Las inesperadas enseñanzas que nos dejó la hambruna causada por los nazis en Holanda

09/Nov/2016

BBC Mundo

Las inesperadas enseñanzas que nos dejó la hambruna causada por los nazis en Holanda

Corría septiembre de 1944, apenas tres
meses después del desembarco de los aliados en Normandía, cuando 20.000
soldados británicos llegaron a los Países Bajos en planeadores y paracaídas.
Querían liberar el territorio y luego
avanzar sobre Alemania. Pero las cosas no salieron como las habían planeado:
los británicos fueron repelidos por los alemanes y debieron replegarse.
Lo que siguió fue un crudo bloqueo
establecido por los nazis en partes del territorio. Y casi inmediatamente, la
escasez de alimentos y el racionamiento se hicieron sentir.
Para los holandeses, la derrota de las
tropas aliadas trajo meses de oscuridad y miseria en lo que se conoció como el
«Invierno del hambre», la única hambruna extendida que vivió Europa
en todo el siglo XX.
Las raciones eran de dos rodajas de pan,
dos papas y un poco de azúcar. Aunque al principio las mujeres embarazadas
recibían un poco más, a medida que se agravaba el cuadro los privilegios se
fueron acabando. Los adultos comían entre 400 y 800 calorías diarias, no había
más.
Pero apenas terminó la segunda Guerra
Mundial, en agosto de 1945, la alimentación recuperó los niveles previos al
conflicto. Así, la hambruna fue intensa y severa, pero corta.
Y precisamente por eso se convirtió en una
fuente invaluable de datos para los científicos.
Los llaman «experimentos
naturales»: cuadros de situación en donde una variable cambia, usualmente
de manera inesperada, y se pueden seguir los efectos de esos cambios más tarde
para estudiar problemas de salud a gran escala.
Esta hambruna fue uno de ellos y permitió
estudios que nunca hubieran podido realizarse en el laboratorio.
¿Cuánta hambre hay realmente en la
Venezuela de la «emergencia alimentaria»?
Un matrimonio y muchos datos
Los primeros en intuir esta riqueza
científica fueron Zena Stein y Mervyn Susser, una pareja de médicos que trabajó
en Sudáfrica en los años 50.
«Estábamos interesados en nutrición y
medicina social a partir de nuestra labor en los barrios marginales», le
dice a la BBC Zena Stein, quien tuvo entre sus alumnos a Nelson Mandela y
todavía trabaja y publica nuevas investigaciones a sus 94 años.
Necesitábamos una población humana donde
supiéramos que había habido malnutrición y pudiéramos hacer un seguimiento de
los hijos de esas personas que habían padecido hambre
En particular, el matrimonio estaba
interesado en el impacto que tenía la nutrición prenatal en los retardos
mentales en los países en desarrollo.
Hasta entonces, se habían hecho estudios
con animales que probaban que la falta de nutrientes en el útero materno podría
afectar la capacidad del cerebro más tarde.
Pero obviamente no se podía replicar el
experimento con humanos… salvo que el experimento hubiera ocurrido ya de manera
fortuita.
«Tuvimos este momento de iluminación.
Necesitábamos una población humana donde supiéramos que había habido
malnutrición y hambre y pudiéramos hacer un seguimiento de los hijos de esas
personas que habían padecido hambre para ver qué consecuencias habían
tenido».
Así, la hambruna de los Países Bajos se
convirtió en un perfecto marco de estudio: «Teníamos una población
razonablemente bien alimentada, sometida de pronto a una hambruna y que luego
había recuperado su buena alimentación», le dijo Stein a la BBC.
Los sectores del territorio que pasaron
hambre eran técnicamente idénticos -social, económicamente- a los que no fueron
afectados por el bloqueo. Esto permitió la comparación directa entre los bebés
nacidos en un mismo período de tiempo en dos contextos similares en los que
sólo se había modificado una variable, la disponibilidad de comida.
Y -lo que resultó aún más valioso- dos
décadas después de la hambruna, los registros del ejército holandés guardaban
datos del estado de salud de todos los hombres adultos nacidos en la época.
«Los hombres se tenían que enrolar para
un examen a los 18 años y había datos de esos exámenes, incluidos estudios
mentales, que pudimos relacionar con los test de coeficiente intelectual (IQ)
tradicionales».
>Lo que Stein y Susser esperaban confirmar
era que los bebés privados de nutrientes en el útero tenían luego menor
rendimiento intelectual a la edad de 18.
Pero eso no pasó.
«Las mediciones no mostraron eso,
parecía que la hambruna no había dejado ninguna huella en el cerebro, lo cual
fue bastante sorprendente».
Una decepción, más bien. Lo único que la
pareja pudo confirmar -y publicar- en los años 70 fue que aquellos niños que
habían sido afectados por la hambruna en la gestación tenían una predisposición
levemente mayor a la obesidad al alcanzar la edad adulta.
Nueva luz y datos reveladores
Pero, dos décadas más tarde, un grupo de
científicos en los Países Bajos volvió a revisar los datos del Invierno del
Hambre bajo una nueva luz.
Y los resultados fueron muy diferentes a
los conseguidos por Stein y Susser.
Gracias a los detallados registros de
nacimiento, pudieron rastrear a las personas concebidas o nacidas durante
aquellos duros meses para ver cómo había evolucionado su salud a lo largo de
cinco décadas.
«Encontramos que los bebés que
