¿Cuántas familias pueden contar algún
milagro de Jánuca familiar? Este relato
trae uno de ellos. A principios de diciembre del 2003 recibí por correo, desde
Estados Unidos, un libro escrito por mi amiga Rona, “Where we came from»,
(De dónde venimos). Para escribirlo, la autora realizó durante varios años, la
búsqueda de las raíces y los gajos de su familia. Rona relata en el libro la
genealogía y episodios de sus ancestros, desde sus bisabuelos maternos en
adelante. La línea genealógica, las fotos y las historias parten de mediados
del siglo XIX en Polonia y se desarrollan a través del siglo XX en Polonia,
Siberia, Kazakstan, Estados Unidos, Francia, Israel, Argentina y Uruguay.
Rona vive en Estados Unidos, más
precisamente en Delaware, yo nunca la conocí personalmente. Fue Taybl, una
prima suya, quien nos contactó. Taybl, su marido Chaim y su hija Leena viven en
la ciudad de Chicago, son asiduos asistentes al festival de idioma Idish
llamado “Yidishvoj” que se realiza cada año, en la última semana
de agosto, en las montañas de Berkshire,
a unas tres horas en ómnibus desde Nueva York. En esa semana se puede
hablar, hacer gimnasia, nadar, estudiar Talmud, comer, cantar, contar
chismes… cualquier cosa, siempre que
sea en Idish. Con mi marido, David (Z´L, que nombrarlo sea bendición) tuvimos
el privilegio de asistir a ese festival unos cuantos años, allí nos hicimos
amigos de Taybl y su familia.
Durante uno de esos encuentros, Taybl nos
contó (¡en idioma Idish, por supuesto!) que su prima Rona estaba preparando un
libro sobre la genealogía de su familia materna y para eso estaba
entrevistando, hablando por teléfono y pidiéndole fotos a todos sus parientes.
Había unos primos en Montevideo con los cuales Rona no se podía comunicar, ella
no tenía un idioma común con los primos uruguayos. ¿Podría yo ayudar a Rona? Le
dije que sí y así fue que me convertí en intermediaria para esa entrevista.
Rona me enviaba por e-mail sus preguntas en inglés, yo hablaba por teléfono con
sus familiares de Montevideo y le enviaba respuestas a Rona en inglés, otra vez por e-mail.
A mediados del 2003, Rona me avisó que
había publicado el libro con la genealogía y las historias de su familia. Al poco
tiempo recibí por correo un ejemplar. No tuve tiempo ni para mirarlo y quedó
guardado en un estante.
Era diciembre de 2003, en la segunda noche
de Jánuca. El fuego de las tres velitas en el candelabro de la festividad,
bailaba sobre la mesa. Terminada la cena, no sé por qué, me acordé del libro de
Rona y lo fui a buscar. La sorpresa mayúscula la tuve al abrir el libro y
enterarme de dónde vinieron los ancestros de Rona. ¡De Radzymin! ¡La misma
ciudad polaca en la que nacieron los padres de David!
Lo llamé a David. “¿Quieres escuchar lo que
dice Rona de Radzymin?” le pregunté. Empecé a leer en voz alta, la historia del
pueblo y de sus judíos. A los pocos renglones Rona comenzó a describir a su
familia materna. Unos renglones más, y Rona estaba hablando de su primo, Chaim,
nacido en el año 1900, que emigró a la Tierra de Israel en 1920.
– ¡Chaim!
dijo David. ¡Fue el gran amigo de papá en los años que mi padre vivió en
Israel! ¡Estoy seguro de que papá
publicó algunos episodios sobre su amigo! Voy a subir a mi escritorio. Tengo
que buscar el archivo de las publicaciones de mi padre.
Al rato, David bajó la escalera con dos
diarios amarillentos escritos en Idish, en las manos. Eran ejemplares del
diario «Haint» (Hoy) de Montevideo, del año 1978.
– ¡Aquí están! anunció triunfante. No sé
cómo hice para encontrar estos diarios entre la cantidad enorme de papeles que
guardo de mi padre. ¡Fue un milagro que
los viera! ¡Aquí papá cuenta sobre su amigo Chaim !
