Este viernes se llevó a cabo en Tel Aviv la
Marcha de Orgullo Gay, un evento que hace años ha cobrado carácter
internacional, en el que esta vez participaron aproximadamente 250.000
personas, entre las cuales hubo numerosos turistas llegados especialmente del
exterior debido al renombre de Tel Aviv como ciudad abierta y pluralista.
Esta es una buena ocasión para compartir
una entrevista que realizamos recientemente con Ofer Erez, hoy director del
centro comunitario de la comunidad LGBT, quien hizo historia años atrás al
convertirse en el primer oficial transexual de las Fuerzas de Defensa de
Israel.
Ofer Erez (24) resolvió dejar su cargo en
las Fuerzas de Defensa de Israel, donde sirvió varios años como oficial y tuvo
un aporte significativo en el área elegida, para ayudar a una lucha que a su
criterio, debe ser de la sociedad toda. Partiendo de su experiencia como
transexual, comenzó recientemente a desempeñarse como Director Ejecutivo de la
«Casa Abierta», el centro comunitario de la comunidad gay de
Jerusalem que funciona desde hace 21 años
Ofer llega al cargo, precedido por una
tarjeta de presentación con la que ya ha hecho historia: fue el primer oficial
transexual en las Fuerzas de Defensa de Israel.
Nació en el kibutz Dor en el norte de
Israel en el seno de una familia que lo comprendió y siempre supo darle apoyo.
No recuerda haberse sentido jamás como mujer. Desde que tiene memoria, aunque
su cuerpo decía otra cosa, se sentía varón.
Este es su impresionante relato.
P: Ofer, aunque tienes una gran
responsabilidad como Director de la «Casa Abierta», creo que tenemos
que comenzar por tu vida misma, por lo que has vivido en carne propia. Aunque
imagino que cada caso es un mundo, creo que dentro de la comunidad gay, el ser
transexual es lo más difícil. Es sentir que te encuentras en un cuerpo
equivocado ¿verdad?
R: Exactamente. Te diré que mis padres me
contaron que ya a los dos años pedí que me rapen totalmente, y a los 5 años les
dije que no estoy me pondré ni polleras ni vestidos ni nada similar.
P: De niños se es muy directo. ¿Decías
«quiero ser un varón»?
R: Por supuesto. Así me contaron mis
padres. Pero también recuerdo que entendí yo solo que hay determinados
pensamientos que es mejor que me guarde para mí.
P: Y de niño-mejor dicho niña- ¿no te
preguntabas cómo podrás hacer una magia para convertirte en varón?
R: Claro que sí. Es que no tenía respuestas
para todas mis preguntas. Recuerdo que cuando tenía unos 14 años entendí que
existe la opción de hacerlo. No entré en detalles sobre el procedimiento, pero
entendí que se puede. YA sabía cómo podría convertirme en hombre pero la única
solución en la que podía pensar era desaparecer por un tiempo en algún país
lejano, simular mi muerte para desconectarme de todos y comenzar con otra
identidad en otro lado.
P: Te llegó a pasar eso por la mente…Qué
duro. ¿Cómo reaccionaron tus padres cuando les contaste?
R: Muy bien, con mucho apoyo. Mi mamá lloró
un poco y me dijo que no quiere que tenga una vida difícil.
P: Pensó en ti…
R: Así es. Eso fue clave. Aprendí cuán
importante es que los padres sepan alentar al hijo que les plantea el tema, que
sepan decirle «todo va a estar bien».El hecho que un joven sale del
armario como homosexual, bisexual o transexual, no significa que por eso debe
tener su vida arruinada. Si los padres lo apoyan, si se ocupa de que lo traten
bien y de que no lo molesten, de que pueda vivir con normalidad, si su pareja
puede llegar a la cena del viernes de noche, no tendrá una vida difícil. Si lo
rechazan, sí tendrá una vida difícil.
