Senador Amorín Batlle: “El Holocausto no fue una acción de unos locos sino una serie de acciones políticas meditadas”

29/Ene/2018

Senador Amorín Batlle: “El Holocausto no fue una acción de unos locos sino una serie de acciones políticas meditadas”

Continuando con las exposiciones de la sesión especial de la Comisión Permanente en el Día Internacional de Recordación del Holocausto, hoy presentamos las palabras pronunciadas por el Senador José Amorín Batlle. En su discurso, Amorín destacó que la atrocidad de lo ocurrido, provocó la creación de la palabra “genocidio, que es un acto realizado con el propósito de destruir, en parte o en su totalidad, a una nación, etnia, raza o grupo religioso”, siendo uno de los tres grandes genocidios del siglo XX.
Debemos obligarnos cada 27 de enero, fecha determinada por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Internacional de Conmemoración Anual en memoria de las víctimas del Holocausto, a evaluar cuanto hemos avanzado en el espíritu que promueve la Resolución, N` 60/7 de dicha Asamblea, del 21 de noviembre de 2005, que nos genera obligaciones ineludibles, pues su objetivo central es dar fiel cumplimiento a la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se rechaza rotundamente todo tipo de discriminación por cualquier motivo, las que solo han provocado a través de la historia dolor y destrucción del ser humano como tal, aniquilando además su dignidad.
El Holocausto – que etimológicamente supone un sacrificio en el que el fuego consume la ofrenda – infringido al pueblo judío, se conoce también como “la shoá”, término utilizado por reflejar más fielmente la situación, pues define el hecho como un acontecimiento destructivo, una hecatombe para el pueblo objeto del daño, y para la humanidad toda. Vistas las inconmensurables atrocidades de la guerra, también se crea la palabra “genocidio”, que es un acto realizado con el propósito de destruir, en parte o en su totalidad, a una nación, etnia, raza o grupo religioso.
En ese sentido, podemos hablar de tres grandes genocidios perpetrados en el siglo XX, sin desconocer que en la historia de la Humanidad fueron muchas las devastaciones humanas realizadas con distintos fines. Cuanto más avanzamos en la historia cronológicamente, la documentación o registro es mayor, y mayor el grado de conocimiento de los detalles o acciones que estas negaciones de lo humano conllevan, como es menor la posibilidad de tratar de ocultarlas a los ojos del mundo.
Como decíamos, por orden cronológico el primer genocidio del siglo XX fue el del pueblo armenio, perpetrado entre los años 1915 y 1918 y entre 1920 y 1923 por el Imperio Otomano y el propio Estado de Turquía. De un total de tres millones ochocientos mil armenios, un millón y medio fueron exterminados.
El segundo genocidio fue el llamado Holodomor Ucraniano, que es la hambruna provocada al pueblo de Ucrania para promover su destrucción. La hambruna de 1932- 1933 inducida en Ucrania costó millones de víctimas inocentes a manos de un régimen totalitario.
El tercer genocidio del siglo XX fue el Holocausto del pueblo judío.
Muchas cosas en común tienen estos episodios aberrantes: el odio, la organización meticulosa y cuidadosa, la indiferencia de sectores que miran para otro lado, el “negacionismo” de lo acontecido, y la distorsión de los hechos una vez ejecutados. En el caso del Holocausto, realizado en el marco de una guerra, y al haber perdido la misma sus promotores, los hechos no pudieron ser ocultados, aunque todavía hoy intentan ser tergiversados.
El pueblo judío ha sido perseguido muchas veces y de diversas maneras a lo largo de su historia, pero ahora se estaba frente a algo distinto, a algo peor e inimaginable, se perseguía a su gente por el simple hecho, como bien lo definió don José Jerozolimski, “de haber nacido”.El Holocausto no fue una acción de unos locos, sino una serie de acciones políticas elaboradas y organizadas, meditadas.
En la gestación del terrible proceso participa mucha gente, muchos miles: profesionales de varias ramas, políticos, gente de la cultura, militares, y hasta religiosos. También administrativos, aduaneros, personal de los ferrocarriles, y todo el sistema burocrático necesario, que conocía lo que estaba pasando, pero que consideraban era “un problema de otros”, concepto aún vigente en este siglo XXl en el planeta entero.
Y es de resaltar que la aberración se produjo en una de las naciones más educadas y desarrolladas de Europa, donde la razón y la educación prevalecían en sus habitantes. En la Alemania de esos momentos muchos trabajaban entonces con el objetivo que en la mente enferma de Hitler tomaba fuerza, construyendo galpones, posteriores contenedores de la infamia, infraestructuras del terror, propaganda con fines de aniquilación. Algunos de ellos sospechaban y callaban, y otros, la mayoría, simplemente ignoraban los hechos por los motivos expuestos, y porque era una situación molesta, incómoda.
