Durante la Guerra de Independencia de los
EEUU: Jaim Salomon tenía frío, pero su mente no estaba concentrada en el crudo
invierno de Filadelfia, ni siquiera en la batalla del día siguiente que era la
final.
Todo su ser estaba ocupado en encender las
velas de Januca sin llamar la atención de nadie. Esperó a que todos se
durmieran en el campamento de las fuerzas que peleaban por la independencia de
los Estados Unidos. Cuando pensó que ya nadie lo observaba procedió a comenzar
el rito.
“Es posible que este sea mi último Januca”
Somos muchos menos en número de hombres que los ingleses, casi no tenemos
armas, pero el General Washington es un gran hombre. Peleamos por una causa
justa: la libertad. Esa libertad que jamás tuve en Europa, donde nos humillaban
por ser judíos, donde nos perseguían.
Todo esto pensaba el soldado Solomon
mientras encendía la vela. En ese instante sólo pudo murmurar: “Gracias Di-s”
“¡Gracias por todo!” mientras recitaba las bendiciones bajo el claro y
silencioso cielo de Pensylvania.
Pero de pronto, algo lo trajo a la
realidad. Había una persona parada a su lado.
“¿Qué es esto? ¿Qué estás haciendo, estás
loco? ¿Eres un espía?”
Quien le gritaba no era otro que el
Comandante General del Ejército Revolucionario, el General Washington en
persona!
“No, no mi general!”, murmuró, “¡Di-s no lo
permita! Soy un judío observante. Creo en Di-s y este es uno de los Preceptos
que nos ordenó. No soy un espía, mi general”
“¿Qué tipo de precepto es ese?” preguntó el
general.
“Hace aproximadamente 2000 años, nosotros los
judíos estábamos luchando una guerra muy parecida a esta” dijo Solomon,
sintiéndose inspirado. El general lo miraba profundamente a los ojos.
El soldado judío se irguió y le devolvió la
mirada. “General, los judíos ganaron esa guerra porque luchaban por la verdad.
Luchaban por la libertad. Eran menos en número, muchos menos que nosotros
ahora. En una proporción de 1 a 100, pero ganaron porque creían en una causa
justa y Di-s los ayudó”
“¡Y mañana triunfará también usted, señor
general!… Di-s nos ayudará de la misma forma en que nos ayudó en ese momento!”
El general estaba en silencio, lo miraba y
examinaba incrédulamente, luego de un instante dijo: “Tú eres un judío. ¡Eres
de la nación de los profetas! ¡Tomaré tus palabras como si hubieran sido pronunciadas
por Di-s mismo!” El general estrechó la mano de Solomon, lo saludó cálidamente
y continuó con su recorrido.
Lo que sucedió al día siguiente, ahora ya
es parte de la historia: las fuerzas del general Washington vencieron a las
fuerzas británicas, lo que probó ser el comienzo de la victoria y finalmente la
independencia de los Estados Unidos de Norteamérica de Inglaterra. Y el General
Washington se convirtió en el primer presidente de los Estados Unidos.
Pero lo que no es tan conocido es que el señor
Solomon sobrevivió a la guerra y retornó a su hogar en Boston.
Al año siguiente de la batalla, otra vez en
la festividad de Janucá, Solomon estaba en su casa con su familia observando
las velas de la festividad que brillaban junto a la ventana.
En ese momento, se escuchó que golpeaban a
la puerta. Se levantó, abrió la puerta y quedó petrificado al ver que allí
estaba un grupo de unos diez oficiales del ejército junto al primer presidente
de los Estados Unidos, el general George Washington, en persona!
Los hizo pasar y el presidente pidió la
palabra. “Veo que sigue fiel a las tradiciones de su Pueblo… Feliz… Januca si
mal no recuerdo el nombre de la Fiesta…
Bueno, pero no se asuste Sr. Solomon.
Estamos aquí por un presente que quise traerle en persona”
Uno de los oficiales dio un paso al frente
y sacó un pequeño estuche de terciopelo de su bolsillo. El señor Solomon no
salía de su sorpresa. Tomó lentamente la cajita, la abrió y encontró allí una
medalla de oro. Al tenerla en sus manos vio que estaba grabada sobre ella la
imagen de la Menorá, junto a las palabras: “Con admiración, George Washington”.
“Señor Solomon, usted desconoce lo que hizo
en Filadelfia hace justo un año” dijo el presidente. “Yo no podía dormir esa
noche, pues creía que no teníamos chance de ganar.
Había pensado que era mejor rendirnos.
Carecíamos de munición suficiente, teníamos un reducido número de soldados y la
comida era insuficiente. Cuando vi a los muchachos durmiendo a la intemperie,
con el frío intenso azotándolos, pensé que nada podíamos hacer…
Sentí al escucharlo aquella noche que
estábamos del lado correcto. Que nuestra causa era justa. Por eso vine a
agradecerle y condecorarlo.
Y a decirle que esta noche también es mi
fiesta. Para mi Januca quiere decir luz de esperanza.
Para mí januca quiere decir: Libertad!
La medalla entregada por Washington al
soldado Solomon aún existe como testimonio de la fuerza de Janucá en el Museo
de Historia Judía de New York.
George Washington y su historia con Januca
26/Dic/2016
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