La triple condena de los gais sirios

03/Mar/2015

El País, España, Por Natalia Sancha

La triple condena de los gais sirios

Tras cuatro años de
guerra y más de 200.000 muertos, las ejecuciones de homosexuales aumentan en el
reino del EI que se extiende entre Siria e Irak. Las imágenes de dos jóvenes
empujados desde la azotea de un edificio en Irak dieron la vuelta al mundo. Con
los ojos vendados y las manos atadas a la espalda, eran lanzados al vacío al
tiempo que el verdugo voceaba: “¡Musulmanes, sed testigos de la aplicación de
la ley!”.
En 2010, y antes de que
estallaran las primeras revueltas sirias, Ibrahim fue arrestado en virtud del
artículo 520 del Código Penal sirio en vigor desde el protectorado francés.
Aquellos que realicen “actos sexuales innaturales” serán condenados a hasta
tres años de cárcel, reza el artículo. Bajo tortura, uno de sus amigos
detenidos le delató. La familia de Ibrahim, que pertenece a una conocida tribu,
decidió tapar el escándalo recurriendo a contactos en el régimen y previo pago de
18.000 euros. Ibrahim salió de la cárcel, pero la libertad le duró poco:
“Cuando pensé que todo había pasado, empezó lo peor. La revolución comenzó, el
caos se apoderó de Raqqa, el Ejército Libre Sirio mutó en Al Nusra [filial de
Al Qaeda en Siria] y en el EI”.
Tres de sus amigos
homosexuales fueron ejecutados por los yihadistas. Uno murió de un infarto
mientras era torturado. Los otros dos, de un tiro en la nuca. “En Raqqa, la
comunidad gay era activa. Pero solo a los que reciben en el acto sexual se les
considera gais. Muchos de aquellos que tenían mujeres y se acostaban con
hombres fueron a parar a las filas de Al Nusra y del EI. Para expiar sus culpas
entregaron a todos los gais que conocían de su fase prerevolucionaria. Mis tres
amigos pagaron con su vida y de sus teléfonos sacaron los números de decenas de
otros como yo”, relata con amarga sonrisa.
Al poco, Ibrahim fue
secuestrado y torturado por los yihadistas. Su tribu intervino por última vez
pagando 10.000 euros por su vida. “Tenía familiares cercanos al EI y Al Nusra
que pedían mi cabeza. Mi tío logró negociar mi libertad pero me dieron dos
horas para abandonar Raqqa. Yo había deshonrado a mi familia y a mi tribu”.
Ibrahim pagó 18.000 euros
por salir de la cárcel y 10.000 por escapar del califato
Su primera parada fue
Damasco, zona leal al régimen y donde aún perduran varios hamam (baños)
convertidos en lugares de encuentro para homosexuales. “Es ilegal pero si los
dueños untan a la policía, estos hacen la vista gorda”, espeta al teléfono
desde Madrid Jorge, joven de 35 años de padre sirio y madre española. En marzo
de 2012, Jorge quedó con su novio en un hotel. “La policía nos pilló en la
cama. Nos arrastraron desnudos por los pasillos y por la calle. Nos llamaban
enfermos mentales al tiempo que nos pateaban”, rememora este antiguo profesor
de Filología Hispánica. Logró pagar los 3.000 euros de fianza para salir del
calabozo. “Al poco me convocaron para alistarme en el Ejército. Al ser hijo
único estoy exento del servicio militar por lo que supe que era una trampa para
encarcelarme por ser gay. Hice las maletas y hui a España”, concluye Jorge a
quien le salvó su pasaporte español.
Ibrahim también escapó.
Ahora, como refugiado sirio en Líbano, aún guarda esperanzas de una nueva vida:
“Hemos estado años bajo la represión del régimen y a la comunidad internacional
no le ha importando. Llevo siete meses en espera de asilo político en Europa.
Intento mantener la cordura, porque sé que merezco un nuevo comienzo. Pero
hasta ahora no me han dado la oportunidad”.
Beirut, refugio para el
asilo político
Varios jóvenes
homosexuales sirios intercambian sus relatos en las oficinas de la ONG Proud
Lebanon, a las afueras de Beirut. Consigo arrastran un doble trauma acumulado
en su huida de la guerra y en su lucha por sobrevivir a su sexualidad.
Perseguidos tanto en zona leal como rebelde, a la comunidad homosexual siria
tan sólo le queda el exilio para sobrevivir. En 2013, el libanés Bertho Makso y
cofundador de la ONG, comenzó acogiendo a refugiados sirios gais.
“Proporcionamos servicios
médicos, psicológicos, cursos de formación y un plato caliente. Para muchos
será el único que ingieran en el día”, explica Cosette Maalouf, trabajadora de
la ONG. El centro acoge a 320 homosexuales, más del 60% sirios. “La mayoría ven
Beirut como un lugar de paso para ir a Europa”, explica Makso, quien asegura
que el pasado año, 70 de ellos obtuvieron asilo político.
A diferencia del resto de
refugiados sirios, están solos. Han roto con su familia y huido de régimen y
rebeldes. “Se trata de una comunidad muy vulnerable dentro de los refugiados
sirios, pero no hay estudios u organismos que realmente monitoreen estos casos.
No son solo perseguidos por el Estado Islámico, [EI] sino por rebeldes, las
leyes sirias y la propia moral social. Los ataques del EI son más visibles por
su policía moral” apunta Nadim Khoury, director de Human Rights Watch en
Beirut.
Entre los 320
beneficiarios, tan sólo se cuentan cuatro mujeres. “En nuestra sociedad no se
considera que la mujer tenga una sexualidad, y durante la guerra estamos
recluidas en el hogar. De ahí que a las lesbianas nos sea más fácil pasar
desapercibidas. No sé de ninguna ejecución de una mujer homosexual”, cuenta
desde Alepo al teléfono Bahiya, de 28 años.