Entrevista con Embajadora de Israel Nina Ben Ami

11/Sep/2015

Búsqueda, Galería- por Carina Fossati

Entrevista con Embajadora de Israel Nina Ben Ami

¿Cuándo y cómo conoció a su marido, Lior?
Cuando llegué a Israel. Nací en India porque mis padres eran diplomáticos americanos, pero crecí en Rockville, un suburbio de Washington DC, en el estado de Maryland. A los 21 años terminé la universidad y fui a Israel con una beca de Fulbright. Estaba en un autobús y cuando salía vi a un soldado que corría para alcanzarlo, así que le pedí al chofer que lo esperara. Hablamos todo el camino –tres horas, de Haifa a Jerusalén- y después me invitó a tomar un café. Mis padres también se conocieron en un bus, pero en Londres. Mi padre era un estudiante de EEUU y mi madre venía de Sudáfrica. Así que es una tradición familiar.
Se graduó en la Universidad de Princeton. ¿Pertenecía a alguna fraternidad?
Princeton tiene otro sistema, los “eating clubs” (casas o edificios donde los estudiantes comen y hacen actividades sociales). Estuve dos años yendo a uno que se llamaba Campus Club y después me mudé a un apartamento con amigas así que cocinábamos y comíamos allí. Hasta ahora conservo amigas de esa época, que son como hermanas.
Tiene tres hijas mujeres: Shira (11), Maya (8) y Tamar (6). ¿Dónde nacieron y en qué idioma hablan en casa?
Shira nació en Canadá, Maya y Tamar en Francia. Aquí van al American School. Con mi marido y mis hijas hablamos inglés y hebreo, mezclamos un poco. Con mis padres en inglés.
¿Es cierto que cuando le hacen una entrevista telefónica prefiere encerrarse en su auto para atender?
(Risas) Una vez, cuando estaba en Francia, hice una entrevista de radio en la mañana, y cuando llegué con mi hija grande a la guardería me dijeron las maestras que habían escuchado mi entrevista y a Shira también, todo el tiempo, de fondo. Me acuerdo de que durante la entrevista caminé por toda la casa para huir de mi hija (risas). Después de ese momento tomé la tradición de hacer las entrevistas para radio dentro del auto.
¿Es religiosa?
No. Digamos… yo respeto la tradición, no como mariscos ni cerdo, no mezclo carne y leche, pero fuera de eso, por ejemplo, puedo comer carne que no sea kosher. Puedo disfrutar de la carne uruguaya.
¿Y qué tanto sigue las costumbres judías?
Para mí es importante guardar el sentimiento de familia, especialmente porque viajamos mucho y no la tenemos al lado –algunos están en Israel y otros en Estados Unidos-. Lo que hacemos expresamente los viernes a la noche es una cena de Sabbath en familia. A veces invitamos a gente de la embajada y amigos. Siempre hago el pan tradicional, jalá, que es como un brioche.
¿Cómo se lleva con la cocina?
Como madre de hijas pequeñas, soy de los dulces y los postres. Tengo como especialidad el brownie, y también las cupcakes.
Adoptó un cachorro en Costa de Marfil, que vivió con ustedes en Montreal, Israel, París y ahora en Uruguay, ¿los alimentos de su mascota son kosher?
No (risas) él come todo lo que recibe y le gusta mucho el churrasco y el chorizo. Tiene 16 años, ya es viejo.
Le tocó trabajar con figuras como la Secretaria de Estado Condoleezza Rice durante uno de sus embarazos. ¿Cómo concilió la maternidad con el trabajo?
Eso fue cuando estaba en Israel. Ella venía cada mes, como responsable del departamento estadounidense, y yo iba siempre a recibirla, al pie del avión, así que después de dos o tres veces ella ya me conocía. Una vez necesité salir de una reunión importante porque no me sentía bien. Esos son los riesgos de tener una mujer embarazada en la delegación, porque hay cosas que puedes controlar, y otras no. Cuando trabajé en Francia, embarazada de Maya, tenía casi que correr por las escaleras de la cancillería, que son muchas, para llegar de una reunión a otra. Fue un poco duro. En Montreal, casi por el octavo mes del embarazo de Shira, ayudé al presidente Shimon Peres con un tema en el aeropuerto y me ofreció una copa de vino. “No puedo, estoy trabajando, además estoy embarazada”, le contesté. “Tome, que es bueno para la beba”, insistía.
¿Cómo hizo para que su marido la siguiera por el mundo, cuando es más frecuente la opción inversa?
¡Elegí bien a mi marido! Cuando pensé en seguir esta carrera hablamos mucho de eso y fue una decisión que tomamos juntos. Él es ingeniero en computación, entonces podía trabajar en su profesión en cada país. Tengo mucha suerte.
Le gusta nadar. ¿Encontró algún lugar en Montevideo para practicar ese deporte?
Sí, estoy yendo al Biguá, para guardar un poco la forma y también por la salud, porque libera el estrés.
Está en el país desde agosto de 2014 y habla español, pese a que no tuvo ningún destino previo donde se hablara el idioma. ¿Desde cuándo lo estudia?
Empecé a prepararme en Israel, cuando supe que mi próximo destino era Uruguay. Antes no sabía nada. Hablo francés, inglés y hebreo. Me encantan los idiomas. En sexto de escuela estudié chino, y en la universidad árabe.
¿Cómo maneja el tema del idioma cuando está en una conversación donde el significado exacto de cada palabra es muy importante y usted representa a Israel?
Soy muy honesta y directa. Si no entiendo digo: “por favor, disculpe, quiero estar segura de que comprendí bien”. O le pido a alguien en la mesa que me explique, o paso al inglés. Tengo esa responsabilidad como representante. Mis conversaciones antes en la Cancillería con Luis Almagro eran siempre en inglés. Él habla muy bien inglés, así que para mí era más fácil.
¿Se lleva mejor con el ex canciller Almagro, o con el actual Rodolfo Nin Novoa?
Con los dos. Tenía muy buenas relaciones con Almagro y ahora también con Nin Novoa.