Trump y Jerusalén: ¿un audaz o un demente?

08/Dic/2017

Por Marcelo Kisilevski (de su blog)

Trump y Jerusalén: ¿un audaz o un demente?

La decisión de Trump es la corrección de
una extraña anomalía: todo país soberano tenía el derecho de fijar su capital,
menos Israel. La pregunta no es por si la decisión es correcta, sino por su
timing. ¿Qué consecuencias podría tener para la paz con los palestinos y las
relaciones con los países sunitas frente al desafío iraní? ¿Puede haber
violencia y muertos? Si es así, ¿valía la pena una decisión semejante, que no
pasa del terreno simbólico? ¿Trump es un audaz, o un elefante demente en un
bazar?
1) LA DECISIÓN DE TRUMP ES LA CORRECTA
Primero, ¿en qué consiste la decisión de
Trump? Es una decisión por default: más que hacer algo, es no hacerlo. Una ley
del Congreso norteamericano de 1995 ya determinaba que Jerusalén es la capital
israelí, y llamaba al Ejecutivo a mudar la embajada a esa ciudad. La ley, eso
sí, tenía un apartado al que llaman “waiver”, exención, de hecho una
postergación de medio año: si el presidente firma el waiver cada seis meses, la
ley no debe ser ejecutada. Tres presidentes, desde entonces, han firmado
religiosamente el waiver dos veces por año. Ayer, Trump anunció que dejaba de
firmarlo, y que la embajada sería mudada a Jerusalén, por fuerza de la ley de
1995. Eso es todo.
El reconocimiento del presidente Donald
Trump de Jerusalén como capital de Israel es la corrección de una anomalía:
Israel es el único país soberano que tiene una capital sobre la cual el resto
del mundo le dice: “No, no lo es. Es Tel Aviv, y allí pondremos nuestra
embajada”. Es una locura. Es como si todo el mundo comenzara a decir que los
países, por fuerza de su soberanía, no pueden fijar su capital, y comenzaran a
decirle a, digamos, la Argentina, que Buenos Aires no es la capital, sino
Rosario. Nunca hubo discusión sobre la soberanía de Israel sobre la parte
occidental de Jerusalén. ¿Hay disputa sobre la parte oriental? ¿Qué tiene que
ver? El mundo no tiene por qué meterse ni tomar partido: se arreglará en
negociaciones. Quien esto firma está a favor de una solución negociada para dar
algún tipo de expresión al reclamo palestino de una expresión soberana en
Jerusalén, incluida la posibilidad de la fórmula Clinton: “una ciudad, dos
capitales, para dos pueblos”. Pero eso no tiene nada que ver con Jerusalén
occidental, cuya soberanía es ya reconocida por los acuerdos de cese el fuego
de Rhodas en 1949 con Jordania y demás países árabes, y desde entonces por el
mundo. Embajadas, parece, fue demasiado para este, y eso es lo extraño.
Jerusalén es la capital, también, de modo
efectivo: todas las instituciones de gobierno están allí. ¿Cuál es la idea de
colocar una embajada en otro lugar, solo porque el país tiene un diferendo
limítrofe? Llevado al extremo, es como si el mundo retirara sus embajadas de
Santiago de Chile y de Perú, y las pusieran en Valparaíso y Cuzco
respectivamente, solo porque no arreglan sus asuntos limítrofes y/o le dan
salida al mar a Bolivia. Más al extremo aún, países que decidan retirar sus
embajadas de Brasilia y trasladarlas a Río de Janeiro, porque Brasilia es una
capital artificialmente creada; y porque es aburrida, y en Río hay playas y
carnaval. Cualquier razón justificar que los países se metan unos en las
decisiones soberanas de otros. Pero se meten solo con las de Israel. Raro, ¿no?
Se aduce la sensibilidad de Jerusalén como
centro de los tres monoteísmos. ¿El mundo tiene miedo que esta definición
cercene los derechos religiosos de los demás credos? Me disculparán, pero en
los hechos, la única época en la que hubo y hay libertad de culto es bajo
soberanía israelí. En todas las demás épocas ha habido problemas. Por supuesto
los ha habido en las épocas musulmanas, la última de ellas la jordana, entre
1949 y 1967, cuando los judíos no podían rezar en el Kotel. El mito de “Al Aqsa
está en peligro” es solo eso: un mito urbano, fogoneado desde los años ‘20 del
siglo 20 hasta nuestros días. En los hechos, el Waqf (autoridad religiosa
musulmana sobre los lugares sagrados) es una especie de isla de soberanía
musulmana en Jerusalén, donde la jurisdicción israelí existe, pero no se
ejerce.
2) LA DECISIÓN DE TRUMP ES PROBLEMÁTICA
¿La decisión de Trump puede traer problemas?
Claro que sí. La discusión no es por la esencia de la decisión, que es justa y
correcta, sino por el timing. El presidente de la Autoridad Palestina Mahmud
Abbas ya ha “despedido” a EEUU como mediador en el proceso de paz entre Israel
y los palestinos. Cabría preguntarse qué proceso de paz había antes de la
decisión. Pero no nos confundamos con hechos.
Obama, en mi opinión, tenía mejores chances
como mediador “imparcial”: era rechazado por Israel, por percibirlo como
propalestino, y por los palestinos, por la tradicional amistad de EEUU con
Israel. Su último acto en tal sentido, antes de bajarse del escenario de la
historia, fue también decidir “no hacer”, cuando se abstuvo de poner veto a una
grave sanción del Consejo de Seguridad de la ONU que calificaba a los
asentamientos de toda Cisjordania, incluida Jerusalén, como ilegales. Al mismo
tiempo, fue el gobierno norteamericano que más ayuda otorgó a Israel en dinero
