Europa, entre la Jihad global y la islamofobia

14/Ene/2015

La Nación, Enfoques, Por Khatchik DerGhougassian

Europa, entre la Jihad global y la islamofobia

El atentado contra el
semanario satírico Charlie Hebdo fue un ataque contra la democracia, la
libertad de expresión y hasta el islam y sus valores ético-religiosos. Todo
esto se sabe, se escuchó en los discursos públicos de hombres y mujeres de
Estado cuidadosos ante todo por lo políticamente correcto. Los responsables de
la «carnicería», como describió la policía la escena dentro de las
oficinas de la publicación, no eran «lobos solitarios» actuando por
su cuenta; todo indica que el ataque fue minuciosamente planificado y quienes
lo ejecutaron tenían una formación profesional. La pregunta, por lo tanto, es:
¿cómo este atentado se vincula al fenómeno que en su abstracción se llamó
«Jihad global»? Y, más específicamente, si tiene relación alguna con
el proceso de la formación de Estado Islámico y su autodenominado
«califato».
En una consideración
inicial, pareciera circunscribirse más al contexto europeo de la Jihad global:
desde que Charlie Hebdo empezó a satirizar al islam radical, se transformó en
un blanco preferido de las críticas, amenazas y ataques de musulmanes entre
molestos, descontentos y francamente furiosos por su «falta de
respeto» hacia su religión. Pese a todas las persecuciones que sufrió, el
seminario gozó de un alto grado de popularidad y varias de sus publicaciones se
agotaron en los quioscos apenas se pusieron en venta. Se entiende, entonces,
que la revista fuera un blanco preferido desde hace aparentemente mucho tiempo
para los jihadistas en Europa.
Cada atentado terrorista
contiene un mensaje dirigido a cierta audiencia. Más que las alabanzas a Dios
con el grito de «Alahu Akbar», el mensaje en este caso pareciera
haber sido la reivindicación de su acción con el grito: «¡Vamos a vengar
al Profeta!», según informó un testigo. Pues, por cierto que la barbarie
fue condenada por las figuras islámicas más prestigiosas y relevantes,
incluyendo el rector de la mezquita de París y la Universidad de Al-Azhar de
Egipto, pero también, como el 11 de Septiembre, la festejaron algunos en
distintas partes del mundo? Tampoco faltó oportunismo diplomático al ejemplo de
la cancillería turca, cuyo titular, Mevlut Cavusoglu, declaró que su gobierno
estaba en contra de «todo tipo de terrorismo», pero se apuró en
advertir de evitar caer en el riesgo de la islamofobia y defendió el deber de
respetar «la libertad del credo», según informó el diario turco
Hurriyet. «El islam es una religión de paz y no hay derecho en asociarla
al terrorismo», dijo el diplomático, cuya preocupación pareció ser presentarse
como defensor del islam más que denunciar la violencia terrorista que se ejerce
en su nombre.
El atentado contra
Charlie Hebdo sucede en un momento de auge de la popularidad de la extrema
derecha en Europa, que, si bien se alimenta de las consecuencias desastrosas de
la política económica de la austeridad, explota constantemente tanto la
islamofobia como el tema de la inmigración. El caso de los Patriotas Europeos
contra la Islamización de Occidente (Pediga) en Alemania es típico en este
sentido, pues transmite un mensaje antiislámico de alcance europeo al cual
Marine Le Pen, del Frente Nacional francés, hace eco cuando advierte contra la
islamización de Francia.
El mensaje de
«vengar al Profeta» de los terroristas no se dirige a la mayoría de
la comunidad musulmana; tampoco a sus autores les interesa el rechazo de esta
mayoría. Aspira a llegar a los pocos en los suburbios al norte de París y demás
grandes ciudades que están dispuestos a abrazar la radicalización, perpetuar
actos terroristas y fomentar la islamofobia de los sectores de la extrema
derecha que, lamentablemente, casi siempre se dirige en forma indiscriminada
contra el simple ciudadano de confesión musulmana. La estrategia de la
violencia del terrorismo islamista, entonces, consiste en fomentar el círculo vicioso
de radicalización/islamofobia para mantener viva la llama de la Jihad global.
El oportunismo de la diplomacia turca de advertir a priori contra la
islamofobia para ganar créditos como protector de musulmanes le quita
importancia, para no decir que ignora, a la urgencia de impedir que el mensaje
de los terroristas se neutralice.
LA ESTRATEGIA INTERNA DE
EI
Ahora bien, dos detalles
sugieren que quizás el atentado contra Charlie Hebdo tenga una conexión con
Estado Islámico. El primero es la aparición en la cuenta de Twitter del
semanario de una viñeta del autoproclamado califa Abu Bakr al-Baghdadi. No hay
evidencia de que fuera esta viñeta la causa del atentado, ya que apareció
minutos antes del ataque. Tampoco se registró en el momento algún grito de reivindicación
de venganza por esa caricaturización. Sin embargo, el atentado fue
minuciosamente planificado y con información precisa. Y aunque fuera pura
coincidencia el timing de la aparición de la viñeta y el atentado, es muy
probable que los medios sociales de Estado Islámico exploten el hecho.
Pues, y ahí va el segundo
detalle, desde octubre pasado el éxito fulminante de conquistas militares y
reclutamiento internacional de los tres primeros meses de los seguidores de Abu
Bakr al-Baghdadi se han ido frenando. La preocupación por una serie de reveses
en el frente militar se nota en el último número de Dabiq, la revista de Estado
Islámico, en diciembre pasado, donde llamativamente se multiplican las llamadas
a la unidad y las advertencias del peligro de conflictos internos. Dentro de
todas las organizaciones islamistas, Estado Islámico es la que mayor éxito ha
tenido por su rápido ascenso con la conquista territorial y la consolidación de
su dominación. No por ello ha logrado superar la lucha por el poder interno de
las organizaciones que llevan adelante la Jihad global. La más famosa lucha por
el poder es con Al-Qaeda, que desde la emergencia de Estado Islámico está en
una búsqueda desesperada de protagonismo. Pero los combatientes de Estado
Islámico en Siria se enfrentaron también con sus camaradas de armas del Frente
al-Nusra, que prefirió mantenerse fiel a Ayman al-Zawahiri, el líder de
Al-Qaeda, que jurar lealtad al autoproclamado califa. Estado Islámico también
parece tener problemas en su campaña de reclutamiento, después de la serie de
escándalos que estallaron con la esclavización de jóvenes europeas y
norteamericanas a quienes los jihadistas seducían por Internet y hacían viajar
hasta sus dominios.
Haber «matado a
Charlie Hebdo», como gritó un terrorista, ¿también ayudaría a Estado
Islámico en una nueva campaña de reclutamiento de jóvenes que abrazarían la
radicalización? Lo cierto es que para que fracase el objetivo estratégico de
los asesinos del número 10 de la calle Nicolas Appert en París hacen falta más
que nada muchas voces de musulmanes que griten «Je suis Charlie» y
quienes, parafraseando a Albert Camus, aun cuando no estén de acuerdo con lo
que se publique o cómo se haga, estén dispuestos a defender el derecho a
publicar.
El autor es profesor de
Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.