¿Cuáles son las
claves que nos permitan comprender, aunque sea en parte, la actual ola de
terrorismo en Israel y los territorios palestinos?
¿Cuáles son las claves que nos permitan comprender, aunque
sea en parte, la actual ola de terrorismo en Israel y los territorios
palestinos?
En las últimas dos semanas el número de ataques
individuales, que ya había comenzado, se ha multiplicado hasta adquirir ribetes
masivos que, sin embargo, no admiten aún, por sus características ni por su
envergadura, la calificación de “tercera Intifada”.
Se trata de ataques individuales, lo que en Israel ya han
calificado de “lobos solitarios”, que emplean en especial la táctica del
acuchillamiento. Se le suma el atropellamiento con automóviles, algún atentado
con disparos, como el de la línea 78 de autobús en Jerusalem, un atentado con
bomba suicida por una mujer, y el creciente desafío a la cerca separadora entre
Gaza e Israel. Los perpetradores son, en su absoluta mayoría, de Jerusalem
Oriental, salvo atentados aislados en Cisjordania (matrimonio Hankin), un árabe
israelí que atropelló y acuchilló, y la nombrada ruptura de la cerca en Gaza.
El disparador fue una leyenda, aún no desmentida por los
líderes responsables de la Autoridad Palestina: que Israel pretende modificar
el status quo en el Monte del Templo (o Explanada de las Mezquitas) en
Jerusalem. Tanto el discurso del presidente Mahmud Abbas en la ONU, en el que
declaraba “incumplibles” los Acuerdos de Oslo, como sus declaraciones de que
“no permitiremos que los israelíes contaminen con sus pies apestosos la
Mezquita de Al Aqsa”, fueron considerados como luz verde para la salida de los
palestinos a la calle.
En el plano táctico, el atentado tipo “lobo solitario”
reemplaza al atentado organizado por agrupaciones terroristas, debido a que es
imposible rastrearlo y prevenirlo por los organismos de inteligencia israelíes,
con o sin cooperación de sus pares palestinos. En efecto, los terroristas
individuales que fueron capturados a posteriori, como en el caso del matrimonio
Hankin o de los dos rabinos acuchillados en la Ciudad Vieja, pudieron a
posteriori, probablemente gracias a dicha cooperación, pero no se los pudo
frenar a priori.
El islam radical como motor
La motivación de los lobos solitarios combina la frustración
personal a nivel socio-económico con la ideología islámica radical. Cuando los
perpetradores salen a la calle con un cuchillo en sus bolsos o bolsillos no
gritan revolución, liberación nacional o socialismo, sino “Jihad”, “Allah es
grande” y motivos religiosos afines. También gritan “Justicia”, pero no como la
entendemos en Occidente: la injusticia que comete el enemigo judío es la
profanación de dos lugares santos: por un lado el lema “Al Aqsa peligra”, una
mentira que hoy mata a israelíes y palestinos, y de la que Abbas y los líderes
religiosos deberán dar cuenta algún día. Por otro, “justicia” por la ocupación
israelí, pero no solo en los territorios, sino la de todo Israel, un territorio
(Palestina) perteneciente, en la mitología del islam vuelto radical, a “Dar el
Islam“, la “Morada del Islam” o “Morada de la paz”.
En la visión del islam, adoptada como ideología intolerante
por el radicalismo islámico, en la que no existe división entre política y
religión, pues Mahoma fue enviado para “gobernar” sobre las demás religiones,
la paz universal llegará cuando todas las demás religiones reconozcan la
soberanía política y la superioridad moral del islam. Dividen, pues, los
territorios del mundo en dos: Dar el Islam son todos aquellos territorios que
están bajo soberanía musulmana o que alguna vez lo estuvieron. Israel, España y
Portugal, son Dar el Islam. El resto se llama Dar el Harb, la Morada de la
Guerra, por los que habrá que luchar en Jihad, Guerra Santa, solo después.
Ojalá estuviéramos hablando de letra muerta: Anwar el Sadat fue asesinado por
la Hermandad Musulmana dos años después del acuerdo de Camp David en el que
reconoció a Israel.
