El fallecimiento de Shimon Peres ha
ocupado los titulares de la prensa mundial de los últimos días.
No menos repercusión ha tenido su
sepelio, al que asistieron figuras de renombre mundial seguramente
representativas de toda la humanidad.
Vale la pena detenerse en esta
última circunstancia. De hecho no resulta fácil remontarse en la memoria
para identificar una ceremonia de similares características, a la cual se hayan
dado cita tantas personalidades del más alto nivel en el concierto de la
política internacional: Obama, Clinton, Hollande, Sarkozy, Merkel, el rey de
España, el príncipe Carlos, para citar algunos nombres. (Acude a la
memoria de todos nosotros, casi espontáneamente, el entierro de Rabin hace ya
más de 20 años). Confieso -por qué no decirlo- que me habría complacido ver
entre esa pléyade, alguna figura notable del quehacer nacional, dicho esto con los
mayores respetos en lo que a los diplomáticos uruguayos se refiere (Pienso por
ejemplo en el Premio Jerusalem José Mujica).
La circunstancia resulta doblemente
llamativa si se tiene en cuenta que al tiempo de su fallecimiento Shimon Peres
ya no ocupaba función pública alguna: era un ex de una infinidad de cosas.
Justo es decir que también se hizo presente Mahmud Abbas, el Presidente
de la Autoridad Palestina. Excepto que mientras los organizadores le
dieron -como correspondía- un lugar en la primera fila de asistentes, su
residencia en Ramala fue objeto de actos de agresión y vilipendio; sin
comentarios.
Esa notable proyección planetaria de
su muerte y posterior entierro de Shimon Peres, con seguridad admite varias
lecturas. También alguna pregunta. Empecemos por las primeras.
Es evidente que las cualidades
notables de la personalidad desaparecida explican buena parte de la atención
concitada. Porque la figura de Peres aparece indisolublemente asociada a
algunos de los valores más caros a Occidente: la búsqueda incesante de la paz,
el esfuerzo continuo para alcanzar puntos de encuentro y de entendimiento allí
donde las posiciones lucen irreductibles, el dominio de la razón sobre la
pasión, el rol de la educación como motor de una nación, su pragmatismo y su
realismo político, su apuesta a la construcción en contraposición a quienes
hacen de los destrucción el leit motiv
de sus vidas.
Va de suyo que su longevidad habrá
tenido algo que ver en todo eso, con esa reputación de figura señera, propia de
quien está más allá del bien y del mal. Pero es improbable que ese sitial
de privilegio pudiera alcanzarse tan sólo por haber recibido la gracia divina
de una larga vida. Su natural simpatía, su rostro siempre sonriente y
afable, su vasta cultura universal, su conocimiento personal de tantas figuras
mundiales a lo largo y ancho del planeta -y no sólo del quehacer
político- con seguridad habrán tenido algo que ver con el fenómeno que aquí
comentamos. Ni hablar de los logros -hazañas- a las cuales contribuyó,
entre las que destacan los Acuerdos de Oslo, el tratado de paz con Jordania o
el rescate de Entebe. (De paso, nada de ello le impidió ser un hombre de
familia).
También la postura de la propia
sociedad israelí aportó lo suyo: la despedida de Shimon Peres fue un acto
genuinamente nacional. Allí no hubo distinciones ni banderas a la hora de
convocar al pueblo israelí: no hubo mezquindades, ni derechas e izquierdas, ni
palomas y halcones, ni laicos versus religiosos, ni los de Malvin versus los de
Manga. La nación israelí vivió en esas horas -tan dolorosas como cargadas
de hondo significado – ese vínculo tan intenso que Renan había narrado
hacia fines del siglo XIX para referir al concepto de nación: un todo que tiene
conciencia de haber hecho grandes cosas juntos.
Hay en todo esto una grata lección:
aún países pequeños -Israel pre 67′ tiene una superficie similar a la de
Tacuarembó- son capaces de generar personalidades enormes, de dimensión
internacional.
Por eso la pregunta que quisiéramos
compartir con el lector: nosotros, aquí en la comarca ¿seríamos capaces de un
acto ecuménico de este tipo, en cual pudiéramos rendir homenaje a nuestros
pro-hombres más allá de divisas partidarias, sin resentimientos y mirando hacia
adelante?
Jonás Bergstein
Shimon Peres y nosotros
10/Oct/2016
Por Dr. Jonás Bergstein (de Copredi)