Por más polémico y justificadamente criticado
que sea Donald Trump- por su personalidad, su estilo, muchas de sus políticas y
declaraciones, además de los escándalos que lo envuelven antes y desde su
asunción- cuando un Presidente de Estados Unidos manifiesta las posturas
contundentes que él dejó en claro en lo que va de su primera gira internacional,
es natural que Israel haya quedado satisfecho.
El discurso central de su visita a Israel,
pronunciado en el Museo Israel el martes por la tarde, podría fácilmente haber
sido escrito por un gobernante israelí. No fue simplemente un testimonio de
apoyo a Israel, sino un discurso sionista.
Y a nuestro criterio, esa cercanía es más
importante aún, tomando en cuenta que no la expresó en un vacío sino en un
entorno en el que supo acercarse también al «otro lado». No sería
bueno un presidente que abraza con entusiasmo a Israel mientras choca con los
palestinos y ve a los árabes como enemigos. Si bien es inevitable ver con ojos
escépticos la gran fiesta en Riad, nos parece positivo que un presidente tan
claro en su apoyo a Israel, sepa acercarse también al mundo musulmán sin
ocultar sus visiones pro israelíes pero exhortando a todos a cooperar en lo que
debe ser un interés común: la lucha contra el terrorismo.
Es oportuno recordar que tanto durante la
campaña electoral como después de asumir, Trump formuló declaraciones y adoptó
decisiones muy hostiles al mundo musulmán, que cruzaban la línea de la condena
al terrorismo y eran más una generalización que ponía a todos en la misma
bolsa. Adoptar una línea dura y firme contra el terrorismo, no sólo cuando ya
ataca sino también en la lucha para prevenirlo, era y es importante. Pero
antagonizar al mundo musulmán todo, no iba a conducir a nada. Parecería que
Trump ha cambiado de línea en este sentido y lo consideramos oportuno,
positivo.
Por otro lado, es inevitable agregar una cuota
de escepticismo al respecto. ¿Será por meros intereses, como la transacción de
armas varias veces millonaria que firmó en Riad? No es de descartar.
Esa venta de armas a un régimen oscuro y
fundamentalista como el saudí, que no es amigo de Israel por más que ahora se
hable de los intereses comunes contra Irán, no debe alegrar a Israel.
Y probablemente- aunque Trump fue el primer
Presidente norteamericano en funciones que fue al Muro de los Lamentos y aunque
habló explícitamente del milenario vínculo judío con Jerusalem- ese vínculo
especial con Riad es una de las razones por las que no anunció el traslado de
la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalem.
A pesar de ello, y sin olvidar que habrá que
estar atento a lo que haga Arabia Saudita, en lo referente a la alianza contra
el terrorismo, es positivo destacar que al terrorismo hay que derrotarlo desde
adentro, que los extremistas deben ser vomitados de las sociedades en las que
viven. Y que para lograrlo, necesita que el mundo musulmán sea y se sienta
parte del esfuerzo.
Evidentemente, el mundo musulmán no necesitaba
a Trump para saberlo. Si hubiera querido, hace mucho habría tomado medidas
contra el terrorismo, como sí hacen Egipto y Jordania.
Otro tema clave durante la visita, fue el
apoyo al logro de una paz entre Israel y los palestinos. Trump se fue sin haber
planteado un plan concreto para el logro de la paz y sin haber hablado
explícitamente de un Estado palestino independiente o de la fórmula de
«dos Estados», lo cual los palestinos habrían querido oír. Pero
recalcó la importancia de «avanzar hacia un futuro de paz» y se dijo
convencido de que tanto el Primer Ministro Neanyahu como el Presidente
palestino Abbas, están comprometidos con ello.
Uno de sus mensajes al respecto fue su
administración hará todo lo necesario para ayudar, pero que en definitiva, ello
depende de las partes mismas.
Quienes temían en Israel pronunciamientos de
Trump que presionaran por ejemplo a seguir una línea que provocaría una crisis
de gobierno en Israel-ya que parte de la coalición se opone explícitamente a la
creación de un estado palestino- respiró aliviado. Quienes querían justamente
que el presidente empuje en este sentido para que algo se mueva, se
decepcionaron.
Lo malo del resumen es que con palabras
generales en pro de la paz, no basta. Hay que moverse para avanzar.
Lo bueno fue que Trump supo presentar
exigencias, en tono amistoso, también a los palestinos, algo que pocos hacen.
Contra la incitación al odio, contra el terrorismo. Eso es esencial.
A diferencia de su antecesor Barack Obama- a
quien jamás consideramos «enemigo» de Israel como algunos alegaban,
aunque sí creemos que cometió serios errores- Trump puso más hincapié en la
lucha contra el terrorismo que en los asentamientos, un tema con el que la
administración anterior estaba prácticamente obsesionada.
No nos parecería positivo que el apoyo de
Trump a Israel equivalga a permitir cualquier política del gobierno que avale
por ejemplo una construcción masiva en los asentamientos o la línea de los
socios de Netanyahu en la coalición, que quieren anexar a Israel gran parte de
Judea y Samaria (Cisjordania). Nos parece nocivo para el futuro de Israel.
Consideramos que hay que negociar el tema y a
nuestro criterio, Israel no podrá quedarse en la totalidad del territorio de
Cisjordania que hoy controla. Sería imposible en ese caso llegar a ningún tipo
de acuerdo y más que nada, esa sería una receta conducente a un estado
binacional, una tragedia para el sionismo. La separación de los palestinos es
clave, por el bien de Israel, no por los palestinos.
Luces y sombras de una visita presidencial
26/May/2017
Semanario Hebreo, Por Ana Jerozolimski