P: ¿Te has preguntado por qué estás en esta
situación, si es algo biológico, emocional, de qué índole?
R: Yo creo que es algo biológico, pero no
soy científico. Lo que cuenta acá es que es una sensación con la que vivo desde
que tengo memoria. No es algo que puedo cambiar. Sin esto, no soy yo. Es algo
muy básico. Cuando un bebé nace le dicen a la madre «felicitaciones,
tienes un varón» o «tienes una nena».Y a mi madre le dijeron
algo equivocado. Yo no tengo dudas de que es algo con lo que uno nace. Nadie
dice un buen día «bueno, quiero tener una vida difícil, odiar mi cuerpo,
entrar a un proceso largo y agotador para ser lo que siento que soy aunque mi cuerpo
dice otra cosa».
P: ¿Desde cuándo pudiste decir «soy un
varón» en forma plena, no solamente por tu sensación interna?
R: Desde siempre, pero creo que comencé a
decirlo en voz alta a los 16 años. Mi comportamiento nunca cambió, siempre
actué igual. Pero es cierto que hay gente que en determinado momento, cuando
hace el cambio, se permite empezar a actuar como realmente lo sienten. Es como
si se abriera la mariposa.
P: ¿Nunca hubo momentos en los que te
sentías una chica?
R: No me parece, no. Pero sí siento que
tuve el privilegio de ser la mejor amiga de mis amigas, o sea que pude ver
cosas desde otro punto de vista, que un varón no ve.
P: Y que ahora te pueden ayudar.
R: Espero que sí. Espero que eso me haya
hecho más sensible. Con toda la dificultad que esto trae, entonces al menos que
salga algo bueno de ello. Esas amigas me permitieron ver algo de lo que siente
una mujer.
EL DESAFÍO DEL SERVICIO MILITAR
P: A los 18 años, como lo determina la ley,
los jóvenes israelíes se enrolan al servicio militar obligatorio. Para ti,
abordar esa etapa era todo un desafío.
R: Así es. Yo ya había salido del armario a
los 16 años, al contarles a mis padres y a mis amigos que de hecho yo me sentía
un varón. De a poco fui permitiéndome en diferentes círculos vivir como quería.
Pero temía que el ejército no lo aceptara. Me era muy importante enrolarme.
Crecí en un hogar muy sionista, así que me era importante hacer un servicio
significativo. Pero tenía miedo.
P: No tenías ni idea de cómo podrían
reaccionar cuando te presentes y digas lo que sientes.
R: Exacto. Es que además, hace 7 años,
cuando yo entré, no había regulaciones claras al respecto, no había órdenes
precisas. Al final decidí contar a las autoridades oficiales pero no decirlo
abiertamente a todos. Así que llegué a mi unidad como soldada y la verdad es
que no sólo me llamaba Ofer como ahora, sino que me veía igual, solo que sin
barba. Y no sabía cómo sería, porque siempre uno sabe que en el ejército conoce
tipo de gente con la que antes no había tenido ningún contacto. Pero eso fue
justamente lo bueno, que todos éramos distintos.
P: ¿Todo funcionó bien?
R: Casi. El único pedido especial que tuve
fue que me den uniforme de varón. No son tan diferentes, pero si uno viste
uniforme de mujer, pues todos te ven como mujer. Y yo desde los 5 años no usaba
ropa de mujer, así que no tenía por qué empezar justo en el ejército. Era
simplemente una cuestión de sentirme cómodo conmigo mismo. Cuando llegué a la
tironut, el entrenamiento básico, hablé con mi comandante y le conté. Era una
chica de 19 años, o sea solamente un año más que yo. Le conté que soy
transexual, que me es importante hacer un buen servicio. Me imagino todas las
preguntas que ella tenía en la cabeza. Pero lo único que me preguntó fue
«¿qué precisas? ¿En qué puedo ayudar?». Y le contesté: «preciso
uniforme de varón». Me prometió fijarse. Fue a averiguar y volvió a
decirme que lamentablemente no tiene cómo darme uniforme de varón, pero que se
les ocurrió una solución creativa, uniforme de trabajo, que en el ejército es
unisex. Así que quedó resuelto el problema.
