El integrismo on line, la batalla perdida de Occidente

03/Mar/2015

Infobae, George Chaya

El integrismo on line, la batalla perdida de Occidente

¿Quiere ir a combatir
junto al ISIS? Bienvenido, los terroristas le cumplen su deseo. ¿Quiere
secuestrar civiles inocentes? No se preocupe; es un asunto simple y fácil. Sea
cual sea su objetivo, tendrá la posibilidad de hacerlo en esta época donde la
tecnología está desarrollando una velocidad impresionante para ayudarlo, y
recuerde el lema del ISIS: “Pedid y se os dará.”
La tecnología es la mejor
aliada de los grupos extremistas. A través de ella, son capaces de emitir y
publicar su propaganda en todos los medios, sin restricciones y para que el
mundo lo vea. Así, son capaces de atraer a miles de personas a su causa. Como por
ejemplo a las tres jóvenes británicas que burlaron a Scotland Yard hace menos
de una semana y volaron a unirse al ISIS a plena luz del día y sin necesidad de
ninguna cobertura con sus pasaportes comunitarios.
¿Para que necesitarían un
canal propio de televisión si tienen todos los medios y herramientas
tecnológicas a su disposición? Los islamistas tienen sus propios canales on
line e incluso portavoces oficiales que hacen declaraciones en su nombre.
Producen publicaciones y revistas que distribuyen sin problema alguno, así como
videos propagandísticos que luego emiten sin restricciones. Hay que reconocer
que han sabido explotar con simpleza y mejor que nadie el desarrollo
tecnológico, y seguramente estarán agradecidos a Twitter, Facebook y YouTube
por toda su ayuda para cumplir sus sueños expansionistas con un gasto mínimo y
sin incurrir en pérdidas.
Ahora, veamos la ingenua
posición de la coalición occidental que combate a estos grupos terroristas como
ISIS y el Frente Al-Nusra en Siria y en otros lugares. Esa coalición ignora una
cuestión fundamental. Y es que “la lucha contra el terrorismo no se agota en la
ofensiva de sus ataques aéreos y sus bombardeos de saturación”. “Hay otra
batalla, tanto o más importante que es el combate tecnológico contra los
extremistas que han invadido los foros de opinión y las herramientas sociales
en el ciberespacio”.
Estos grupos son capaces
de propagar de inmediato sus planes, objetivos, incluso los métodos para llegar
a ellos, todo a través de Internet. Así pueden incitar al asesinato, la
inmolación y otros actos atroces.
Simplemente con navegar
en Internet y buscar a través de medios sociales en línea, usted será recibido
por una gran cantidad de foros, cuentas y nicks que dicen hablar en nombre de
tal o cual grupo extremista u organización, ya sea ISIS, Al-Qaeda, Al-Nusra,
Hezbollah u otros de su tipo. Los encontrará hablando en distintos idiomas de
manera abierta y no deberá buscarlos en alguna cueva de una montaña a miles de
kilómetros de distancia de su ciudad. Pero claro, usted no podrá saber la
verdad sobre identidad de la persona con quien esta hablando y debatiendo con
usted en el ciberespacio, ¿estará el en Mosul? ¿en Raqqa? ¿Londres, Madrid,
Buenos Aires, Montevideo o Caracas? Usted no podrá saberlo. Y aquí es donde
radica el verdadero peligro. Usted no será capaz de saber incluso si ese
potencial o real terrorista vive en su ciudad, dónde usted reside con sus
hijos, donde vive su familia o incluso si no esta hablando con un conocido o
pariente suyo? ¿Sería usted capaz de decirme y asegurarme lo contrario? Lamento
decirle que no, nadie puede asegurar tal cosa. Pero no es su culpa, sino de las
redes y las herramientas sociales que aseguran impunidad a los terroristas y
sus adeptos.
Nadie puede negar que los
medios de prensa han conducido a una mayor libertad para los pueblos de todo el
mundo, las redes sociales se han convertido en potentes motores de cambio
político y social que ayudaron a derrocar y avergonzar gobiernos que ya no son
capaces de mantener un férreo control sobre sus ciudadanos. Estos canales
simplemente no han resultado apropiados para los gobiernos árabes, incluso si
estos gobiernos se engañan a sí mismos pensando lo contrario. Lo mismo está
sucediendo con los gobiernos latinoamericanos proclives al populismo, como
Ecuador, Bolivia, Argentina y en alguna medida Uruguay con sus decisiones
ultimas de importar y brindar asilo a individuos vinculados al terrorismo del
Oriente Medio.
Esas herramientas y
canales han crecido y se han vuelto muy populares, con ello ha quedado claro
que también tienen algunas debilidades junto a pesadas responsabilidades.
Después de todo, estos canales no tienen la capacidad de distinguir entre lo
que es “un extremista y quién no lo es”. Por otra parte, tanto los gobiernos
