Cr. Max Sapolinski es el nuevo presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay (Kehilá)

30/Dic/2015

Cr. Max Sapolinski es el nuevo presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay (Kehilá)

El pasado martes 15 de diciembre se realizó una emotiva ceremonia con motivo de la asunción del Cr. Max Sapolinski como presidente de la Comunidad Israelita del Uruguay.
Max Sapolinski fue electo presidente en las elecciones realizadas el pasado 29 de noviembre y asume por segunda vez la presidencia de nuestra Comunidad. En esta oportunidad recibe el cargo del presidente saliente Alberto Buszkaniec. Un paso más en la historia de una Comunidad que cumple sus primeros cien años; una Kehilá basada en ideales judeo sionistas que participa día a día en la construcción de una mejor sociedad.
A continuación compartimos el discurso de asunción del cargo:
Muchas gracias por acompañarnos en esta oportunidad. Un especial agradecimiento al esfuerzo volcado por el anterior Comité Ejecutivo. Reconocimiento que hago expreso en la figura de su presidente el Sr. Alberto Buszkaniec.
Debo decir que este momento viene acompañado de una carga emocional muy especial. Me permitirán que me aparte un momento de mi estilo habitual y transmita a ustedes parte de mis sentimientos, porque creo que hacen también al sentir colectivo, que de eso se trata justamente la vida comunitaria. Hace casi 8 años dejaba la presidencia de esta institución. Desde ese momento volqué mi tiempo y mis esfuerzos en distintas actividades.
Me tocó gerenciar una importante mutualista, integré el Directorio de una Unidad Reguladora e incluso dirigí el Partido político más longevo del mundo, no sin desentenderme por ello de seguir la realidad de la vida comunitaria. Habrá quién se pregunte si después de haber diversificado de tal forma la vocación de servicio que uno posee y de haber volcado tiempo y años a esas otras actividades y ya con unos cuantos años más, todavía uno se siente atraído a volver a esta siempre difícil pero apasionante tarea comunitaria con la que hoy me han honrado. Creo que la respuesta a esta interrogante, aunque sea intuitivamente, la tenemos todos los aquí presentes. La respuesta, es que la vida comunitaria, encarnada paradigmáticamente en la Kehilá, como supongo lo está también en las comunidades hermanas, está en la epidermis y en el alma de todos nosotros. En mi caso particular, mi vínculo ha estado indisolublemente ligado a esta Institución desde siempre. Cerca de 40 años tengo ya de socio. Hace 30 años integré ya este Consejo General siendo muy joven. Tenía la edad de mi hija, que justamente hoy se integra al mismo.
Permítaseme, también que no deje pasar mi emocionado recuerdo a mi padre, a quien no puedo dejar de ver sentado en su escritorio cada vez que entro a las oficinas del primer piso, en esa tarea de funcionario mezclado con askan que siempre desarrolló, y que de alguna manera me transmitió. Es por ello, que el compromiso comunitario está impregnado en todos nosotros. Esta Kehilá es el producto de la iniciativa maravillosa de nuestros padres y abuelos para generar lo que sentían debía ser el gobierno de la vida judía y un extraordinario prestador de servicios.
Trasplantada en su esencia de las comunidades generadas en aquellos pueblitos judíos de la Europa Oriental, aquellos inmigrantes sintieron que la conformación de su vida judía en esta parte de América debía tener la organicidad imperiosa para atender los servicios que la incipiente Comunidad requería. 100 años estamos conmemorando, justamente, el año próximo, de la concreción de los desvelos de conformar ese marco de organización, al principio precario, pero pleno de logros a medida que transcurrían las décadas.
El Esc. Israel Nemirovsky en su obra “Albores del Judaísmo en el Uruguay” editado en 1987, hace una narración adecuada de aquellos orígenes. Nos cuenta como en la asamblea conformada aquel 18 de julio de 1916 se eligieron las autoridades de la Comunidad incipiente, denominada inicialmente “Jevrá Kedushá Ashkenazit” y asume su primer presidente, el Sr. Naum Rosenblat. Cito textualmente al Esc. Nemirovsky: “En la misma Asamblea se declaró que el objetivo principal de la institución, consistía en ocuparse del entierro de los judíos que fallecieran, de acuerdo con las leyes y tradiciones de nuestra religión; y que en la próxima asamblea general serían presentados y discutidos los estatutos para su aprobación, con el fin de poder solicitar personería jurídica”.
Asombroso, sin lugar a dudas, el tesón demostrado por aquellos inmigrantes, que pese a las demandas naturales que tenían de encarar una vida en un mundo distinto, se preocupaban por los aspectos de la vida comunitaria y la obligación de satisfacer las necesidades que se iban generando. La primera de ellas, como lo vimos, la imperiosa necesidad de un cementerio donde enterrar a sus muertos de acuerdo al rito judío.
Para ello se valieron de su mayor esfuerzo, sus mejores talentos y una voluntad inquebrantable, al punto de recurrir a la contratación de una insigne figura en la vida nacional para que los asesore en la problemática jurídica necesaria. Me refiero a por quien, yo en particular, tengo especial admiración, el Dr. Domingo Arena, que justo es decir, luego de lo exitoso de su gestión donó a la joven institución los honorarios generados.
