«Siempre demuestro mi condición de judío»

31/Mar/2015

Las Provincias, España- por Juan Carlos Barrena

«Siempre demuestro mi condición de judío»

Antes de la toma del poder por los nazis, Berlín contaba con una comunidad de 170.000 judíos, un tercio de todos los que vivían en la Alemania de la República de Weimar. Fueron casi exterminados durante el Holocausto, pero en la actualidad viven un renacer cultural y religioso en la capital alemana, tal vez el más importante del mundo: 12.000 ciudadanos practican la fe hebrea en sus siete sinagogas, pero se calcula que la cifra alcanza los 35.000. Un florecer que se debe a la masiva inmigración de judíos procedentes de Rusia, que suponen dos tercios del colectivo y anteponen Alemania a Israel como meta para iniciar una nueva vida.
Los premios de la Concordia (1992 y 2007) destacaron el papel de las comunidades sefardíes y del Museo del Holocausto de Jerusalén (Yad Vashem).
«Es el caso de mis abuelos y de mis padres, que acabaron instalándose en Berlín tras abandonar la Unión Soviética en los años 70. La familia de mi padre incluso pasó por Israel y luego por Viena antes de decidirse por la capital alemana; y la de mi madre por Italia y también por Austria antes de acabar aquí», explica Mike Samuel Delberg, un joven judío de 25 años, alemán de nacimiento, quien atribuye la inmigración masiva de sus hermanos de Rusia a la represión antisemita que se vive en el país de Vladímir Putin y antes bajo los gobiernos comunistas. A punto de acabar sus estudios de Derecho, el miembro con voto más joven en la historia de la Asamblea de la Comunidad Judía de Berlín subraya que los recientes atentados antisemitas en París y Copenhague han conmocionado a quienes profesan su religión en Alemania.
Del partido de Merkel
«Pero no tenemos miedo. Somos conscientes de que existe una amenaza latente y de que Alemania se ha librado hasta ahora de sufrir un atentado parecido a los cometidos en otras capitales», señala este afiliado a la Unión Cristianodemócrata de la canciller federal, Angela Merkel, que aspira a iniciar una carrera política. La alarma es, pese a todo, manifiesta. Las autoridades germanas han reforzado la ya de por sí elevada seguridad de las sinagogas, y el presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania, Josef Schuster, ha hecho un llamamiento para que quienes profesan su fe se abstengan de portar públicamente la kipá, la pequeña gorra ritual que llevan los hombres, en barrios de mayoría musulmana. «Comprendo el llamamiento, pero creo que no hay que dramatizar y personalmente soy partidario de mostrar mi condición», afirma Delberg, que es el primero en acudir a cualquier manifestación para defender su religión. Eso sí, ve fundamental la cooperación para acabar con los prejuicios que sufren los judíos… y los musulmanes. «Trabajo con el Senado de Berlín en un grupo interreligioso de jóvenes musulmanes, judíos y cristianos católicos y protestantes, y visitamos juntos colegios para explicar nuestras creencias».
También dirige el Centro de Estudiantes Judíos de Berlín, mantiene una profusa vida pública y es un fijo en todos los actos de condena del terrorismo. Sin embargo, no se considera una persona profundamente religiosa. «No como habitualmente alimentos kosher o ‘cashrut’, aquellos que se atienen a los preceptos de la fe, y voy a la sinagoga uno de cada dos sabbat, aunque en familia celebramos todas las fiestas hebreas».
Mike Samuel cuenta con excelentes contactos en las asociaciones musulmanas y es invitado frecuente de espacios en árabe como el ‘Shabab Talk’, un programa de televisión para jóvenes con cuatro millones de seguidores solo en Egipto. «Nuestras comunidades religiosas deben asumir su responsabilidad. La meta no debe ser la coexistencia pacífica, sino la convivencia amistosa», subraya este universitario optimista, que no se deja amedrentar por la amenaza yihadista: «Nuestra respuesta al terrorismo es una vida judía más abierta, más fuerte y con más seguridad en nosotros mismos».