En este contexto, el cuchillo resulta ser también un motivo
cultural-religioso. Remite a las acciones de los Hashashins, una secta
musulmana ismailita en el siglo 14 que actuó en Persia y en Siria, de la que
provienen dos palabras: asesino y hashish, pues, según el relato, utilizaban
esta droga a la hora de ejecutar a sus oponentes con cuchillas redondeadas. En
la bandera de Arabia Saudita, junto al auto de fe islámico –”No hay más Dios
que Allah y Mahoma es su profeta”- una espada engalana el paño verde, símbolo
de la unificación del reino bajo Ibn Saúd en el siglo 12, bajo la espada, por
supuesto.
Así, el asesinato reviste carácter épico y heroico. Cuando
el lobo solitario gana la calle está solo y se siente el “bueno” de la
historia, como en el extendido juego de computadora Assassin’s Creed. Está solo
pero “se sabe”, al mismo tiempo, parte de algo bueno, justo, heroico y grande,
que llegará a los corazones de la “Uma”, aquella nación musulmana fundada
inicialmente por el mismo Mahoma.
Un claro antecedente de para esta campaña de ribetes épicos
es la Primavera Árabe, gestada en un movimiento tipo cardumen desde las redes
sociales, Facebook, Twitter e Instagram, y el gran espaldarazo es el tsunami de
islam radical que inunda el Medio Oriente y que ya ha salpicado a Europa y
Occidente. Solo que ese mismo tsunami amenazaba con dejar a los palestinos
fuera de la escena internacional, acaparada por asuntos miles de veces más
grandes: la crisis de refugiados sirios, el fenómeno ISIS, la intervención rusa
en Siria. Los palestinos necesitaban volver con urgencia a los titulares.
De agendas y pérdidas del control
Por lo tanto, el actual fenómeno difiere de las anteriores
Intifadas por lo menos en dos niveles: no se trata de una Intifada popular, la
“Intifada de las piedras” entre 1987 y 1992, porque aquélla fue masiva, con
escenas de cientos o miles de palestinos en las calles lanzando centenares de
piedras mortales contra fuerzas de seguridad o civiles israelíes, ni la
segunda, la “Intifada de Al Aqsa”, decretada y digitada desde arriba y con
cinismo por la Autoridad Palestina de Yasser Arafat en octubre de 2000, donde
el modus operandi clásico era el atentado suicida organizado por movimientos
terroristas ramificados, jerarquizados e identificables. Tampoco se parece en
la cantidad de muertos, tanto israelíes como palestinos, que en las últimas dos
semanas ascienden a unos 20 palestinos y 7 israelíes. Pero lo impredecible de
los ataques lo vuelve aún más temible, y Jerusalem es hoy casi una ciudad
fantasma.
El problema de los lobos solitarios opone un desafío de
nuevo cuño, tanto para las fuerzas de seguridad de Israel como, según analistas
israelíes, para los respectivos establishments palestinos en Cisjordania y en
Gaza. Tanto en uno como en otro existe el estímulo de la violencia y el terror.
Tanto uno como el otro, sin embargo, temen ahora perder el control, pues el
lobo solitario no responde a esos mandos.
Desde Gaza, en efecto, Hamás viene llamando desde hace años
y abiertamente a una tercera Intifada. Pero el lobo solitario no es
necesariamente hamásico. Está frustrado por la ineptitud del Hamás, tanto en
destruir a Israel como en reconstruir la Franja de Gaza. En lugar de viviendas,
refugios, cloacado, redes de agua y electricidad, Hamás ha reconstruido solo
túneles terroristas para seguir intentando inútilmente la destrucción de Israel,
ha instaurado una dictadura islámica radical que gobierna con mano de hierro y
niega los derechos más básicos a su población y a sus minorías, empezando por
las mujeres y los cristianos. La oposición interna a Hamás también crece, y los
últimos misiles han sido lanzados no por Hamás, sino por la Jihad Islámica,
financiada por Irán, cuando no ISIS palestino. Si algo crece en Gaza no es la
ocupación israelí –no hay un solo judío dentro de Gaza- sino el islam radical,
que logra, en muchos círculos en especial juveniles, echar la culpa de todos
los males al enemigo externo, el infiel temible, Israel. Definitivamente no es
fácil ser palestino en Gaza hoy.
En Cisjordania, en tanto, el raís Mahmud Abbas mantiene una
actitud ambivalente. Por un lado proclama y practica la confrontación no
violenta con Israel, obteniendo logros en la arena diplomática. Ha logrado por
ejemplo, el nuevo status palestino en la ONU, el reconocimiento de numerosos
países al futuro Estado palestino, o la apertura de la nueva “Embajada de
Palestina” en Buenos Aires, entre otros ejemplos. Busca, en el plano de las
negociaciones con Israel, la creación del Estado palestino sin pasar por una
mesa de negociaciones que implique el reconocimiento del Estado judío, lo que
lo convertiría en apóstata, pasible de muerte, ante los ojos del islam radical.