– Jánuca es tiempo de milagros, le
contesté.
David empezó a leer en Idish, en voz alta. “Israel, 50 años después“, se
llama esa serie de artículos. Mi suegro,
Noaj, Z’l’, la escribió 50 años después
de sus años vividos como pionero en la Tierra de Israel. Nos fuimos enterando
de cómo mi suegro emigró a lo que en ese
entonces no era un Estado sino “Eretz Israel“ (Tierra de Israel ), a fines de
1924, cuando tenía 21 años. El día en que Noaj llegó a la Tierra de Israel,
todos los radzyminer (originarios de Radzymin) fueron a visitarlo y pedirle
“noticias del viejo hogar“. Ese mismo día, Chaim y Noaj se vieron frente a
frente y se hicieron amigos. “Nos conocíamos de vista, pero claro está que no
éramos amigos en Radzymin“, dice Noaj en el artículo del diario. “Él era hijo
de la familia más rica de la ciudad, y yo un huérfano de familia muy pobre. En
Polonia, no frecuentábamos los mismos ambientes. Pero en Israel todos los
“radzyminer jalutzim“ (pioneros inmigrantes de Radzymin) nos sentíamos como hermanos “ .
Fue el abuelo de Chaim, el “patriarca“ Zalmen, quien a mediados del
siglo XIX empezó a sentar las bases para la gran fortuna de la familia. De
traficante en caballos pasó a instalar una fábrica de cerveza, luego un molino
de harina, más tarde una empresa maderera, negocios inmobiliarios y variadas
inversiones. Sus cinco hermanas y hermanos abandonaron Polonia a fines del
siglo XIX, buscando mejores horizontes en Estados Unidos (entre éstas, estaba
la bisabuela de Rona, la autora del libro que tenía en mis manos). Pero para
ese entonces Zalmen ya tenía muchas riquezas en Polonia y ni pensaba en emigrar
a América. La siguiente generación, los hijos de Zalmen, se ocuparon de
administrar los extendidos negocios familiares. Nada los movió a dejar sus
empresas, ni siquiera la amenaza nazi. Salvo su hijo Yitzak y tres nietos que
emigraron a Israel, el resto de los descendientes de Zalmen pereció en Polonia,
a manos de los nazis.
El hecho es que durante los años 1925 a 1928, mientras Yitzak y su
familia vivían a todo lujo en un palacete de Radzymin, su hijo Chaim y mi
suegro Noaj eran grandes amigos en Eretz Israel, donde vivían como pioneros,
pasando enormes penurias, comiendo lo más mínimo posible, ganando apenas lo
necesario para poder mantenerse en la más humilde de las habitaciones,
trabajando en la cría de corderos o preparando caminos y el tendido de redes
telefónicas. Yitzak, viejo soñador sionista, entretanto mantenía con fondos
propios una “ajshará“ (granja agrícola) en las afueras de Radzymin, donde
jóvenes judíos polacos, futuros pioneros,
se adiestraban en labores de campo, antes de viajar a Israel. Yitzak
ayudaba generosamente a granjas colectivas y establecimientos de Israel y
quería ¡por supuesto! mandar también
dinero regularmente a su hijo Chaim para ayudarlo en su diario vivir. Pero
Chaim era un hombre de fuertes ideales, estaba dispuesto a labrar la Tierra de
Israel con sus propias manos y rechazaba invariablemente cualquier ayuda de sus
padres desde Polonia. Por su parte Noaj, de familia muy pobre y huérfano de
padre desde su niñez, frente a esa negativa a recibir ayuda que planteaba
Chaim, termina así su primer artículo del diario que estábamos leyendo:
«No veo qué podía tener de malo recibir alguna ayuda desde Polonia para
poder comer en Eretz Israel algo mejor que fideos y papas, pero así era
Chaim».
Cuando David y yo tomamos el segundo ejemplar del diario “Haint” para
seguir leyendo, nos dimos cuenta que faltaba un artículo en el medio de los dos
diarios que teníamos en las manos.
