Fundado a finales de los años 30 en
Rejovot, a 20 kilómetros de Tel Aviv, sigue la milenaria tradición judía de
búsqueda del conocimiento sin el menor temor al fracaso, base de los mayores
descubrimientos científicos, asegura Bar-Jospeh, vicepresidente del Instituto
Weizmann, que ha participado en un congreso sobre las nuevas perspectivas en la
investigación del cáncer organizado por la Fundación Ramón Areces, donde fue
entrevistado por Epipress.
-Profesor, ¿qué tiene de revolucionaria la
formación que imparten en el Instituto Weizmann?
-Lo singular es que es una institución
pública que no se centra en un asunto específico, sino que apuesta por
investigar los retos importantes del siglo XXI desde un punto de vista
multidisciplinar. Lo multidisciplinar es lo que marca la diferencia. Abordamos
problemas científicos desde ángulos diferentes.
-¿Cómo se enfrentan a la burocracia, la
endogamia y los obstáculos interdepartamentales de toda universidad?
-Tratamos de construir un instituto que
sirva a los científicos y no al revés. Contratamos personas excelentes y
alentamos a los científicos a que se muevan de una facultad a otra.
-Una especie de equipo de fútbol formado
por galácticos?
-Queremos construir un equipo con los
Ronaldo y los Messi de la ciencia, pero con jóvenes que vayan desarrollando su
talento, sin tener que salir a comprar ese talento fuera.
-¿Se enfurece usted con su equipo cuando
fracasa una investigación en marcha?
-Un día mi hijo me preguntó a qué me
dedicaba y yo le contesté que normalmente me dedico a fracasar. El trabajo
científico es entrar en lo desconocido y para eso hay que ser valiente sin
temer al fracaso. Nosotros animamos a la gente a arriesgarse porque los mayores
descubrimientos científicos suelen salir de esos fracasos. A diferencia de un
equipo de fútbol, nosotros no esperamos que nuestros científicos sigan instrucciones
sino que preferimos escuchar sus sueños, planes y pasiones.
-¿Ya no sirve la especialización?
-Tenemos expertos especializadísimos pero
al mismo tiempo fomentamos que todos hablen con todos para abrir así los ojos y
las mentes.
-¿Cómo lo consiguen?
-El 60% de nuestros científicos vive en el
campus con su familia. Se reúnen por las tardes, toman el café juntos, cuidan a
los hijos y así se generan nuevas ideas.
-Especialistas y multidisciplinares. Una
combinación rara?
-La combinación es muy peligrosa porque al
final la persona puede saber un poco de todo pero no saber nada en profundidad.
Hay que ser muy bueno y experto en un área determinada y al mismo tiempo ser un
buen comunicador.
-¿Quién ordena los proyectos sobre los que
investigan?
-El instituto es la suma de los sueños y
planes de los investigadores. De ahí vienen todas las ideas. Tenemos mucho
éxito desarrollando fármacos para enfermedades muy graves y las empresas vienen
a ofrecernos dinero para que trabajemos en las líneas que ellas proponen.
Nuestra respuesta es siempre la misma: encantados de recibir su dinero pero
vamos a seguir nuestros planes, no los suyos.
-Hábleme de cómo funciona Yeda, la empresa
dedicada a la búsqueda de clientes para sus productos.
-Yeda una de las primeras empresas que
convirtió el conocimiento y los descubrimientos del mundo académico en
tecnología. Es lo que se denomina transferencia tecnológica. La empresa busca
inversores y empresarios que estén dispuestos a convertir nuestros
descubrimientos en productos. Los científicos conocemos nuestros límites, no
somos empresarios.
-¿Qué es el talento?
-Esa es la pregunta del millón de dólares.
Para mí es talentosa una persona que tenga pasión, sea creativa y asuma riesgos
con convicciones fuertes. Si tuviese la receta absoluta del talento sería muy
sencillo tener a los mejores pero sería muy aburrido.
-¿Es Israel un imán para atraer el talento?
-Israel es un país pequeño de tan solo ocho
millones de habitantes. Nos encantaría que todo el mundo estuviera a nuestros
pies y que todos quisieran venir a trabajar con nosotros, pero eso solo sucede
en Estados Unidos. Tenemos gente que viene de fuera pero solemos echar mano del
talento del país.
-Supongo que prestan mucha atención al
coeficiente intelectual de los aspirantes…
-Aceptamos estudiantes que vienen a hacer
másteres y doctorados y así conseguimos a los mejores de la pirámide
establecida en el mundo académico. Les entrevistamos, vemos su rendimiento e
historial. El reto viene cuando hay que elegir a alguien para liderar un grupo
de investigación. Aquí no se puede aplicar el coeficiente intelectual, hay que
mirar el todo. Ponemos el listón muy alto pero una vez que identificamos y
queremos a alguien vamos a por todas. Es entonces cuando hacemos una oferta.
-¿Cuál ha sido la respuesta que más le ha
impactado?
-La de un aspirante al que le pregunté por
qué quería entrar en el instituto y me contestó que porque tenía planes muy
grandes. Buscamos a gente con proyectos muy ambiciosos.
-¿Para qué sirve la investigación básica?
-Los Estados se suben ahora al carro de la
investigación en busca de proyectos ambiciosos sin darse cuenta de que es un
error. Existe la investigación básica que no pretende crear un producto
específico para cualquier cosa. Nosotros creemos mucho en la investigación
básica porque satisface la curiosidad intelectual y porque es la mejor manera
para asegurarse grandes descubrimientos.
-¿Qué aportan las redes a la revolución del
conocimiento?
-Han tenido un impacto total en la ciencia
y no solo agilizando la difusión de los descubrimientos sino también como
espacios en los que se apoyan los investigadores para compartir sus estudios y
colaborar con otros colegas. Internet nació por la necesidad de unos
científicos que querían compartir sus ideas con grupos de todo el mundo.
-¿Cómo se pagan los estudiantes su
formación en el Weizmann?
-A todos los que son aceptados se les da
una beca completa que no les hace ricos pero les permite trabajar en sus
proyectos sin necesidad de tener que buscarse otras ocupaciones que les
distraerían.
-He leído que su grupo está equipado con
sistemas criogénicos para investigaciones a baja temperatura. ¿Está ese
proyecto relacionado con el ordenador cuántico?
-Sí. Trabajamos a baja temperatura porque
si observamos algunos hechos en el campo de la electrónica y las nuevas
tecnologías veremos que muchos tienen lugar cuando los átomos se congelan. Esto
tiene que ver con lo que llamamos el mundo cuántico. Estamos tratando de
construir el ordenador cuántico que va a revolucionar la electrónica y para
hacer todo esto necesitamos aplicar temperaturas bajas.
-Señor Bar-Joseph, ¿por qué un país tan
pequeño como Israel tiene tantos premios Nobel? ¿Qué hacen ustedes mejor que
los demás?
-Está en el ADN judío desde hace más de
4.000 años la tradición de conocer y de hacerse preguntas. En la década de 1930
aparecieron además unos visionarios que apostaron por esa cultura del
aprendizaje y pusieron los pilares del Instituto Weizmann para animar a la
gente a asumir riesgos en busca del conocimiento.
“El talento es pasión, creatividad y riesgo”: Israel Bar-Joseph
11/Oct/2017
La Opinión (La Coruña), Por Natalia Vaquero