árabes como los populismos latinoamericanos -excepto Cuba y mas recientemente
Venezuela- no son capaces de burlar los acuerdos de privacidad o los derechos
individuales de los usuarios con respecto a otros miembros de estos sitios Web,
de lo contrario, se enfrentarían a duras críticas y serian sindicados como
atrasados o represivos.
Pero en lo que a mí
respecta no hay duda de que esta promoción de “extremistas on line” es una
catástrofe que se produjo como resultado de la acción -o inacción- de los grandes
proveedores de servicios de Internet occidentales. Como tal, las soluciones
para el flagelo de la captación y expansión de los radicalismos y la violencia
se encuentran bajo la responsabilidad de gobiernos occidentales; ellos son
capaces de efectuar las regulaciones viables y realistas que podrían frenar
eficazmente este estado de caos que ha permitido a los radicales y populistas
explotar las plataformas de medios sociales como Twitter como sus “propios
patios” y potenciar así sus propias website abiertamente radicalizadas donde
millones de personas diariamente pueden leer sus postulados y su apología de la
violencia de manera abierta.
Si YouTube, por ejemplo,
requiere que todos sus usuarios registrados deberían proporcionar un número de
teléfono y un código de lugar geográfico impostergable para publicar un vídeo,
tendríamos un punto investigativo desde el cual las agencias de seguridad
podrían comenzar a rastrear y eventualmente neutralizar a los extremistas, pero
eso no es así. Dicho de otro modo, grupos extremistas como el ISIS no podrían
transmitir sus imágenes de decapitaciones, crucifixiones y crímenes con tanta
facilidad -o tal vez sí-, pero deberían arbitrar otros medios con más
dificultades para hacerlo.
Si Twitter hubiera
promulgado medidas similares hoy no se verían miles de cuentas que apoyan a
grupos terroristas o simplemente ejercen la vulgaridad de la difamación sobre
las personas.
Hay muchas normas que
pueden regular sitios Web y herramientas sociales para garantizar una
plataforma que defienda y preserve responsablemente la libertad de expresión.
El concepto vacuo de “libertad de expresión sin límites”, se ha convertido en
un hazmerreír después que los terroristas y sus adeptos aprovechan el espacio
que ofrecen las herramientas sociales de la peor manera posible. Y lo mismo con
las frases que esgrimen los populismos latinoamericanos cuando hablan de la “no
injerencia en los asuntos internos de los pueblos”, Aunque esto último cambia
según sea si el gobierno de ese pueblo es “considerado amigo o enemigo
ideológico” por los adalides de las pseudo-democracias. De no ser así, no se
entiende porque el gobierno argentino mantiene silencio ante el secuestro y
encarcelamiento de funcionarios y ciudadanos opositores al régimen chapista.
Esto solo se comprende desde la comunión ideológica de la presidenta argentina
con el totalitario gobierno venezolano conducido por Nicolás Maduro.
El lector debe tener en
cuenta que en este momento, en este mismo momento, mientras usted lee este
artículo, el propio líder del ISIS, el Califa Abu-Bakr Al-Baghdadi puede crear
una cuenta en Twitter con su nombre real y empezar a twittear lo que quiera,
tanto igual a como lo hace usted o los presidentes latinoamericanos. Podría
incluso, si hubiera vinculado sus cuentas de Twitter y Facebook, publicar su
twit en su página de Facebook y rematar con un video de una de sus arengas
asesinas. En cuestión de segundos la gente de toda la Internet lo compartiría y
difundiría lo que él diga, hasta que, con el tiempo, estos sitios cerrarían sus
cuentas. Pero ¿cuándo? Después de que él haya sido capaz de hacer lo que se
propuso hacer y comunicarse con sus seguidores en forma rápida llevando
adelante eficazmente la captación de cientos de jóvenes europeos,
latinoamericanos y árabes. Así es que el terrorismo y los populismos suman
adeptos. Ellos son capaces de invadir pueblos, ciudades e incluso nuestros
hogares sin necesidad de pasaportes o de tener que pasar por controles de
seguridad del ningún aeropuerto. Ahora disponen libremente de una herramienta
mucho más potente y eficaz que cualquier cosa que hubieran poseído antes. Y lo
que es peor, se les permite usarla a la vista de todo el mundo.
Si esto no se modifica
con una legislación responsable, de nada servirán los bombardeos aéreos de la
coalición, todo será una espiral de violencia sin principio ni final a la
vista. Al cabo, eso han sido siempre las aventuras militares para neutralizar a
los grupos terroristas y, habida cuenta del mundo que tenemos hoy, esas
aventuras militares han resultado en fracasos estrepitosos para Occidente.