– ¿Cómo voy a poder encontrar ese tercer
diario entre todos los papeles que guardo de mi padre? , dijo David. Ya fue un
milagro que encontrara estos dos. Pero subió a su oficina y a los pocos minutos
bajó las escaleras con el ejemplar faltante en las manos.
-¡Es para no creerlo! ¡Segundo milagro de esta noche! ¡Encontré el
diario que faltaba!
– ¡En Jánuca todo es posible!, le contesté.
El segundo diario relata el fin de la aventura
de pionero de Noaj. Hacia fines de 1927, Noaj decidió volver a Polonia para
casarse con su prometida Malke, que más tarde sería mi suegra. Chaim le pidió
en ese entonces a Noaj: “Cuando estés en Radzymin, ve a visitar a mis padres.
Ellos quieren saber de mí y yo nunca les escribo”.
Los encuentros de Noaj con los padres de
Chaim dan testimonio de una época muy difícil en la historia judía. Noaj los
describe detalladamente en el tercer artículo del diario “Haint“. David y yo
volvimos a descubrir en esos renglones un mundo casi olvidado y una situación
que no sólo debe haberse planteado en el hogar de Chaim sino en el de muchos
padres cuyos hijos emigraron como pioneros a Israel a comienzos del siglo
XX.
A pocos días de volver a Radzymin, Noaj fue a
la magnífica residencia de los padres de Chaim. El mayordomo le dijo que el
señor no estaba en casa, Noaj anunció que venía desde Eretz Israel con noticias
de Chaim y pasaría en otro momento. Ya estaba Noaj en la calle cuando un
sirviente vino a buscarlo y le pidió: “por favor, vuelva a la casa, la señora
quiere preguntarle algo”.
La
señora no hizo conducir a Noaj a la sala, hace notar el relato del diario. Lo
recibió en la cocina y le preguntó directamente:
– Tú volviste a Polonia. Dime, por favor, ¿por
qué mi hijo Chaim no vuelve a Polonia?
¿Qué podía contestarle yo? dice Noaj en su artículo. Salí del paso como
pude y me fui enseguida.
Unos días después Yitzak, el padre de Chaim, se encontró con Noaj en la
calle. ”Me enteré que volviste a Polonia para casarte con tu prometida y traes
mensaje de mi hijo Chaim desde Eretz Israel”, dijo Yitzak, “Ya es mediodía,
ven, te invito a almorzar en un restaurante y podremos conversar”.
Ambos entraron en el mejor restaurante de la ciudad, que Noaj visitaba
por primera y única vez. Yitzak fue atendido por los mozos como cliente muy
conocido y la comida que ordenó fue, según escribe Noaj en su nota, “un
banquete para príncipes”. Los dos hombres conversaron largamente. Yitzak era un
viejo sionista que gustaba recordar cómo él apoyaba generosamente a quienes se
preparaban para emigrar a Israel, a las granjas colectivas que se estaban
asentando de a poco en la milenaria tierra hebrea y otras empresas que se
estaban formando allí. Por un lado, estaba orgulloso de que su hijo Chaim
estuviera haciendo real al sueño sionista. Pero por otro lado, no aprobaba la
vida que estaba llevando Chaim al convertir ese sueño en realidad. Chaim vivía
en la más absoluta pobreza en Israel. Para él y su joven esposa, volver a
labrar el suelo y trabajar esa Tierra en las tareas manuales más rudas, era una
forma de redimirse a sí mismos y al pueblo hebreo. Lo que Yitzak no podía
entender era por qué su propio hijo no quería recibir regularmente ningún
dinero de su padre, al menos una pequeña cantidad, para poder comer
decentemente y vivir sin tantas penurias.
Yitzak ayudaba tanto a los nuevos “olim“ (inmigrantes a Israel) , ¡y su
propio hijo se negaba a recibir su ayuda!
– La esposa de Chaim, ¿tiene que
trabajar?Preguntó Yitzak.
Noaj sabía muy bien que la esposa de Chaim tenía las manos llenas de
ampollas por trabajar las piedras en la construcción de caminos. Pero ¿cómo
decirle eso a Yitzak? Prefirió contestar “No sé si ella trabaja “.