P: ¿Cómo planteaste el tema ante el
ejército?
R: No recuerdo las palabras exactas pero
más o menos fue algo así: «Hola, me llamo Ofer, verán que en la cédula
dice que soy mujer pero soy transexual o sea que me siento hombre. Vivo como
hombre, así siento mi vida y así quiero seguir viviendo mi vida. Para mí, lo
que pasó fue una especie de falla biológica, la voy a arreglar. Pero mi
servicio militar lo quiero hacer tal cual vivo, como hombre».
P: Una declaración firme y muy fuerte. ¿Y
qué te dijeron?
R: Fueron muy profesionales. Puedo decir
que en el 99% de los casos estuvieron muy bien. La única falla fue que uniforme
de varón no lograron darme.
P: Con eso volvemos a la parte exterior,
pero lo más importante es que durante su servicio militar te convertiste en
hombre.
R: Sí. La verdad es que siempre tuve
aspecto de nene, pelo corto y ropa de varón. Cuando llegué al ejército ya tenía
aspecto de varón, lo cual me ayudó evidentemente ya que la sociedad está
acostumbrada a estructuras, a casilleros. Y yo entré cómodamente en la que
precisaba. Si mi aspecto hubiese sido otro, quizás todo habría sido distinto.
Además mi trasfondo era bueno, venía con mucha motivación, de un hogar sionista
kibutziano, con buenos estudios terminados, un buen paquete. Si hubiera venido
de un trasfondo más desafiante, una familia que da menos apoyo y con otro
aspecto, quizás me hubieran tratado de otra forma.
P: Es una suposición.
R: Sí, claro, pero es algo que vemos en la
sociedad. Quien se ve distinto tiene más problemas. Especialmente transexuales
mujeres, aunque no solamente. Pero puede pasar que si una es una mujer trans
pero nació como hombre, en la adolescencia tendrá manos más grandes, hombros
más anchos. Ese tipo de situaciones lleva a más violencia y discriminación
porque la persona se ve distinta de como otros esperan. En mi caso, yo podría
entrar al barrio ultraortodoxo de Mea Shearim, pero ahí la gente no sabrá que
me odia, porque no me reconoce como nada raro.
P: Tu propio proceso de cambio de sexo fue
durante tu servicio militar…
R: Sí, pero cuando llegué al ejército les
dije que no tengo interés en pasar ningún proceso de cambio en el marco del
ejército y que simplemente quiero enrolarme al mejor cargo que pueda
desempeñar. En realidad, pensé que al ejército le resultaría difícil lidiar con
el cambio mismo y prefería postergarlo para después de mi servicio militar.
P: ¿Te refieres a una operación? ¿A
tratamientos especiales?
R: No necesariamente. Ser transexual no
quiere decir que uno tiene que tomar hormonas o pasar una operación. Hay
quienes sí optan por hacer los cambios fisiológicos y otros que no. También hay
todo tipo de cambios y procesos que se puede pasar. Yo realmente quería empezar
a tomar hormonas pero eso lleva a que crezca la barba y si yo entraba al
ejército como soldada mujer, no podía tener barba. Cuando decidí, tiempo
después, salir al curso de oficiales, sentí que no quería que haya ningún
secreto y que quiero poder ser plenamente abierto y sincero con mis soldados,
ya que considero que esa es la forma de desarrollar buenas relaciones. Así que
después que conté en el curso, entendí que podía comenzar con las hormonas. Y
fue bueno que ya no haya secretos. Pude empezar a vivir como hombre también en
el ejército.
P: ¿Y cómo reaccionaron tus compañeros en
el curso de oficiales?
