Israel obra el ‘milagro’ del agua: Entierra la amenaza de la sequía con su apuesta por la desalación

02/Ago/2016

Rusia Today

Israel obra el ‘milagro’ del agua: Entierra la amenaza de la sequía con su apuesta por la desalación

Israel, que no hace mucho sufría la peor
sequía de los últimos 900 años, cuenta ahora con un superávit de agua que
obtiene del mar Mediterráneo. ¿Cómo lo ha conseguido?
«Israel ha logrado este notable cambio
gracias a campañas nacionales dirigidas a conservar y reutilizar los escasos
recursos hídricos del país, pero el mayor impacto vino de una nueva ola de
plantas de desalación», escribe el columnista Rowan Jacobsen en la revista
‘Ensia’.
Según Jacobsen, gracias a los numerosos
avances en tecnología de membranas de dichas plantas, la desalación se ha
vuelto mucho más eficiente. Israel ahora obtiene el 55% de su agua para uso
doméstico de la desalación, «pasando de ser uno de los países más secos
del mundo en un impensable gigante del agua».
Todas las plantas de desalación
proporcionan unos 600 millones de metros cúbicos de agua al año, y generarán
aún más en el futuro, según el artículo. Gracias a estos procesos, el mar de
Galilea ahora está más lleno que en los tiempos de la sequía, mientras que las
granjas israelíes prosperan. «Y ahora el país se enfrenta a una pregunta
antes insondable: ¿Qué hacer con el exceso de agua?», continúa el autor
del artículo.
La desalinización solía ser cara, pero el
tipo de tecnologías avanzadas ha cambiado el coste de agua en Israel. «El
agua generada a través de desalación cuesta solo un tercio de lo que costó en
la década de 1990», explica Jacobsen, que agrega que la planta de Sorec
puede producir 1.000 litros de agua potable por 58 céntimos de dólar. Según el
artículo, los israelíes pagan por el agua alrededor de 30 dólares al mes, la
misma cantidad que paga la mayoría de ciudades de Estados Unidos, y mucho menos
que Las Vegas (47 dólares) o Los Angeles (58).
Asimismo, Jacobsen presenta la información
sobre un «ambicioso» proyecto de Israel y Jordania para construir una
gran planta de desalación en el mar Rojo que costará unos 900 millones de
dólares. El agua recibida de la planta se dividirá entre israelíes (incluida
Cisjordania), jordanos y palestinos.
«Abro el grifo y bebo una taza tras
otra de lo que era el mar Mediterráneo hace 40 minutos. Su sabor es frío, claro
y milagroso», concluye Jacobsen.