y armas. Desde esa actitud, tenía más posibilidades de traer a las partes a la
mesa de negociaciones. El de su secretario de Estado, John Kerry, en 2014, fue
un intento serio. Sin embargo, fracasó estrepitosamente, como tantos intentos
anteriores.
Desde el desastre que les implicó la
Intifada de Al Aqsa, desde la muerte de Arafat y su mejora en la calidad de
vida a partir de 2005, los palestinos de Cisjordania parecen haber decidido por
la vía diplomática o no violenta para tratar con Israel. Ante los sucesivos
operativos israelíes en Gaza, el Hamás nunca logró incitar efectivamente a una
Tercera Intifada. Los cisjordanos protestaron contra la ocupación, donaron
arroz y mantas a sus hermanos palestinos, pero de salir a la calle con piedras,
ni hablar. La última ola de atentados con cuchillos y atropellamientos, fue un
juego de niños al lado de las verdaderas Intifadas y la era de los atentados
suicidas. La pregunta es si eso será cierto también esta vez. En los hechos,
los últimos conatos de violencia cisjordana no fueron en los territorios de la
Autoridad Palestina sino en Jerusalén oriental, véase el caso de los detectores
de metal en la Ciudad Vieja. Allí, los palestinos no están bajo la AP sino bajo
Israel, en una relación de amor-odio. Veremos si la parte de odio en la
relación se reedita también esta vez, y cuánto dura. Por las dudas, Trump pidió
a Israel festejar moderadamente su anuncio, no provocar a las fieras. Y también
a los palestinos les pidió llamarse a sosiego, que su anuncio podía constituir
buenas noticias también para ellos: sigo apoyando la solución de dos Estados, y
los intereses de ambas partes, incluso en Jerusalén, les dijo. Del Monte del
Templo, dijo que se llama también “Al-Jaram Al-Sharif“.
Mientras tanto, en Gaza, Hamás amenaza
(cómo no) con violencia, y asegura que “Trump ha abierto las puertas del
infierno”. ¿Logrará arrastrar esta vez a los palestinos, que quieren dar una
vuelta de página de su era violenta, a una Tercera Intifada? Es dudoso, pero no
imposible. Trump ha decidido no dejarse extorsionar. Las amenazas de violencia,
o el hecho de que habrá muertos, dice, no debe dictarnos políticas de Estado.
Véase la actitud de Trump en el caso norcoreano. ¿Un tipo audaz, dueño de una
firmeza sin precedentes en la historia política mundial, o un demente?
Queda por saber qué actitud tendrán, en los
hechos, los países sunitas moderados, alineados, en secreto a voces, con Israel
y EEUU en contra de su verdadero enemigo, Irán. La decisión de ayer pondrá a
prueba la fragilidad o fortaleza de esa alianza. Mi opinión es que la alianza
sunita-israelí-norteamericana es mucho más fuerte que cualquier acto simbólico
como lo puede ser el traslado de una embajada. Hay muchos intereses, dinero y
enemistades atávicas (mucho más atávicas que el antisionismo) puestos en juego.
Los egipcios, jordanos y sauditas atacarán verbalmente la decisión, pero no
mucho más. El único que parece querer ir más lejos, quizás por no tener hoy por
hoy problemas con Irán, es el presidente de Turquía, Recyyp Erdogán, que ha
anunciado que esta medida llevaría a su país a romper relaciones con Israel.
Veremos cómo sigue eso.
Trump dijo ayer que el repetido no
reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por miedo a que eso aleje la
paz se parece al método del loco, que repite una y otra vez la misma actitud
esperando consecuencias diferentes. Ese no reconocimiento no ha acercado la paz
ni siquiera en un centímetro. A 22 años de la ley del Congreso, y de dar
intentar siempre lo mismo esperando resultados distintos, hoy probamos otra
cosa.
3) LA DECISIÓN DE TRUMP ES HISTÓRICA
La discusión por la decisión de Trump no es
de esencia sino de timing. Seguramente, el mandatario estadounidense está
movido por intereses que tienen que ver más con su situación doméstica, ante el
peligro de impeachment y destitución, y con distraer la atención de esos
problemas, que con un sincero deseo de cumplir promesas electorales a sus
votantes. De hecho, dicen sus críticos, es la única promesa electoral, de
cientos que formuló en su campaña, que se siente en condiciones de cumplir. Con
todo el resto le ha ido muy mal.
Mi opinión al respecto es que eso no le
quita ni le saca valor a la decisión. Por un lado, nunca habrá “timings”
correctos, porque todos estos asuntos son y serán siempre complejos. Segundo,
prácticamente todas las decisiones políticas de peso en el mundo, han estado
siempre teñidas de motivaciones espurias, más personales que de fondo. Parece
que es así como avanza la historia. Siempre hay coyunturas, situaciones,
atenuantes, enfrentamientos personales. Decisiones de Estado que un mandatario
toma para esquivar a la justicia (véase Sharón en la Desconexión de Gaza), o
para no tener que ir a elecciones, o para superar a un opositor en las
internas, o todo tipo de pequeñeces y politiquerías por el estilo. Esta no es
la excepción.
Por eso, más que buena o mala para la paz,
más que si el timing es valedero o no, más que si es traerá violencia o no, el
calificativo más seguro para la decisión de Trump de ayer, es: histórica, y
correcta en esencia. Nadie puede predecir el resto.