sufrieron los efectos en las etapas tempranas de gestación registraban mayores
índices de obesidad, mayor incidencia de dolencias cardíacas, las mujeres
tenían más cáncer de mama y tanto hombres como mujeres sufrían más de
depresión», reveló a la BBC Tessa Roseboom, experta en desarrollo temprano
del Academic Medical Centre de Ámsterdam.
Y más: «También parecían envejecer más
rápidamente y morir con mayor frecuencia por enfermedades
cardiovasculares».
Image caption
Los estudios con datos de la hambruna
permiten una observación sin precedentes de los efectos que tiene la nutrición
prenatal y de la niñez en la salud general.
Cuán perjudiciales fueron los efectos
dependía de cuán desarrollado estaba el feto cuando ocurrió la hambruna,
establecieron los científicos.
Los bebés mal alimentados en el tercer
trimestre del embarazo tenían un peso inferior al normal al momento del
alumbramiento, mientras que los malnutridos en el primer trimestre tendían a
tener un peso normal.
Lo que come la mujer antes del embarazo
afecta el ADN del bebé
Pero lo que la investigación de Roseboom
sugiere es que un peso de nacimiento aparentemente saludable no es signo de
bienestar a largo plazo.
«Una de las explicaciones simples es
que cuando el bebé está en formación en el útero materno todos los ‘bloques’
que se necesitan para construir sus órganos vienen o bien de la ingesta de la
madre o bien de las reservas almacenadas por ella en el cuerpo. Creo que lo que
vemos es que si los ‘bloques’ que se proveen al feto son pobres, se forma un
bebé que se ve saludable pero a medida que avanza el proceso de envejecimiento
estos órganos de menor calidad se deterioran más rápido».
Asimismo, los bebés formados en tiempos de
hambruna están profundamente programados para operar en condiciones de escasez
alimenticia. Lo que significa que, al crecer en un contexto donde esa escasez
no existe, tienden a acumular peso en exceso.
¿Hambruna hereditaria?
Pero hay más: estas personas, al crecer,
también son más proclives a dar a luz niños más gordos que la media.
Curiosamente, la programación que genera la hambruna se traspasa de una
generación a la siguiente.
«Los efectos no se limitan a la
generación que la sufrió directamente en el útero materno. La segunda
generación de bebés también se ve afectada, con bebés que son levemente más
grandes si sus madres han estado expuestas a la hambruna en la etapa
prenatal», agregó la académica.
Cómo se produce ese traspaso no está del
todo claro, ni por cuántas generaciones: todavía es muy pronto para saber cómo
evolucionarán los nietos del Invierno del Hambre.
¿Realmente puede la dieta tener un impacto
en tu fertilidad?
Otras líneas de investigación sobre este
desastre natural han ido más allá del peso y el efecto del envejecimiento.
El psiquiatra Ezra Susser, hijo de Zena y
Mervyn y hoy profesor de la Universidad de Columbia, encaró un estudio para
observar la incidencia de la esquizofrenia, basándose en la teoría de que este
trastorno mental tiene su origen en estadios tempranos de desarrollo cerebral.
¿Por cuántas generaciones se harán sentir
los efectos de la hambruna de hace 70 años? Aún es demasiado pronto para saber.
Susser confirmó que los bebés del hambre
tenían mayores índices de la enfermedad, unos resultados que concordaron con
una investigación similar sobre las víctimas de una hambruna en China a finales
de la década de 1950.
«Estamos muy seguros de que los
vínculos (entre nutrición prenatal y esquizofrenia) son reales», apuntó
Susser.
Más descubrimientos vinieron del campo de
la economía.
Gerard van der Berg, académico de la
Universidad de Bristol, miró las estadísticas de empleo de los Países Bajos
para comparar a quienes sufrieron los efectos de la hambruna en el vientre
materno con los que no.
Y halló «una clara caída de la
empleabilidad entre quienes se vieron afectados al principio de la gestación. A
la edad de 60, esos individuos tienen una probabilidad significativamente mayor
de no haber tenido trabajo».
Una posible explicación, señaló Van der
Berg, es que la capacidad cognitiva de estas personas decrece más rápidamente
que el promedio en torno a la edad de jubilación.
Muchos de los efectos sobre la salud no se
perciben sino hasta que el individuo se acerca a la edad de jubilación, dicen
los científicos.
Estos y otros indicadores, como la mayor
incidencia de diabetes o anormalidades cardiovasculares cuando quienes
padecieron la hambruna en el útero alcanzan la vejez, prueban que la teoría de
base de los esposos Susser-Stein no era errada.
«Su enfoque del problema fue
reivindicado», dice su hijo.
Fue quizá demasiado pronto: ellos
examinaron a las víctimas de la hambruna a la edad de 18 años y había que
esperar a ver los efectos en el más largo plazo.
«La idea general de que la nutrición
prenatal puede afectar el desarrollo de toda una vida es una hipótesis
confirmada con las investigaciones posteriores», dijo el científico.
Y pusieron de cabeza algunas de las
premisas tradicionales de salud infantil, así como las de las políticas de
salud: parece ser económicamente más eficiente, entendieron los científicos,
destinar el dinero a que la gente tenga un buen comienzo de la vida, que a
tratar de corregir los problemas más tarde.