Incierto resultado electoral

12/Mar/2015

Semanario Hebreo, por Dr. Gerardo Stuczynski

Incierto resultado electoral

Biniamín Netanyahu es sin
duda el líder más destacado de la escena política israelí. De los últimos diez
años “Bibi” fue Primer Ministro en nueve.
Sin embargo, si hubiese
previsto el complejo panorama electoral que debe afrontar, seguramente no
hubiera disuelto el parlamento más de dos años antes de que expirara su período
de gobierno, convocando a elecciones anticipadas.
Netanyahu proyectó un
escenario similar al de las elecciones anteriores en 2013.
En esa ocasión, no había
un dirigente opositor que notoriamente desafiara su investidura. Mientras por
una lado el denominado “bloque de derecha” se presentaba consolidado, con su
partido el Likud como pivote, por el otro, no se percibía un “bloque de
izquierda” como alternativa real. La oposición carecía de un líder natural y
diversos dirigentes políticos se disputaban ese rol. Tanto Shely Iejimovitz del
laborismo, Tzipi Livni de Hatnuá y Iair Lapid de Iesh Atid, aspiraban a
conformar y liderar la coalición que los llevara a la jefatura de gobierno.
El Likud se presentó
conjuntamente con el partido de Avigdor Liberman, Israel Beiteinu consiguiendo
tan sólo 24 mandatos. Netanyahu no logró cristalizar la categórica victoria que
esperaba. El bloque de la derecha en su conjunto obtuvo apenas 61 de las 120
bancas de la Kneset.
Al expulsar a algunos de
sus ministros haciendo caer su gobierno, Netanyahu apostó a que la oposición
continuaría sumida en el caos. Y si bien las encuestas lo señalan como el
candidato percibido como el más apropiado para ser Primer Ministro, esto no
equivale a la intención de voto. Por el contrario, ha surgido un contendiente
inesperado, el líder del laborismo Itzjak “Bushi” Hertzog, que en muchas
compulsas, lidera la opinión pública.
En contraposición a su
previsión, el panorama electoral se asemeja más al de las elecciones de 2009,
cuando él y Livni, dos figuras centrales, encabezando los dos principales
partidos, se disputaban la jefatura de gobierno.
Bushi no es un candidato
carismático. Cabe recordar que el laborismo desde 1974 sólo triunfó en dos
ocasiones y en ambas, sus candidatos, tanto Itzjak Rabin como Ehud Barak,
habían ejercido el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército.
Hertzog no cuenta con ese
historial, pero efectuó una hábil maniobra, proponiéndole a Tzipi Livni una
unión electoral entre sus fuerzas, que incluye un acuerdo de rotación en el
cargo de Primer Ministro a mitad del período. Esto provocó el surgimiento de
otro polo denominado el “Campo Sionista”, dando un sorpresivo vuelco a la
escena electoral.
Su principal argumento es
ser la alternativa a Bibi. No hay planteada en la campaña una discusión
ideológica, sino que su propuesta es remover a Netanyahu. El eslogan
publicitario del Likud es: “somos nosotros o ellos”. Como contrapartida el del
Campo Sionista es: “somos nosotros o él”.
Este espacio de
centroizquierda propone reanudar el proceso de paz con los palestinos, no sin
antes explorar la intención real de éstos a comprometerse en negociaciones
serias. Esta salvedad implica dejar la puerta abierta a que no se produzcan
avances significativos, porque para ello se requiere de la voluntad de la otra
parte y la mayoría de los israelíes son
escépticos al respecto.
En el plano interno,
plantea una agenda económica y social que mejore la calidad de vida de la
población y en el aspecto internacional critica fuertemente el relacionamiento
que Israel ha tenido con su aliado estratégico Estados Unidos.
En ese sentido, se
mostraron contrarios a la visita de Netanyahu al Congreso norteamericano. No
debido a discrepancias sobre lo que significa la amenaza de un Irán nuclear,
sino en base a consideraciones de oportunidad y diplomacia. Es que la inusual
invitación a Netanyahu fue cursada por la oposición republicana, que domina
ambas cámaras y no por el presidente.
Netanyahu concurrió al
Congreso y denunció el mal acuerdo que la administración Obama y las potencias
europeas están a punto de firmar con Irán. El entendimiento, según su interpretación,
le permitiría a Irán, no sólo levantar las asfixiantes sanciones económicas que
padece, sino obtener la bomba atómica.
En definitiva su mensaje fue que la ingenuidad de occidente pone en
peligro a Israel y al mundo.
La primera consecuencia
que tuvo su impactante y enérgico discurso fue un leve crecimiento en la
intención de voto a su favor a nivel interno. Quizá, por esta previsible razón,
la oposición criticó tanto la visita.
De todas maneras, estamos
ante una elección extremadamente competitiva de desenlace incierto.
En el camino al
surgimiento de un nuevo gobierno existen dos etapas bien diferenciadas. La
primera es la campaña electoral previa y el desarrollo de las elecciones el 17
de marzo.
Pero la fase decisiva
comienza el día después. La Comisión Electoral Central demora diez días en
expedirse y proclamar oficialmente los resultados del sufragio.
Luego el presidente del
Estado Reuben Rivlin convocará a los líderes políticos de las listas que
lograron representación parlamentaria, quienes le sugerirán a quien debe
encomendar la formación del gobierno.
En el transcurso de esos
diez días tienen lugar las negociaciones entre los partidos políticos de cuya
coalición surge el gabinete que contará con la mayoría parlamentaria necesaria
para su constitución.
En 2009, Livni al frente
de Kadima, ganó las elecciones superando al Likud por un mandato. Sin embargo
no pudo conformar una coalición. Los aliados naturales del Likud le
recomendaron al entonces Presidente Shimon Peres, que le otorgue la facultad a Netanyhau de lograrla.
Es frecuente que en los
últimos cinco días, período en el que está prohibido publicar estudios de
opinión, el electorado varíe el comportamiento que sostenidamente había
mostrado antes.
En 2009 todos los sondeos
le daban la victoria al Likud. Sin embargo, en
los últimos días, Livni logró obtener el apoyo de votantes tradicionales
de la izquierda a quienes convenció de que debían fortalecerla para hacerle
frente a Netanyahu, obteniendo 28 mandatos en lugar de los 21 que le asignaban
las encuestas.
No sabemos si se dará un
giro y en ese caso en qué dirección. En lo personal me aventuro a pronosticar
que pese a algún sofocón, el Primer Ministro actual continuará en el ejercicio
de sus funciones.