Carta de un paquistaní enamorado de la música y el cine israelí

30/Nov/2017

Por Sarmad Iqbal (*) (Traducción libre de CCIU)

Carta de un paquistaní enamorado de la música y el cine israelí

A pesar de que mi país, Pakistán, no tiene ningún tipo de relaciones diplomáticas con Israel y a pesar del omnipresente antisemitismo y de los sentimientos que existen aquí contra Israel, he logrado acercarme con valentía a su música y cine, hasta el punto de enamorarme de estas manifestaciones culturales, aún cuando en Pakistán no se ve a Israel de forma positiva y se lo acusa de participar en casi todas las conspiraciones internacionales.
La inexistencia de relaciones entre Pakistán e Israel, fue lo que potenció mi curiosidad por explorarlo. Más aún cuando estoy imposibilitado de visitarlo, pues mi pasaporte pakistaní dice claramente: «este pasaporte es válido para todos los países del mundo, excepto Israel». Por ello, mi acercamiento a este país, visto como “extraño” aquí, en Pakistán, fue a través de su música, cine y programas de televisión.
Vehementemente he estado siempre en contra del antisemitismo y he sido rebelde con mis compatriotas cuando declaran su desacuerdo con los israelíes y judíos, etiquetándolos como los “malos”. Precisamente los esfuerzos por infundarme odio hacia Israel, son los que alimentan mi curiosidad por acercarme a él e investigar lo que realmente es.
De este modo, las películas, canciones israelíes y programas de televisión como “Factor X” fueron mi único recurso para explorar un Israel diferente del de la imagen tendenciosa difundida por árabes, iraníes y por mis medios pakistaníes, que lo muestran como un país en permanentemente guerra contra los árabes, bombardeando Gaza o Beirut.
Mi primera incursión en la cultura israelí fue a través de su música, escuchando a cantantes como Shiri Maimon, Moshe Peretz, Dana International y Ofra Haza. Un día, mientras buscaba una nueva canción de Beyonce en You Tube, me encontré con «Ahava Katana» del famoso cantante israelí Shiri Maimon. Esa canción me resultó mejor que la que estaba buscando. Así comencé a explorar la música israelí y quitarme los estereotipos y el odio que me habían inculcado desde pequeño sobre este país y sobre los judíos.
La voz hipnótica de Shiri me deleitaba y generaba tranquilidad, aún cuando su idioma no era el mío y se me hacía difícil comprender sus letras. Entonces me acerqué al idioma Hebreo y también fui enamorándome de esta lengua.
Comencé a estudiar hebreo y encontré en él un espléndido lenguaje, antiguo y legendario. También comencé a descubrir el trasfondo histórico de este idioma y me asombré al descubrir que prosperó en los inicios de Palestina, Babilonia, África del Norte, España, Europa, Rusia y en los Estados Unidos incluso antes de la creación del Estado de Israel en 1948 cuando los judíos fueron esparcidos por todo el mundo sin ningún estado propio. Me fascinó enterarme que también la dominación griega y romana afectaron el hebreo, agregándole palabras de su vocabulario. Sin embargo, la peculiaridad del idioma hebreo respecto de otros idiomas globales, permaneció intacta.
Primero escuché varias canciones de Shiri Maimon, incluyendo «Verat Ziti Shetedi», y comencé a ver “Factor X Israel” donde la cantante era jueza, junto a Moshe Peretz, otra estrella del pop israelí, de quien también me hice fan a través de canciones como «Ma Kore Itach». Disfruté mucho del programa, viendo a concursantes de todo Israel que se reunieron en Tal Aviv para sus primeras audiciones y compartí a través de la TV esa fiesta llena de alegría y diversión. Mi favorita, la filipina Rose Fostanes ganó el concurso. No puedo olvidarme de la deslumbrante presentadora, digna de los mejores elogios, la supermodelo israelí Bar Rafaeli, a quien también disfruté en la película “Kidon” (2013), donde debutó como actriz de cine, dirigida por el israelí francés Emmanuel Naccache. La película, es una divertida comedia que narra el asesinato de Mahmoud al Mabhouh a cargo de cuatro agentes de los servicios secretos isrealíes, el Mossad, en Dubai en febrero del 2010. La  modelo interpreta a Einav Schwartz, una sensual y supuesta espía del Mossad, enviada a Dubai para hacer de anzuelo sexual de Mabhub. En el fondo, hay un gran duelo entre Francia y Estados Unidos por un acuerdo para la construcción de un reactor nuclear en Oriente Medio. Con una línea argumental vertiginosa, era una comedia de espionaje asombrosa y rebuscada.
También escuché y disfruté las melodías del pop israelí a través de «Diva”, de la cantante israelí Dana International. El tema, del que existe una versión en hebreo y otra en inglés, se convirtió en el ganador del Festival de la Canción de Eurovisión 1998 que se celebró en Birmingham, Reino Unido. Y cómo olvidarme de Ofra Haza, la “Madonna israelí”, quien más que un íncono en la música israelí, trató de achicar la brecha entre Israel y sus vecinos árabes extendiendo su música a un amplio público en Medio Oriente, desafiando todas las barreras que se oponen a la paz y por la amistad entre árabes e Israel.
Tras explorar la música, me acerqué al cine israelí. No sólo a través de películas recientes como “Kidon” y “The Women´s Balcony” si no que conocí y me enamoré de Gila Almagor, reina del cine y teatro israelí, en la película «The House on Chelouche Street», nominada al Oscar como película extranjera en el año 1973. Trata sobre las penurias de una familia, especialmente de Sami, y de su madre viuda. La historia versa sobre los intentos de Sami por sobrevivir ante un ambiente hostil, ubicada temporalmente durante la ocupación británica en Israel. Esta película jugó un papel fundamental al evocar mi simpatía y familiarizarme con los judíos que sufrieron a manos de las fuerzas británicas y los árabes palestinos debido a una escalada de violencia después de la declaración del Estado de Israel. Lloré varias veces mientras veía la película, especialmente cerca del final, cuando Clara (Gila Almagor) pierde a uno de sus hijos debido a la violencia posterior a la declaración y el sufrimiento de Sami, su primogénito.
«The Women’s Balcony» o “El Balcón de las Mujeres” es el primer largometraje de Emil Ben Shimon. Busca encontrar una salida al problema del fundamentalismo religioso en Israel, en una película que se acerca a las relaciones interpersonales, en el seno de una comunidad religiosa. Es una sobre la comunidad, las tradiciones y los valores, y también muestra a la mujer israelí, empoderada, manteniendo unidos todos los elementos antes mencionados de una sociedad frente al extremismo moderno. A través de esta película me encontré con la comunidad judía ortodoxa en Jerusalén y también me permitió conocer las consideraciones de vista conservadores religiosos y moderados en esa cosmopolita ciudad.
Espero que a los lectores les interese el modo en que exploré a Israel, a través de su música y el cine. Concluyo con que el arte siempre es libre y no tiene límites.
¡Shalom a todos!
(*) Sarmad Iqbal es un escritor, bloguero y estudiante pakistaní que tiene una inclinación por la lectura, la escritura, el aprendizaje de idiomas, el estudio de las culturas, las religiones y los asuntos geopolíticos. Puede ser contactado en su twitter id @ sarmadiqbal7.