El retorno de las ‘hagadot’

25/Mar/2015

El Periódico (Barcelona), España, Por Carles Cols

El retorno de las ‘hagadot’

El MetropolitanMuseum de Nueva York dedicó
seis meses del 2012 a exhibir la hagadáRylands, un libro ritual judío
preciosamente elaborado en la Barcelona de la primera mitad del siglo XIV. Fue
una exposición importante. Seis meses cara al público no es poco en un museo
como aquel. Que Nueva York tenga una importante comunidad judía seguro que
ayudó. Pero estaba allí, en el Met, no por su valor religioso sino porque es un
tesoro excepcional. De las hagadot (así es el plural de la hagadá) producidas
en Barcelona antes del pogromo de agosto de 1391 solo hay 14 en todo el mundo,
muy dispersas, principalmente en manos de museos, y solo una en Catalunya, en
Poblet. A partir del próximo 26 de marzo y hasta el 5 de julio, el Saló del
Tinell exhibirá ocho de aquellos manuscritos tan lujosamente decorados. Tras
seis siglos de diáspora, esta es una reunión extraordinaria.
Tan brutal fue la ruptura de España con su
pasado judío (el pogromo de 1391 fue solo uno de tantos, hasta la expulsión
definitiva de los judíos en 1492), que palabras como hagadá son prácticamente
arcanos para personas formadas en la cultura cristiana, aunque la raíz de ambas
religiones sea común. Las hagadot son libros que recogen el minucioso ritual de
la pascua judía, en la que se celebra la huida de Egipto. Es una celebración
meticulosamente pautada. Fija cuántas veces hay que lavarse las manos, cuándo y
cómo hay que cortar el pan, qué significa cada alimento que se ingiere. Las
verduras amargas, por ejemplo, son un recuerdo de los años de esclavitud en
Egipto y de las penurias de la travesía del Sinaí. Para los judíos creyentes
esta ha sido durante siglos una cena simbólica pero a la par emocionante,
finalizada siempre con el deseo de celebrar «la próxima ya en Jerusalén».
La exposición que el jueves inaugurará el
Museud’Història de Barcelona (de forma inusual, este año la pascua judía y la
cristiana coinciden en el calendario) permitirá admirar el fino trabajo de los
ilustradores de la Barcelona del XIV. Es un momento espléndido del gótico y en
las hagadot es evidente. Los catalanes judíos económicamente mejor aposentados
encargaban las obras a artesanos, no necesariamente judíos, visto el resultado
sin reparar en gastos. En cierto modo, cada hagadá expuesta en el Saló del
Tinell es un testimonio de lo que fue Barcelona antes de las persecuciones y de
que la Inquisición, ese tribunal capaz de convertir hasta el jamón de Jabugo en
un instrumento de tortura, pues con él se amenazaba a los reos de otras confesiones,
entrara con fuerza en escena.
El propósito inicial de los comisarios fue
reunir las 14 hagadot barcelonesas conocidas. Parece que era una tarea más
asequible cruzar el mar Rojo a pie. Seis no lo han hecho, entre ellas una
mundialmente famosa, la hagadá de Sarajevo, cuyas aventuras a lo largo de los
siglos son realmente epopéyicas. Tanto es así que hasta tiene una novela, Los
guardianes del libro, cuya autora, Geraldine Brooks, participará en las
jornadas que sobre las hagadot se celebrarán hoy y mañana en el Museud’Historia
de Barcelona.
A salvo de los nazis
De la hagadá de Sarajevo, aunque sea solo por
abrir el apetito, se da casi por seguro que salió de Barcelona por culpa de los
pogromos. Reaparece en los libros de historia en Venecia, en 1609. De ahí pasó
a Dubrovnik y después a Sarajevo. Allí estuvo a salvo hasta que los nazis
ocuparon la ciudad y fueron expresamente en busca de aquel ejemplar.
Afortunadamente, un bibliotecario la sacó del museo y la escondió entre los
libros sagrados de una mezquita de las montañas, probablemente el último lugar
en el que se les ocurriría buscar a los invasores un manuscrito judío. Entre
1992 y 1995, la hagadá de Sarajevo sobrevivió a la guerra, pero desde entonces
vive en un limbo jurisdiccional que ha impedido ahora su viaje a Barcelona. Es
una lástima porque sus 109 pergaminos (por cierto, elaborados con la piel de
una raza de oveja aragonesa ya extinta) narran leyendas bíblicas en vivos
colores, rematados a menudo en oro.
La hagadá de Sarajevo no ha viajado a
Barcelona, pero sí su contenido, digitalizado, porque, de hecho, la exposición
es única además porque permite comparar las 14 hagadot conocidas y rastrear
hasta qué punto los artesanos que las ilustraron bebían simultáneamente de las
fuentes de la iconografía gótica cristiana.
Poco o mucho, cada hagadá tiene su propia
aventura. La diáspora de los judíos fue también la diáspora de su arte y de sus
pertenencias. Que estén de nuevo en Barcelona es una suerte -explican los
organizadores de la muestra- sobre todo si de paso reabren la memoria de por
qué tuvieron que emigrar.