R: Excelente. Creo que hay dos cosas en las
Fuerzas de Defensa de Israel que hicieron esto posible. En primer término, hay
en Tzahal valores muy claros que determinan cómo debemos comportarnos como
comandantes. Y como tales, sabemos que nos toparemos con gente muy distinta de
nosotros, que llegan de otros trasfondos y costumbres culturales quizás con
quienes tenemos que aprender a trabajar. Y en segundo término, en el ejército
todos tienen claro que no importa de dónde llegas y quién eres, sino que lo
principal es la misión a cumplir.
P: De aquí viene la tolerancia.
R. Lamentablemente hay que decir que las
Fuerzas de Defensa de Israel es uno de los sistemas más tolerantes de la
sociedad. Ojalá que el Ministerio de Educación, el de Bienestar Social y el de
Salud Pública fueran más tolerantes que el ejército, pero el ejército va
adelante en este sentido.
LUCES Y SOMBRAS EN EL SISTEMA
P: En determinado momento quisiste cambiar
el registro en tu cédula. ¿Cómo fue?
R: Sumamente difícil, muy confuso, mucha
burocracia. Hace ya 4-5 años que estoy con hormonas, la Cancillería me ha
enviado a misiones especiales de esclarecimiento en el exterior a contar cómo
Tzahal incorpora a los trans, pero recién hace dos semanas logré cambiar la
cédula en el ministerio del interior. Fijate que viajé a Estados Unidos a
contar cuán avanzado es Tzahal, pero en el pasaporte todavía decía que soy
mujer.
P: ¿Dónde está el problema?
R: En la actitud conservadora. Sabiendo
quién es el ministro, se entiende gran parte.
P: Arye Deri, del partido haredi sefaradí
Shas.
R: Así es. ¿A quién le tiene que importar
qué soy yo? Eso sólo puede causar problemas. Si en la cédula dice algo distinto
de cómo me veo y tengo que presentarla por ejemplo si busco trabajo, me están
obligando en la práctica a salir del armario ante quien no tengo por qué
contarle nada personal.
Te diré que creo que la sociedad también
tiene un papel aquí a jugar. Si la sociedad sabe aceptar mejor a cada uno, con
una actitud abierta, entonces quien está en una situación así puede no sólo
andar angustiado y sufriendo sino dedicarse a buscar soluciones para poder
vivir una vida feliz y productiva normal.
P: ¿Hay luces y sombras en la actitud del
sistema, de los ministerios?
R: El Ministerio de Educación comienza gradualmente
a hacer en los liceos talleres sobre sexo, género y sexualidad. Y hay que
hablar con los niños, para que sepan que «homo» no puede ser un
insulto, y los maestros deben intervenir si lo oyen. Hay muy poco, pero empieza
a introducirlo. El tema es también si cuando se habla de sexualidad, es sólo
heterosexual. Creo que el Ministerio de Educación tiene que hablar más de
tolerancia. Eso es clave. Los propios maestros tienen que aprender.
P: ¿Se ha avanzado algo con ellos? ¿Están
tendiendo puentes?
R: Sí, estamos trabajando con ellos. En
Jerusalem tenemos un proyecto educativo bastante nuevo, de hace dos años, en
cuyo marco entramos a los liceos a hacer una actividad. Es un paso adelante.
Participan cientos de alumnos por año.
P: ¿Qué esperas del gobierno?
R: Creo que la actitud del gobierno es
clave en todo esto. Si hay un evento homofóbico, quisiera oír al Primer
Ministro condenando como condena un atentado terrorista. Lo hizo cuando fue
asesinada Shira Banki en la marcha gay pero si tiran piedras a un restaurante
de dos lesbianas, también tiene que hablar. Si tiraran a una sinagoga, sí
hablaría. Y yo creo que crímenes de odio son todos, hay que ponerlos al mismo
nivel. Las cosas han mejorado, pero aún no lo suficiente. Creo que se necesitan
cambios dentro de las comunidades. Los asistentes sociales deben educar a los
maestros, a los médicos, explicar. Hay que llegar a los centros comunitarios y
hablar con los padres. Hay que hablar con quienes pueden garantizar que las
comunidades, los marcos en los que uno vive, sepan aceptar a cada uno como es.