-Dime, ¿qué puedo hacer para ayudar a
Chaim? le preguntó Yitzak.
-¿Qué tal si va a visitarlo?, sugirió Noaj.
Eso haría muy feliz a su hijo y le permitiría a usted ver por sí mismo la
situación.
Esas palabras marcaron el fin de la conversación. Yitzak miró su reloj y
resolvió que ya era tarde.
– Mis negocios me tienen atado a Polonia,
contestó.
Noaj termina relatando que recién 50 años después, volvió a Israel, esta
vez con su esposa Malke, para realizar una visita a sus familiares. Ahí supo
que Chaim se había recibido de abogado en Israel y más tarde obtuvo un
postgrado en Estudios Orientales; se integró a un movimiento político que
buscaba el entendimiento con los árabes, en esas andanzas tuvo fuertes
discusiones con el partido de gobierno. Chaim había estado trabajando como
profesor universitario, como funcionario de gobierno en la Galilea, y algunas
misiones diplomáticas en la embajada de Israel en Estados Unidos. Pero en su
visita con su esposa Malke, Noaj no pudo encontrarse con su amigo Chaim. Ni
siquiera pudo averiguar dónde vivía. Sus paisanos oriundos de Radzymin le
dijeron solamente “Chaim está ahora en Estados Unidos“.
Noaj terminaba su artículo, escrito en 1978, diciendo: “No he vuelto a
saber de Chaim. Me pregunto si aún sigue viviendo”.
El libro de Rona estaba desatando en nosotros un aluvión de búsquedas y
recuerdos. Su libro traía fotos de Chaim y de su padre, Yitzak.
-¡Si mi padre viviera para ver esto! dijo
David, muy emocionado.
Más tarde, esa misma noche, miramos el libro publicado por los
sobrevivientes de Radzymin en honor a los paisanos muertos en la Segunda Guerra
Mundial. Encontramos entre otros tantos, fotos y artículos de mi suegro, en
Idish, de su amigo Chaim, en hebreo. Releímos conmovedores testimonios de
sucesos de la guerra. Un artículo del
escritor Isaac Bashevis Singer, en Idish, nos recordó un episodio casi
olvidado: Bashevis nació en un pequeño poblado cerca de Radzymin, al poco
tiempo se trasladó allí con sus padres. En Radzymin, se casó con una prima de
mi suegra Malke, con esa esposa tuvo a su único hijo, ese matrimonio terminó
pronto. Su hijo y esa primera esposa se fueron a Israel, Bashevis tomó rumbo a
Estados Unidos y volvió a casarse. Con esa segunda esposa un buen día vino
desde Estados Unidos a Montevideo y visitó a quien seguía llamando sus “primos”
Malke y Noaj. Bashevis no era famoso en
ese entonces.
Leer las historias de Radzymin fue como sentir la caricia de las
memorias del pasado. No sé si todo sucedió por casualidad en esa noche de
diciembre del año 2003. ¿Podemos llamarlo milagro de Jánuca? Tal vez. O quizás
fue parte del simple y diario milagro de la vida humana.
-Voy a ponerme a traducir al español
algunos artículos de mi padre, dijo resueltamente David.
– Eso sería muy buena idea, le contesté. (Y
de hecho, ese episodio fue tan conmovedor, que a partir de ese momento David
comenzó la tarea de traducir al español las memorias escritas en Idish por su
padre. Pero esa es otra historia).
Más tarde, ya de madrugada, le envié un e-mail a Rona. Ella merecía
enterarse de todo lo que habíamos descubierto. Su respuesta no se hizo esperar.
Estaba tan asombrada como nosotros. “¡Ésto es un milagro!” escribió. ”Tantos
meses escribiéndonos tu y yo, sin conocernos y hoy descubrimos que somos
“paisanas“!
-Te mandaré fotocopia de esos artículos del
diario “Haint” por correo, le prometí.
