastante preocupados.