LA LUCHA EN JERUSALEM
P: Ofer, terminaste tu servicio militar
para dirigir la «Casa Abierta» de Jerusalem. O sea que no te
contentaste con estar más pleno contigo mismo después del cambio, sino que
quiere luchar también por los demás. ¿En qué consiste esta lucha?
R: Es una lucha que en Jerusalem tiene una
dimensión especial. Uno siempre puede escaparse a Tel Aviv, pero yo no quiero
que la gente tenga que irse. Quiero que cada uno pueda ser lo que es, donde quieren
serlo. No hay que dejar el lugar en el que uno vive, para poder ser gay. Y
nuestro rol aquí es hacer posible que la gente venga a un lugar en el que se
sienta segura. Y también lograr que Jerusalem sea una ciudad en la que gays
puedan sentirse más cómodos y que por ejemplo una pareja del mismo sexo pueda
ir de la mano por la calle. No me parece que sea nada exagerado.
P: Y sin duda, lo que en Tel Aviv es muy
común, por ser una ciudad muy abierta, en la más conservadora Jerusalem, donde
hay muchos religiosos, choca más.
R: Exacto. Creo que la lucha de la
comunidad gay va mucho más allá del tema de derechos por ley. Es una lucha por
el diálogo público, en la calle, las escuelas, la policlínica. Quiero ir al
médico y recibir un trato respetuoso aunque soy trans. Y que se trate con
respeto a un homosexual en la emergencia. Y que en la escuela decir
«homo» no sea un insulto. Y que una pareja de lesbianas puedan ir de
la mano por la calle. Y que si una trans entra a una tienda de ropa, no se rían
de ella. Eso es un tema de ambiente general, de no de derechos formales.
P: Si vas al médico necesariamente tienes
que decir que eres trans.
R: Claro, es una información relevante.
Tengo que decir por ejemplo que yo tomo testosterona.
P: Son dos mundos sin duda Tel Aviv y
Jerusalem. Se ve también en la marcha de orgullo gay…en Jerusalem es mucho
más conservadora. Aquí la gente camina, no hay carrozas con gente medio
desnuda.
R: En Tel Aviv es una fiesta en la que se
exterioriza mucho y se celebra lo que cada uno quiere ser, en forma
declaradamente extrovertida. Una vez al año, no me molesta. En Jerusalem es una
protesta. Se lleva a cabo desde hace 17 años. En Tel Aviv, la municipalidad lo
financia, lo cual creo que es una gran cosa. En Jerusalem lo financia la Casa
Abierta porque es una manifestación.
P: ¿Qué dirías que tiene de especial la
Casa Abierta?
R: Aquí todos están invitados, hay árabes,
palestinos, ultraortodoxos, religiosos, seculares, inmigrantes de diferentes
orígenes. Hay grupos especiales para jóvenes árabes y para jóvenes religiosos
ultraortodoxos. Y a nadie le importa de qué sector es cada uno .Están aquí
todos juntos porque aquí se destaca lo que nos une, no lo que nos separa.
P: ¿Qué relación tienen con la Muncipalidad
de Jerusalem?
R: En los últimos años ha habido una gran
mejoría en la relación con la municipalidad, con sus representantes
profesionales. Por ejemplo, una de nuestras profesionales que trabaja con
nuestros jóvenes, es enviada por la Intendencia, que entiende que aquí se hace
una labor importante que puede evitar que se conviertan en jóvenes en riesgo.
Eso es importantísimo.
El testimonio del primer oficial transexual del ejército israelí
11/Jun/2018
Montevideo Portal- por Ana Jerozolimski