Hubo un tiempo en que Gretel fue alemana. Hija de un empresario, había nacido en 1914 en la pequeña Laupheim, cerca de la frontera suiza. Morena y chispeante, en 1931 y 1932 arrasó en los campeonatos del sur de Alemania de salto de altura. Su futuro parecía asegurado hasta que Hitler llegó al poder y se abrieron las puertas de la barbarie. En 1933, fue expulsada por judía del club de atletismo. Sus padres, advirtiendo la amenaza que se cernía, la enviaron al Reino Unido. Allí la joven Gretel volvió a hacer lo que mejor sabía y fue campeona nacional de 1934 y 1935.
El caso atrajo atención mundial. Su éxito y exilio se habían vuelto una muestra del antisemitismo nazi. El régimen hitleriano, temeroso de un boicot estadounidense a sus anhelados Juegos de Olímpicos, intentó apagar el fuego y la invitó a volver a su patria bajo la promesa de participar en los campeonatos. Gretel aceptó.
A su regreso, batió el récord nacional de salto de altura (1,6 metros). Fue el 30 de junio de 1936. Faltaba solo un mes para el inicio de los Juegos. Pero su marca no fue inscrita. Cuando el equipo estadounidense ya estaba embarcado rumbo a Berlín, emergió la verdad. Un enviado nazi le hizo saber que no iba a participar en los campeonatos. Con su pelo oscuro y su rostro canela, era demasiado judía. Iban a buscar a otra menos evidente. “Fue para mí un golpe terrible, porque era la mejor”, explicaría 79 años después.
Asqueada de Alemania, Gretel logró salir en 1937. Llegó a Nueva York con 10 dólares y el juramento de no volver a su tierra natal. En Estados Unidos obtuvo el oro en los campeonatos de 1937 y 1938. Y lo más importante, consiguió traer a sus padres. Luego, la guerra hundió su proyecto de participar como estadounidense en Helsinki.
Casada con otro exiliado, el corredor Bruno Lambert, dejó con el paso de los años el deporte y tuvo una familia. Pero nunca olvidó. En 1986 rechazó acudir a Berlín al aniversario de los 50 años de los Juegos. Y más de una vez se descubrió llorando al ver pruebas de atletismo por la televisión. “Me acordaba de lo que fui y lo que podría haber conseguido”. Solo en 1999, cuando en su pequeña ciudad natal decidieron bautizar con su nombre el estadio local, regresó a Alemania. “Volví porque pensé que cuando los niños preguntasen quién era esa Gretel Bergmann, contarían la historia de lo sucedido”. Este martes, rodeada de los suyos, Gretel murió. Era una saltadora de altura.
Muere Gretel Bergmann, la saltadora de altura a la que Hitler vetó por judía de los Juegos de Berlín
27/Jul/2017
El País, España- por J. M. Ahrens