«La frontera imposible: Israel-Palestina», o una radiografía de la zona más candente

17/Dic/2014

Telam, SONIA BUDASSI

«La frontera imposible: Israel-Palestina», o una radiografía de la zona más candente

La autora realizó
sucesivos viajes junto a contingentes de latinoamericanos ávidos por conocer de
primera mano a los protagonistas de un drama tan ancestral como latente, y
coloca a su relato una pizca de ironía al catalogar a los viajeros que la
acompañan, como el empleado del ombudsman, la periodista de derecha, el
coordinador, o la reina madre.
¿Qué tan lejos llegan en
15 segundos? Le preguntaron a Budassi y a sus copañeros de viaje en su arribo a
Sderot, una de las ciudades israelíes más cercanas a Gaza. Y todos se rieron.
“No, no se rían.. porque si no llegan a un refugio en quince segundos.. más
vale que tengan listo el testamento”, se puede leer en una de las primeras
hojas del libro editado por Marea.
Recorridos por Gaza, Tel
Aviv, Belén, Jerusalem, Ramallah, Hebrón y otras ciudades, pero también
entrevistas personales, conversaciones por skype, informes de ONGs,
estadísticas, libros, obras de teatro y hasta canciones (como “Antiviral”, de
Calle 13) dan volumen a un relato que se construye desde una mirada curiosa y
sagaz, que analiza los discursos al tiempo que intenta no tener prejuicios,
frente a un conflicto que se remonta a principios del siglo XX.
“Jerusalem resulta un
estudio hollywoodense con actores de vestuarios diversos”, escribe la autora en
su afán por ahondar en cada detalle de sus excursiones que arrancan de
madrugada, con un guía que, por ejemplo, les traduce la tapa de los principales
diarios locales, de camino a un kibutz o al Santo Sepulcro.
Con cada recrudecimiento
del conflicto, explica Budassi, las redes sociales son lugares por excelencia
donde seguir las noticias, mientras que frases como IsraelUnderFire,
GazaUnderFire y FreePalestine se disputan, virtualmente, el primer puesto del
trending topic (el hasthag de mayor tendencia).
Incluso, un periodista
argentino cuenta desde Gaza la mejor manera de reportear el conflicto: se puede
contratar un fixer, una suerte de tour de trescientos dólares, que te lleva,
por ejemplo, a una escuela bombardeada y te muestran dónde está la sangre; en
el hospital te muestran quiénes son parientes de las víctimas y al final, te
llevan a la morgue, “donde el padre de una niña muerta estaba justo llorando en
la intimidad de su familia, ante decenas de cámaras y periodistas”.
Télam: Se dice que la
verdad es siempre la primera víctima de una guerra. ¿De qué manera es
escamoteada o tergiversada esta verdad entre los bandos que confluyen en el
territorio en disputa?
Budassi: Lo que ocurre
durante la guerra explícita y más brutal, está contado en una nota que cito en
el epílogo del libro, de la jefa de corresponsales de la BBC, Lyce Doucet
quien, al contrario que lo que sucede en mi texto, suele trabajar en el
territorio durante los picos más violentos de enfrentamientos. Ella sostiene
que debe esforzarse el doble en chequear la información pero que ha podido
encontrar fuentes oficiales confiables.
Por mi parte, me interesó
lo que pasa, el clima, durante la guerra cotidiana y sorda, la que no sale en
las noticias a menos que se cumpla ese «criterio de noticiabilidad»
que vuelve un hecho relevante para publicar como es, por ejemplo, que haya
muertos. En esos períodos de tensión que aún no estalla, cada representante de
los gobiernos de cada país se empecinan en demonizar al otro, y situarse a sí
mismos como víctimas. En cada caso, afirman, tienen «a la prensa en
contra». La relación, de todos modos, entre ellos, no es simétrica como ya
se ha dicho tantas veces. De hecho, Israel es un Estado, mientras Palestina aún
no.
Pero básicamente ambos,
desde su lugar, muchas veces recurren al mismo truco retórico: no conceder nada
al otro, ni siquiera un detalle. Dicho todo esto, estando en el lugar, leyendo
los discursos mediáticos, pueden encontrarse matices, verdades, y entender. No
todo es engaño, en absoluto; tampoco lo es cuando uno mira de más lejos aunque
siempre haga falta indagar un poco más. Creo que un efecto que va generando el
libro es que, apenas la narración y el lector encuentran una pequeña certeza,
vuelve a aparecer una gran incertidumbre. Y eso es lo que empuja y problematiza
el relato.