Pero por otro lado, y quizás por lo mismo, Abbas practica y
estimula la cultura de la glorificación a los “mártires santos de la Jihad”, la
guerra santa islámica radical. No ha modificado los textos educativos que
promueven el odio a Israel y a los judíos, financia con pensiones a las
familias de los terroristas y bautiza calles en su nombre. Al tiempo que
condenaba los últimos ataques, la cúpula de la Autoridad Palestina visitaba a
las familias dolientes de los terroristas abatidos.
Abbas es el líder que más batalla por su legitimidad casi
perdida. No solo la causa palestina en general había bajado de los titulares,
sino también la legitimidad del viejo líder. No ha logrado ninguna meta
concreta y, aunque ha mejorado más que en Gaza la calidad de vida de los
palestinos, no ha creado el Estado, y la Autoridad Palestina que dirige es un
antro de corrupción y represión de la sociedad civil palestina.
¿Qué hacer?
La población israelí ha activado el modo “aguantar la
tormenta”. Muchos continúan con sus vidas normales, haciendo incluso ideología
de ello. Pero algunos en Jerusalem y otros lugares de Israel están gestionando
permiso de portación de armas, otros aprenden kravmagá. Otros han dejado de
salir a la calle. Los comercios en la capital israelí han bajado sus
operaciones en un 50%. Solo los que no tienen opción utilizan el transporte
público. Todos miran hacia los costados y hacia atrás cuando están en la vía
pública. No son desarrollos positivos.
El gobierno ha anunciado ayer, al cabo de largas
deliberaciones, una serie de medidas: autorización a la policía para decretar
toque de queda en zonas de fricción en Jerusalem Oriental según criterios
operativos, trescientos guardias de seguridad serán reclutados para cuidar en
el transporte público, y fuerzas del ejército israelí reforzarán la seguridad
en las ciudades, las arterias y las líneas de transporte urbano.
Al mismo tiempo, se podrá expropiar bienes de los
terroristas, y se les anulará su status de residentes permanentes de la
capital. Recordemos que el status de los palestinos en Jerusalem no es el de
ciudadanos israelíes. Han rechazado esta opción para perseguir su aspiración de
una ciudadanía palestina el día que llegue. Votan en las elecciones de la
Autoridad Palestina, y en la municipalidad de Jerusalem, pero no en la Kneset
israelí. Ser residentes permanentes les otorga derechos municipales ligados a
salud, educación y demás. Tienen que probar domicilio activo dos años hacia
atrás para obtenerla. Pero también pueden perderla si la tenían y no moran en
las residencias declaradas por más de dos años. Ahora, el gobierno ha decidido
un criterio más: ser un lobo solitario.
Israel sobrevivirá a esta ola de terrorismo como ha
sobrevivido a otras. El país en sí no está en peligro. En principio solo la
gente. Aun si se logra parar la actual ola de terrorismo muy pronto –tal vez,
quién sabe, ya con las actuales medidas- el problema de fondo no estará
resuelto. Quedará actuar en el plano político y diplomático, abriendo un nuevo
horizonte, lo que debió empezar a ocurrir luego de Margen Protector: un
movimiento de Estados moderados que incluya a EEUU y Europa junto con países
como Egipto, Jordania, Arabia Saudita, los emiratos del golfo e incluso la Autoridad
Palestina legítimamente constituida, para que, opuestos al islam radical de
corte violento allí donde se encuentre, comenzar a dar pasos hacia la victoria
sobre la violencia islámica radical, el verdadero mal del Medio Oriente. El
cambio pasará por alianzas de nuevo cuño, que ya se han puesto en marcha solo
en parte. Pasará por la concreción de la solución de dos Estados para dos
pueblos. Luego, por el bien de las generaciones venideras, tanto israelíes como
palestinas, pasará por la educación, y por dar a los jóvenes palestinos metas
positivas, expectativas de futuro diferentes. Para que el lobo solitario sea el
bueno de la historia, pero solo en Assassin’s Creed.
Ola de terror: el “lobo solitario”, de Assassin’s Creed a las calles israelíes
15/Oct/2015
Blog de Marcelo Kisilevsky