El descubrimiento de esa noche iba a
tener repercusiones insospechadas. El siguiente e-mail de Rona nos trajo otra
sorpresa: Adam, un hijo de Chaim, vivía en Estados Unidos, cerca de Rona. El
sabía muy poco de su padre. Nuevamente, se marcaba una situación que se vio en
muchas familias judías. Así como en los
años 1920 y 30 hubo muchos desentendimientos entre Chaim y sus padres cuando
Chaim se fue a Israel mientras sus padres se quedaban en Polonia, hubo
discusiones e incomprensión en la generación siguiente, entre Chaim y su hijo
Adam. Chaim tuvo un cargo en la Embajada de Israel en Estados Unidos y allí se
fue a vivir con su esposa y sus hijos durante un tiempo. En 1962, cuando tenían
que volver a Israel, Adam tenía 18 años y decidió quedarse a vivir y estudiar
en los Estados Unidos. Chaim no pudo
entenderlo. Padre e hijo se separaron y no se escribieron ni casi estuvieron en
contacto a partir de ese momento. Tampoco quiso este hijo, recibir ninguna
ayuda económica de su padre y se arregló solo, trabajando y estudiando en
Estados Unidos. En 1965, Adam viajó de visita a Israel a encontrarse con su
familia y amigos, las relaciones entre padre e hijo se mantuvieron distantes.
Una sola vez más, padre e hijo se
volvieron a ver, fue en 1974, cuando nació la primer nieta de Chaim y el
flamante abuelo vino “sólo por unos días“ a Estados Unidos, para conocerla .
Dos
días después. Rona me contó en un siguiente e-mail que logró completar la
historia de los padres de Chaim, haciendo algunas llamadas telefónicas a
familiares en Israel. Supo que muchas veces, Chaim y sus hermanos insistieron
con sus padres para que dejaran esa Polonia amenazada por la guerra y vinieran
a Israel. Yitzjak y su esposa se negaron una y otra vez. Sus relaciones con
Chaim que ya eran malas, quedaron rotas. Sólo a último momento, los padres
comprendieron que no les quedaba otro remedio. Dejaron sus bienes en Polonia en
manos de un “amigo” que prometió hacerles llegar el dinero de sus inversiones
lo antes posible… y nunca les envió nada. Esos padres vivieron en Israel muy
pobremente, gracias a la ayuda de organizaciones internacionales para
refugiados de guerra. Tuvieron buenas
relaciones con una hija y algunos nietos, pero la comunicación con su hijo
Chaim no pudo reanudarse.
Faltaba todavía el resultado más asombroso
desencadenado por ese episodio. Pasaron unas semanas y recibí la traducción al
inglés de los artículos que mi suegro Noaj había publicado en Idish, en el
diario “Haint” de Montevideo. Rona me
relató que había llamado por teléfono a Adam, el hijo de Chaim, para contarle
que tenía material de primera mano sobre su padre y sus abuelos, escrito en
Idish, y quería hacerlo traducir al inglés. ¿Estaba él de acuerdo en compartir
los gastos de la traducción al inglés? Adam dijo que no. No tenía el menor
interés en saber sobre su padre ni sus abuelos. Rona decidió pagar la traducción
ella sola y una vez traducido todo, se lo envió por correo a Adam. “No es para
ti sino para tus hijos”, le aclaró.
A los pocos días Rona recibió la llamada
telefónica de Adam.
– Tía Rona, ¿cómo podré agradecértelo? No sé por qué sucedió, pero así fue: jamás
conté a mis hijos una sola palabra sobre mis padres, mis abuelos, ni mi
familia. Lo que tú me enviaste fue una revelación para ellos y para mí. He
conversado con mis hijos durante horas sobre muchos recuerdos que tenía
escondidos… mis hijos y yo te damos gracias mil veces por dejarnos descubrirnos
a nosotros mismos a través de mi padre y mis abuelos. Por favor dame tu número
de cuenta bancaria, te depositaré todo lo que has gastado en esta
traducción. Y te pido que le envíes
nuestro agradecimiento a la señora que te hizo llegar esos diarios. ¿Dónde dijiste que vive? ¿Uruguay?