Atomwaffen Division: los crímenes de los adoradores de Hitler y Manson

06/Feb/2018

El País, España, Por Jan Martínez Ahrens

Atomwaffen Division: los crímenes de los adoradores de Hitler y Manson

El grupúsculo neonazi Atomwaffen Division
ocupaba un espacio mínimo en la vitrina policial. Durante un tiempo se le
consideró más una rareza que un peligro. Tan solo un embrión de los cientos que
pululan en la ultraderecha estadounidense. Eso fue hasta el 19 de mayo pasado.
Ese día, a las 17.29, la policía de Tampa (Florida) recibió la llamada de un
comercio que les alertaba de que un joven armado amenazaba con matar a los
clientes. “Denme un motivo para que no les dispare”, había gritado. Era Devon
Arthurs. Un chico escuálido, que apenas ofreció resistencia a su detención,
pero que al ser interrogado puso en guardia a los agentes. Arthurs contó que
acababa de matar a tiros a sus compañeros de piso Jeremy Himmelman, de 22 años,
y Andrew Oneschuk, de 18, y que ambos estaban planeando un ataque terrorista
contra una central nuclear del sur de Florida. Los policías, viendo el arma
semiautomática en la mano de aquel chaval, salieron disparados a la vivienda.
Ahí iban a descubrir la trastienda de una organización que adora a Adolf Hitler
y se postra ante Charles Manson y las armas atómicas.
Cuando los agentes llegaron al piso, se
encontraron llorando en la puerta a un cuarto compañero, Brandon Russell, de 21
años. Ya dentro hallaron los cadáveres; y en un garaje próximo, munición,
detonadores eléctricos, precursores como el nitrato de amonio, y el bien
conocido HMTD (hexametileno triperóxido de diamina), un material altamente
explosivo.
La sorpresa no terminó ahí. Arthurs explicó
que había militado en un abismal movimiento llamado Atomwaffen Division y que
al convertirse al salafismo, sus compañeros de piso, miembros de la
organización, le habían rechazado y hostigado hasta que él los liquidó. Pero
eso no fue lo que más inquietó a los agentes.
Russell, el joven con el que se habían
topado en la puerta, fue reconocido como un miembro de la Guardia Nacional de
Florida. En su habitación guardaba propaganda nazi, panfletos supremacistas y
una gran foto de Timothy McVeigh, el ultraderechista que en 1995 mató a 168
personas con un camión cargado de nitrato de amonio en Oklahoma. También era el
dueño de los explosivos y, como después se descubriría, el fundador de
Atomwaffen Division (división de las armas atómicas, en alemán).
El caso, a primera vista, había quedado
cerrado. La policía tenía cadáveres, móvil y culpables. Pero el círculo no
había hecho más que empezar a girar. La segunda vuelta llegaría el pasado 22 de
diciembre en la tranquila localidad de Reston, en Virgina. A las cinco de la
madrugada, el matrimonio formado por Scott Fricker, de 48 años, y Buckley Kuhn,
de 43, fue asesinado a tiros en su casa. No hubo muchas dudas sobre el autor:
tras matar a la pareja, se había disparado en la cabeza y había quedado en
estado crítico. Era el novio de la hija de las víctimas. Tenía 17 años y
carecía de antecedentes.
El motivo del doble crimen pronto emergió.
Tres meses antes, el homicida había horrorizado al barrio colocando en el
parque, sobre el mismo césped donde las familias bien de Reston acuden de
picnic, una esvástica de 12 metros de diámetro. Al saberlo, Scott Fricker
indagó por su cuenta y averiguó que el novio de su pequeña era un miembro de Atomwaffen
Division. Un fanático que sembraba las redes sociales de odio. Odio contra los
judíos; odio contra los gays.
Los padres decidieron intervenir. El
adolescente se negó a aceptar la ruptura y la noche del 22 de diciembre, guiado
por el rencor, entró en la casa de la familia Fricker. Sus ruidos alertaron al
matrimonio. Hubo un encontronazo y antes del amanecer la muerte había ganado la
partida. El círculo seguía girando.
Dos semanas después, en un parque público a
84 kilómetros al sureste de Los Ángeles la lluvia hizo emerger de la tierra el
cadáver de Blaze Bernstein. Tenía 19 años. Llevaba una semana desaparecido y la
policía no tardó en atrapar al sospechoso: su compañero de estudios Samuel
Woodward. Había sido el último en estar con él y en sus prendas se halló sangre
de la víctima. ¿Caso cerrado?
La víctima era judía y gay. Y esta semana
se ha descubierto que Woodward, de 20 años, pertenecía a Atomwaffen Division.
El círculo ha vuelto a girar. En menos de siete meses, los integrantes de la
organización neonazi se han visto implicados en cinco crímenes, la preparación
de bombas y un complot para atentar contra una central nuclear. Es mucho,
demasiado, para un grupo al que se atribuyen solo 80 miembros y no más de tres
años de vida. Las alarmas han sonado. El grupúsculo que hasta ahora se movía en
las sombras ha quedado bajo los focos.
Más allá de la militancia de sus autores,
nadie ha establecido un nexo entre las muertes, y en las páginas web que les
dan cobijo ellos niegan ser peligrosos. Por el contrario, defienden que son un
grupo que reúne a gente con “intereses comunes” como la caza y la exploración.
Pero las últimas investigaciones periodísticas y de las organizaciones
dedicadas al control de los movimientos ultras han sacado a la luz otra cara.
Los militantes de Atomwaffen Division
acuden a campos de entrenamiento paramilitar y, a diferencia de otras organizaciones
supremacistas, no temen lucir indumentaria nazi ni practicar el saludo
hitleriano. Ocultos en máscaras de calaveras, en los vídeos que cuelgan en la
red es habitual verles quemar banderas y beber copiosamente “por los mártires”.
A estos rituales, la
Liga Antidifamación añade otro detalle que les aparta de los neonazis
habituales: adoran a Charles Manson. La doctrina de la guerra racial, sus
escritos carcelarios, la sangre que hizo derramar forman la médula de su
ideología. El terror y la guerrilla son, para ellos, un camino de redención.
“La raza blanca ha sido arrinconada y hemos de resistir”, ha declarado uno de
sus líderes. ¿Puro griterío adolescente? Hasta ahora, la policía pensaba que
sí. Cinco tumbas lo ponen en duda. El círculo sigue girando.