Pero esas demandas iniciales se fueron multiplicando, diversificando y agrandando. La Kehilá hoy brinda ayuda religiosa a quien lo necesite, mantiene un acabado desarrollo en la asistencia social desde hace décadas, ha creado un Area de Discapacidad que es ejemplo nacional, mantiene un área cultural que representa a la Colectividad toda y nuclea a centenares de jóvenes, así como centenares de adultos se reúnen en múltiples grupos donde realizan actividades culturales y sociales, aparte de coordinar toda la gestión de Voluntarios en Red, manteniendo el voluntariado como una esencia en la gestión comunitaria judía. Como demostración cabal de las actividades desarrolladas quiero solamente citar el festejo del que participamos hace un par de semanas de la conmemoración de los 30 años de Naguía. Clara demostración de lo que hace 3 décadas los nuevos tiempos demandaron y los maravillosos jóvenes de ese momento y la visión de los dirigentes comunitarios permitió crear.
Créanme que nada tiene que envidiar la gestión de un gobierno de un país a la de la Kehilá. Entonces, dirán ustedes que todo es perfecto. Pues no. Creo que tenemos mucho por hacer y a eso convoco a todos los consejeros y amigos. Digamos las cosas con crudeza. Todavía se escuchan comentarios en la tan mentada “calle judía”, acerca que la Kehilá es una organización para ser utilizada exclusivamente en caso de muerte o necesidad extrema. También se dice que es campo fértil a la lucha de los partidos. Pues sobre la imagen de la Kehilá debemos trabajar y mucho.
Tenemos la obligación de transmitir la vastedad del trabajo que se realiza y conseguir el beneplácito de nuestros asociados y de la Colectividad en general. A ello buscaremos volcar nuestros mayores esfuerzos. También tenemos la obligación de acercar más a nuestros jóvenes. La era de la tecnología ha modificado los usos y las costumbres. Los jóvenes, en su gran mayoría, no tienen interés en integrarse a estructuras rígidas. Vivimos en la era de los 140 caracteres, del twitter, del facebook, del instagram y no de estructuras que fueron la respuesta en determinado momento, pero que necesitan aggiornarse. Estamos obligados a poner a la Kehilá en esta era, porque allí nos jugamos el futuro. Si no lo logramos, si no hacemos lo necesario para que nuestros lugares sean ocupados por las nuevas generaciones, estamos condenados.
No quiero dejar pasar esta oportunidad, sin citar algunos aspectos que para mí son importantes. En primer término: Las comunidades fundadoras conformaron hace 75 años, el Comité Central Israelita del Uruguay y delegaron su representatividad política en él. Y estuvo bien en hacerse así. Por lo tanto, es importante para mí, ratificar el incondicional apoyo de esta Kehilá a la labor del Comité y la convicción de que las Comunidades deben seguir siendo el sostén de su labor y en contrapartida, es éste y sus autoridades, quien debe representarlas ante el mundo gentil. Quiero también darle mi especial saludo a las Comunidades hermanas. Considero que este mundo moderno del cual hablaba, nos obliga a todos, a las 4 comunidades, a encarar con espíritu amplio una mayor coordinación entre todos. La separación de los inicios, generada por los orígenes de los inmigrantes, no debería seguir incidiendo en la tarea comunitaria. No digo que se pierdan características ni culturales, ni religiosas, ni de gestión. Pero el siglo XXI nos impone una mayor coordinación y un mejor trabajo conjunto.
Cuando yo era un joven de 15 años, mi generación no entendía mayoritariamente la división que existía. 40 años después, pareciera que la brecha se ha ido profundizando en lugar de achicarse. Creo que nos debemos convocar a un mayor trabajo en conjunto. En este momento tan especial quiero también ratificar nuestro inequívoco apoyo al Estado de Israel. Esta Kehilá ha sido un claro ejemplo a través de su historia de dicho apoyo, tanto desde el punto de vista conceptual como material. Tenga el convencimiento que seguiremos en esa senda.
Para ir terminando, quiero brindar algunos agradecimientos:
-A los consejeros de la Kehilá por confiar nuevamente en mí. Este agradecimiento va acompañado por mi pedido expreso para que no nos dejen solos y podamos convertir este Consejo en una usina de ideas y de logros.
-A los funcionarios de la Kehilá: porque sé de su dedicación y de sus demostraciones de aliento. Estoy seguro que se brindan más allá de sus obligaciones funcionales y pasan a ser activistas por convicción.
-A mi familia. Una vez más. Ya perdí la cuenta de las veces que le tuve que agradecer. Como digo siempre, mis hijos antes de hablar ya sabían lo que significaba que “papá está en reunión”. Por suerte en una cuantas cosas ahora me acompañan con similares inquietudes y muchas críticas. Como debe ser. Asumí que Beatriz, prefiere tenerme ocupado que distorsionando el orden familiar y por eso siempre está dispuesta a que encare estas quimeras. Como le digo siempre, parafraseando a WFA el día que dejaba el país tras el golpe de Estado, “no podrás negar que te dí una vida entretenida.”
Por último, quiero citar a Maimónides. Maimónides fue un hombre de su tiempo. Rabino, filósofo, científico fue una de las personalidades más destacadas de su época, a la que trascendió largamente. Escribió en su Exégesis al Tratado de Principios, en alusión a la vida comunitaria: “Cuando los dirigentes y activistas comunitarios, dejen de cumplir algún precepto a causa de su trabajo en la comunidad… que Dios les conceda la recompensa como si hubiesen cumplido dicho precepto, aunque así no haya sido. Les corresponde la debida recompensa pues dedicaron su tiempo a los asuntos comunitarios.”
Le aclaro al Rabino que por supuesto no pretendo ni para mi persona ni para el resto de los presentes, recompensas de las que no somos merecedores. Lo único que pretendo es que todos juntos podamos mantener en alto la dignidad de la tarea comunitaria. Es el legado de nuestros padres y la herencia para nuestros hijos.
A todos, nuevamente muchas gracias por acompañarnos.