Combatiendo la yihad en La Meca

05/Mar/2015

Infobae, Por Federico Gaon

Combatiendo la yihad en La Meca

Entre el lunes y el
miércoles de la semana pasada se celebró en La Meca una cumbre entre
predominantes figuras de la escena clerical musulmana para discutir la reforma
del islam y combatir al terrorismo. Organizada por la Liga Islámica Mundial
(MWL), un grupo no gubernamental patrocinado por el Gobierno saudita, el objeto
de la cumbre era deslegitimar la insurgencia del ISIS, y revindicar – por
supuesto – la posición de la monarquía.
Con el visto bueno del
nuevo rey Salman bin Abdulaziz, la cumbre contó con la participación estelar
del jeque Ahmed al-Tayeb, el gran imán de la prestigiosa universidad sunita de
al-Azhar, de Egipto. En teoría, el motivo de la cumbre era evitar la
radicalización de los musulmanes y explorar la naturaleza del terrorismo. Ahora
bien, el problema es que la organización convocante, cual agente del Estado
saudita, representa a la rama ortodoxa del establecimiento religioso sunita. La
Liga Islámica Mundial tiene una orientación wahabita, y es a través de ella que
en las últimas décadas se han distribuido las obras de pensadores islámicos
radicales por todo el mundo. Alimentada por los petrodólares inagotables del
Golfo, esta organización subsidia organizaciones islámicas por el mundo, pero
lo hace sobre la base de una agenda conservadora y definitivamente peligrosa,
que ha propagado posturas extremistas en relación con la cotidianeidad y el
odio a Occidente.
Algunos medios reportaron
las declaraciones políticamente correctas del jeque al-Tayeb, acaso induciendo
al lector o al televidente a pensar que se había producido un hito, cuando tal
autoridad dijo, por ejemplo, que “la lucha contra el terrorismo y el extremismo
religioso no se contrapone con el islam”, o que “el terrorismo no tiene
religión o patria, y que acusar al islam de estar detrás del terrorismo es
injusto y falso”. Abdullah bin Abdelmohsin al-Turki, el secretario general de
la MWL fue un paso más lejos al admitir que “el terrorismo al que nos
enfrentamos en la Umma (comunidad) musulmana está religiosamente motivado”,
aunque “haya sido fundado en el extremismo y en una descarriada concepción de la
sharia (la ley islámica).
No obstante, pese a estas
declaraciones, todo se hizo por faltar a la verdad y poco por incentivar un
verdadero cambio en la educación musulmana. Debe tenerse presente que dejando
de lado las formalidades, el jeque de al-Azhar culpó a Israel y al “nuevo
colonialismo” por el colapso de Medio Oriente:
“Nos enfrentamos a
grandes conspiraciones contra los árabes y los musulmanes. Las conspiraciones
quieren destruir a la sociedad, en una forma que se condice con los sueños del
colonialismo del nuevo mundo, que está aliado con el sionismo global; mano a
mano y hombro con hombro”.
“No debemos olvidar que
el único método usado por el Nuevo colonialismo ahora, es el mismo que fue
usado por el colonialismo durante el siglo pasado, y cuyo mortífero eslogan es
divide y conquistarás”.
Estas son las
declaraciones que importan. En suma muestran que la cosmovisión predominante en
la cúpula religiosa sunita no ha cambiado. La misma consiste en explicar los
agravios del presente en la injerencia de Occidente en Medio Oriente, y en el
establecimiento de Israel en la casa de los árabes. En algún punto es cierto
que la colonización europea, la creación de un hogar nacional judío, y el
proceso de modernización en general alimentaron el fuego de sucesivos
movimientos islamistas. Pero fenómenos como el Estado Islámico (ISIS) se ven
mucho mejor explicados en la continuada tradición ortodoxa sunita.
Si el wahabismo no
pondera papel alguno para el razonamiento independiente (ijtihad) en la
práctica religiosa cotidiana, Occidente, Israel, o cualquier otro chivo
expiatorio tiene poco y nada que ver con esta anacrónica creencia. La realidad
coyuntural es que los Estados del Golfo no están ni cerca de convertirse en
países “progresistas”, y aunque el extremismo del ISIS resulta para muchos una
flagrante desviación, sus doctrinas son las mismas que dieron fundación a
Arabia Saudita. Este es un país que pudo solamente consolidarse gracias al
fanatismo religioso y belicoso de los Ikhwan (hermanos), un grupo que hoy
resultaría muy similar al ISIS. Para consagrarse y formar un Estado,
eventualmente la monarquía saudita tuvo que enfrentarse y purgar a esta
guardia, siempre hambrienta por mayores conquistas.
Ahmend al-Tayeb es
considerado “moderado” porque bajo su conducción, al-Azhar le dio la espalda a
Mohamed Morsi, de la Hermandad Musulmana, y avaló a Abdel Fattah al-Sisi. Sin
embargo no por eso al-Tayeb deja de ser conservador. Su adherencia a teorías
conspirativas no es la excepción, y la falta de una verídica autocritica en su
discurso muestra que esta figura no es quien emprenderá la monumental tarea de
adaptar la práctica religiosa a la contemporaneidad. Como formador de opinión,
al-Tayeb no hace otra cosa que propagar estereotipos, y postergar el llamado a
que los árabes tomen responsabilidad por sus propias acciones. En este aspecto,
el discurso del jeque se parece al que adoptan los propios yihadistas, como si
todos ellos se desprendieran de un mismo tronco, y apelaran a las mismas
audiencias.
Llevado este caso al
plano general de la cumbre, el tiempo dirá si el encuentro se traduce en un
impacto positivo en la mediación del establecimiento religioso. Por lo pronto
esto dista de ser así. La cumbre no resultará en una ulema (comunidad de
juristas) más flexible o liberal. El evento debe ser visto como un hecho
simbólico destinado a disputar la legitimidad del ISIS, señalando en todo caso
que el verdadero Estado Islámico es Arabia Saudita, o que son los juristas, y
no los yihadistas, quienes tienen la voz cantante sobre los asuntos del credo.
Imagínese usted si Corea
del Norte llamara a una conferencia en Pyongyang para reformular el comunismo,
bajo el patrocinio de Kim Jong-un, convocando a los principales pensadores
comunistas del globo. ¿Se reformaría el régimen, o sería un acto de relaciones
públicas? Sin ir más lejos, con Arabia Saudita ocurre lo mismo. Se trata de un
Estado que durante mucho tiempo ha activamente exportado una ideología que se
entrecruza con una doctrina religiosa ortodoxa e inflexible. Los sauditas, y
más específicamente los clérigos ortodoxos y wahabitas, no pueden minimizar su
responsabilidad culpando a terceros por el extremismo islámico que hoy causa
tantos estragos.