Ya se habían hecho pruebas con relación a como respondería el mundo ante la sistemática violación de derechos humanos, y la guerra civil española lo documenta cuando Alemania e Italia mandan tropas y el mundo mira para el costado, cuando en los episodios de Guernica la Lutwaffe despliega su potencial destructivo, y el mundo mira para el costado. La indiferencia y tolerancia son una señal inequívoca para un estado que está detrás organizando y financiando el uso de la fuerza, manejando recursos económicos y humanos con fines totalitarios. Cuando los discursos populistas y los nacionalismos acérrimos enfrentan a “los buenos contra los malos”, cuando aparece la negación y la excusa, cuando el enemigo está afuera, estamos en problemas. En todas las exterminaciones y muertes de inocentes en función de una causa como las que analizamos, esos son los ingredientes. En el Holocausto fueron las llamadas leyes de Nuremberg las que cumplieron ese papel de dividir en categorías: los ciudadanos de primera, que eran los miembros del pueblo ario, y los ciudadanos de segunda categoría, que no eran los arios, en Alemania, los judíos alemanes.
Por eso es que debemos de estar muy atentos ante las versiones tergiversadas de la democracia. No podemos separar los conceptos de República y Democracia, porque son indivisibles, y si se supone que estamos en democracia sin la presencia de la República, el totalitarismo está golpeando nuestra puerta. El voto popular es una condición necesaria para llegar al Gobierno en un sistema democrático, pero no es la garantía para evitar hechos deleznables para los Derechos Humanos…
El encubrimiento y la inacción ante algo que “le sucede a otros”, es la aberrante tónica de estos comportamientos. El 10 de noviembre de 1938 se produjeron los hechos de la “Noche de los cristales rotos”, instigados por la propaganda de Goebbels, donde más de 7500 propiedades fueron atacadas, donde ardieron más de 400 sinagogas, donde hubo cientos de muertos, miles de heridos y 30.000 deportados a campos de concentración, y donde no hubo protestas públicas.
En la guerra, en las guerras, muere mucha gente. Quizá mucha más que los seis millones de judíos que murieron en el Holocausto, pero el número no es programado, es resultado de la barbarie humana, no es producto de un programa ideado por seres que van en contra de la condición humana. Muchos miles, como ya dijimos, no un loco. Pero solo hubo dos grupos para los cuales la Segunda Guerra Mundial fue preponderantemente un proyecto que apuntaba a eliminar al pueblo judío: los nazis y los propios judíos. Es así que el exterminio de judíos fue relegado a un lejano segundo plano. En la Europa Occidental también se produjo un fenómeno de olvido una vez finalizada la guerra, motivado en el hecho de que la ocupación de varios países como Bélgica, Francia, Países Bajos, e Italia luego, junto a la humillación, los ultrajes recibidos, el colaboracionismo y otras nefastas páginas negras que ese hecho implica, hicieron que en esos países se quisiera olvidar lo antes posible.
Como dijo Primo Levi, “La guerra es un hecho terrible desde siempre: podemos execrarlo pero está en nosotros, tiene su racionalidad, lo “comprendemos”. Pero con relación al odio nazi, no es un odio que este en la condición humana, no podemos comprenderlo, y así lo explicitaba al decir que “Quizá no se pueda comprender todo lo que sucedió, o no se deba comprender, porque comprender casi es justificar”.
La persecución en esta instancia del pueblo judío, devenida en masacre pasó por varias etapas, como ya dijimos: una etapa preparatoria donde se agredía, recluía, maltrataba y explotaba. Seguida de la ejecución indiscriminada e incomprensible, al decir de Levi, y la de los sobrevivientes que con entereza y valentía continuaron su vida. Pero la dignidad, aniquilada sistemáticamente por el flagelo nazi, también se mantuvo enhiesta muchas veces en ese proceso de destrucción, como lo demuestra la resistencia del gueto de Varsovia, donde la fuerza del ser humano en franca desventaja dejó a salvo nada menos que la dignidad…
La colaboración y complicidad en conjunción con la indiferencia transformaron en un proceso casi invisible el periodo que se materializa con un comienzo en La Noche de los Cristales Rotos, y va transitando por etapas que no debieran estar gestadas por humanos, que miran indiferentes como el humo y cenizas de otros humanos sale por una chimenea, en donde la condición de ser humano avergüenza.
Tenemos mucho para reflexionar en este día conmemorativo, pero más tenemos para aprender para que nuestras alertas no estén inactivas.
¿Hemos realmente avanzado como raza humana en el respeto de los Derechos Humanos desde la Segunda Guerra Mundial a la fecha?
El Terrorismo aparece como una nueva, o quizá más recurrente forma de matar inocentes.
Somos conscientes de que el antisemitismo no ha terminado, y que se manifiesta casi a diario en acciones deleznables, que van desde atentados personales a otros masivos como en la Amia, aquí cerquita, cruzando el charco.
Debemos luchar contra todo indicio de que el mecanismo de la complicidad y el ocultamiento se vislumbre en los gobernantes, ante posibles violaciones a los DDHH.
Debemos denunciar la minimización malintencionada de hechos devastadores, o su relativización, por más puntuales que estos sean.
Luchemos a diario contra toda forma de intolerancia u odio.
Tengamos presente que el principal enemigo de la vida de un semejante no es la muerte, es la indiferencia y la complicidad en el silencio ante las situaciones que la amenazan.
Trabajemos con la Sociedad para que los Derechos Humanos, definidos por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 sean respetados.
Armémonos de valentía para defender nuestra dignidad y la de los seres humanos, aunque más no sea una pequeña parte de la que tuvieron otros en el gueto de Varsovia.